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Emitida en SAN PEDRO, el 29 de julio del 2025.
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Fútbol Nacional

(Opinión) El discurso cambiante de José Giacone sobre el arbitraje

» Giacone pasó del "no hay que llorar" al "me siento envenenado" con el arbitraje

José Giacone deja el Dirangen de Nicaragua. Foto: José Giacone

El fútbol tiene memoria.

Y esa memoria, muchas veces, termina alcanzando a quienes cambian de discurso según el resultado del domingo.

José Giacone salió del estadio Carlos Ugalde completamente molesto. Dijo sentirse “envenenado” con el arbitraje, cuestionó el funcionamiento del VAR, preguntó si tenía libertad para hablar sin ser sancionado y hasta reconoció que no quería pensar en una “mano negra”, aunque admitió que prefería creer en un error humano.

Fue una conferencia cargada de frustración.

Es entendible.

A ningún entrenador le gusta sentir que una decisión arbitral le quitó puntos.

Pero el problema no está en reclamar.

El problema aparece cuando ese reclamo choca de frente con lo que el mismo entrenador decía hace apenas unos meses.

El 11 de abril, después del triunfo 2-1 de Herediano sobre Cartaginés en el Fello Meza, también hubo polémicas arbitrales. Se discutió un posible penal para cada equipo y un gol anulado a los brumosos que generó muchas dudas.

Aquella noche, Giacone fue consultado sobre el arbitraje.

Su respuesta fue muy distinta.

“En mi caso, yo no puedo estar reclamando, llorando por una situación que no depende de mí; yo hago lo que está en mis manos y tratamos de hacerlo lo mejor posible como cuerpo técnico”.

No habló del VAR.

No cuestionó a los árbitros.

No preguntó si había libertad de expresión.

Mucho menos dijo sentirse “envenenado”.

Su mensaje fue que los entrenadores debían concentrarse en aquello que sí pueden controlar.

Es una posición válida.

Incluso respetable.

Lo que resulta difícil de entender es por qué ese principio parece cambiar cuando el perjudicado es Herediano.

Porque esta vez Giacone sí dedicó buena parte de su conferencia al arbitraje.

Reconoció que su equipo desperdició numerosas ocasiones de gol y aceptó que esa falta de contundencia era responsabilidad suya.

Pero el eje de su comparecencia terminó siendo otro.

El VAR.

La supuesta falta inexistente.

La posibilidad de ser sancionado por hablar.

Y una frase que no pasó inadvertida.

“Hoy se equivocaron, nosotros perdemos puntos y yo puedo perder el trabajo por cosas como estas.”

Nadie discute que los entrenadores tienen derecho a reclamar.

También es cierto que el VAR existe precisamente para reducir errores y, cuando falla, debe ser objeto de análisis.

Lo que sí merece discusión es la coherencia.

Porque los discursos adquieren valor cuando se sostienen tanto en la victoria como en la derrota.

Si en abril el mensaje era que no había que “llorar” por decisiones arbitrales porque no dependían del entrenador, ese mismo criterio debería mantenerse cuando el fallo perjudica al propio equipo.

El arbitraje no cambia según el uniforme.

Tampoco debería hacerlo el discurso de quienes lo analizan.

Al final, la credibilidad también se juega partido a partido.

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