Cada año, durante la Semana Mundial de la Lactancia Materna, volvemos a hablar de sus beneficios. Sin embargo, la conversación no debería limitarse a recordar que la leche materna es el mejor alimento para un bebé. La verdadera pregunta es otra: ¿estamos creando, en los lugares de trabajo, las condiciones para que las madres puedan sostener la lactancia cuando regresan a sus labores?
Desde la consulta escuchamos historias que se repiten. Madres que, al reincorporarse al trabajo, deben extraerse leche en un baño, dentro de su vehículo o en una bodega improvisada. Ninguno de esos espacios ofrece las condiciones de privacidad, higiene y dignidad que establece la legislación costarricense, y cuando el entorno laboral no acompaña, la lactancia termina convirtiéndose en un reto inalcanzable para muchas mujeres.
Los datos reflejan esa misma realidad. Según la Encuesta de Mujeres, Niñez y Adolescencia, elaborada en 2018 por el Ministerio de Salud, el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC) y UNICEF Costa Rica, cerca del 80 % de los bebés recibe leche materna durante su primer día de vida, pero solo el 27,5 % mantiene lactancia materna exclusiva hasta los seis meses. El país inicia bien el proceso, pero no logra sostenerlo. Y no es casualidad que la caída coincida con el regreso de muchas madres a sus trabajos.
Esa misma encuesta, de 2018, sigue siendo ocho años después la última medición nacional disponible. Sin información actualizada, es imposible saber si hemos avanzado, identificar las principales barreras o evaluar si las políticas públicas realmente están funcionando.
Aunque el país ha fortalecido su marco legal para proteger la lactancia en el ámbito laboral, el reto sigue siendo llevar esas disposiciones a la práctica. En junio de 2025, la Defensoría de los Habitantes informó que 52 de las 84 municipalidades del país no contaban con una sala de lactancia, pese a ser una obligación legal. Además, el pasado 2 de julio venció el plazo que el reglamento de espacios de lactancia en los centros de trabajo, vigente desde 2025, otorgó a las organizaciones con colaboradoras en período de lactancia para habilitar estos espacios.
Aún no conocemos cuántas realmente cumplieron. El marco legal existe, pero la supervisión de su cumplimiento es donde se queda debiendo.
Es importante entender que este no es un tema de voluntad individual. Cuando una mujer no logra mantener la lactancia el tiempo que esperaba, rara vez se debe a falta de compromiso: tiene más que ver con el contexto en el que se encuentra. La licencia de maternidad termina cuando el bebé apenas tiene tres meses, justamente a la mitad del período de lactancia exclusiva que recomienda la Organización Mundial de la Salud. A ello se suman dificultades como el dolor inicial, los problemas de agarre, la falta de apoyo oportuno o, en algunos casos, condiciones médicas o personales que impiden amamantar. Todas esas madres merecen acompañamiento, apoyo y un entorno favorable, nunca juicio.
La buena noticia es que muchas de estas barreras pueden resolverse. Un espacio limpio y privado, una pausa protegida dentro de la jornada y una cultura organizacional que no obligue a la madre a esconderse son medidas concretas, alcanzables y de bajo costo. Cuando la empresa acompaña, la probabilidad de que una madre sostenga la lactancia hasta los seis meses aumenta de forma significativa. Con frecuencia, el problema no es la falta de leche, sino la falta de condiciones a tiempo.
La lactancia materna es una de las intervenciones de salud más efectivas para proteger a un bebé durante sus primeros meses de vida y también aporta beneficios importantes para la salud física y mental de la madre. Pero para que esos beneficios se materialicen no basta con recomendarla: es necesario que el entorno donde la madre pasa buena parte de su día la haga posible.
La Semana Mundial de la Lactancia Materna nos invita a fortalecer lo que funciona. En el ámbito laboral, eso significa medir mejor, garantizar que la legislación se cumpla y entender que habilitar un espacio de lactancia no es un gesto de buena voluntad, sino una inversión en la salud de las próximas generaciones y en el bienestar de las propias colaboradoras. Porque sostener la lactancia no es solo una responsabilidad de las madres. Es un compromiso de las familias, servicios de salud, los empleadores, las instituciones públicas y, en definitiva, de toda la sociedad.