No puedo estar de acuerdo con Christian Sandoval. Y comienzo por ahí porque no pretendo esconder detrás de eufemismos una diferencia de criterio con un periodista cuya trayectoria respeto profundamente.
Precisamente por ese respeto considero necesario discutir una afirmación que hizo durante una de las ediciones matutinas de Teletica. Sandoval habló de la politización que, a su criterio, existe alrededor del fútbol costarricense y de sus consecuencias.
“Aquí se dejó de pensar en el fútbol. Cuando se deja de pensar en el fútbol, se comienza a pensar en otro tipo de cosas, porque el fútbol se politizó”, dijo Sandoval.
Después desarrolló su argumento:
“¿Por qué? Porque se politizó de tal manera que hoy el fútbol es lo que menos importa. Lo que menos importa”, aseguró.
Hasta ahí podemos abrir una discusión enorme. Podemos hablar de política. Podemos hablar de intereses. Podemos discutir cómo se construyen mayorías dentro de la Federación Costarricense de Fútbol (Fedefútbol), quién apoya a quién, las alianzas entre sectores, las elecciones y hasta los favores que eventualmente puedan existir alrededor del poder.
Tengo mis propios cuestionamientos sobre eso.
Pero Sandoval dio un paso adicional con el que no puedo estar de acuerdo.
“No importa que Limón, el Caribe de este país, se haya quedado sin su fútbol. No importa que Guanacaste se haya quedado sin su fútbol federado en nuestro país”, expresó.
Ahí es donde considero indispensable separar dos discusiones.
Una cosa es la política del fútbol y otra, muy diferente, las razones por las cuales varios clubes perdieron sus licencias.
Y para hablar de esto hay que regresar a los hechos.
También es una cuestión de respeto al trabajo periodístico
Durante años, varios periodistas hemos dedicado incontables horas a investigar asuntos que el fútbol costarricense probablemente hubiera preferido mantener lejos de la discusión pública.
Amado Hidalgo, Antonio Alfaro, José Pablo Alfaro, Esteban Valverde y quien escribe esta columna hemos trabajado, en diferentes momentos y desde diferentes medios, investigaciones relacionadas con situaciones irregulares dentro de nuestro fútbol.
No se trata de abrir Google y escribir tres palabras.
Son horas leyendo documentos. Horas comparando fechas. Horas buscando sociedades, representantes legales, contratos y movimientos administrativos. Horas contrastando versiones y buscando una segunda fuente antes de publicar algo que puede tener consecuencias enormes.
Y también hay presión.
Porque cuando se investiga a determinadas personas, muchas veces uno no sabe realmente hasta dónde llegan sus relaciones ni con quién se está metiendo.
Por eso me resulta difícil escuchar que la pérdida de equipos en determinadas regiones del país pueda reducirse a una consecuencia de “la política del fútbol”.
No.
Hubo hechos.
Hubo documentos.
Hubo investigaciones.
Y hubo resoluciones.
Repasémoslas.
Guanacasteca: hubo una negociación que Licencias investigó
La Asociación Deportiva Guanacasteca perdió su licencia en abril de 2025.
¿Qué había ocurrido?
Durante meses se habló de la llegada de inversionistas al club. Finalmente, una investigación periodística permitió documentar una negociación entre Jorge Arias, entonces presidente de Guanacasteca; los mexicanos Leonardo Cova y Jorge García; y Rónald Freer, representante de DMV Events.
La propuesta contemplaba crear una nueva sociedad anónima que asumiría el control del proyecto, mientras la Asociación Deportiva Guanacasteca quedaría en condición minoritaria.
La operación rondaba $1 millón.
El asunto terminó bajo investigación del Comité de Licencias.
Guanacasteca fue notificada de los hallazgos, tuvo oportunidad de presentar sus descargos y, después del análisis de prueba documental y testimonial, el Comité decidió el 16 de abril de 2025 revocar su licencia.
Entonces la pregunta es inevitable:
¿Eso fue política?
Podemos discutir si una sanción fue excesiva. Podemos analizar el procedimiento. Podemos cuestionar si el reglamento era adecuado. Incluso podemos comparar ese expediente con otros para determinar si todos recibieron el mismo trato.
Eso es válido.
Lo que no podemos hacer es borrar el hecho que originó el procedimiento.
Santos tampoco perdió su licencia porque alguien decidiera perjudicar al Caribe
El caso de Santos de Guápiles también estuvo relacionado con cambios alrededor de la administración del equipo.
En noviembre de 2024, la Asociación Deportiva Santos firmó un convenio con Santos de Limón Sports Club S.A.
No era un acuerdo menor.
Según la documentación conocida, esa sociedad asumiría durante 30 años la administración completa de Santos, incluido el control de ingresos y gastos de sus equipos.
La relación terminó en febrero de 2025.
Posteriormente apareció otra sociedad, Santos del Caribe S.A., vinculada con la administración y el financiamiento del equipo.
Y había algo más.
Durante la investigación aparecieron personas relacionadas tanto con los movimientos de Santos como con los de Guanacasteca, circunstancia que abrió cuestionamientos alrededor de una eventual multipropiedad, figura prohibida por la normativa del fútbol costarricense.
El Comité de Licencias investigó y terminó revocando la licencia de Santos.
Otra vez:
¿Dónde comienza la política y dónde terminan las consecuencias de decisiones tomadas por quienes administraban esos clubes?
Esa distinción es fundamental.
Limón y Turrialba: el motivo fue financiero
Los casos de Limón Black Star y Municipal Turrialba fueron diferentes.
No debemos meter todos los expedientes en una misma bolsa porque precisamente eso provoca desinformación.
En ambos casos, el Comité de Licencias determinó que no cumplían con el criterio financiero exigido para obtener una licencia de participación en una competición profesional.
Por esa razón se les denegó la licencia y quedaron fuera de la Liga de Ascenso.
Podemos lamentarlo.
Claro que sí.
Es doloroso que una provincia como Limón pierda representación en el fútbol profesional. Es malo para el fútbol costarricense perder presencia en regiones históricamente productoras de talento.
Pero una consecuencia dolorosa no convierte automáticamente la causa en política.
Y alrededor del fútbol limonense existe, además, otro capítulo muchísimo más delicado que obliga a ser rigurosos: las menciones que aparecen en documentación de autoridades estadounidenses sobre presuntos usos del fútbol para operaciones relacionadas con capitales de origen ilícito. Esas referencias deben entenderse como lo que son —señalamientos dentro de investigaciones— y no como hechos que puedan atribuirse indistintamente a cualquier club o persona.
Precisamente por la gravedad de esos asuntos, simplificar la desaparición del fútbol profesional limonense como producto de una lucha política me parece todavía más problemático.
Y después llegó Liberia
Municipal Liberia es el caso más reciente.
En junio de 2026, Wilder Eusse Osorio, presidente de Horus Fútbol Club S.A.D., sociedad administradora del equipo, fue detenido a requerimiento de autoridades estadounidenses para afrontar un proceso de extradición por un presunto caso de tráfico internacional de drogas.
La detención provocó un terremoto alrededor del club.
Pero tampoco fue jurídicamente la detención la que automáticamente sacó a Liberia de Primera División.
El Comité de Licencias determinó que Horus Fútbol Club S.A.D. incumplía requisitos legales exigidos dentro del proceso de licenciamiento.
Liberia posteriormente anunció la ruptura de su relación con Horus y manifestó públicamente que intentaría presentar la documentación necesaria para conservar la licencia.
Después ocurrió algo determinante:
Municipal Liberia no apeló la denegatoria.
Tampoco solicitó al Comité de Licencias la revocatoria de la decisión.
El plazo transcurrió y la resolución quedó en firme.
Entonces, nuevamente pregunto:
¿Eso también fue política?
No estoy defendiendo a la Federación
Y este punto es esencial.
Que cuestione la afirmación de Cristian Sandoval no significa que esté defendiendo a la Federación Costarricense de Fútbol, a su actual Comité Ejecutivo ni al sistema de licenciamiento.
Sería absurdo plantearlo de esa manera.
Yo mismo he cuestionado actuaciones de órganos federativos.
He participado en investigaciones periodísticas que terminaron en manos del Comité de Ética y del Comité de Licencias.
He visto casos en los que inicialmente existieron sanciones contundentes y que posteriormente, al llegar a instancias de apelación, terminaron con panoramas mucho más favorables para las personas involucradas.
También viví una experiencia todavía más difícil de comprender desde el ejercicio periodístico.
En una investigación que publiqué, se me preguntó reiteradamente cómo había obtenido determinada información.
En otras palabras, querían conocer el origen de las pruebas.
Después de cuatro preguntas alrededor del mismo asunto, mantuve mi posición: no iba a revelar mi fuente.
Posteriormente, la resolución utilizó como parte de su razonamiento precisamente que yo no había explicado cómo había obtenido aquella información.
Eso también merece discusión.
Eso también permite preguntarnos cómo han funcionado determinados órganos de la Federación.
Y ahí sí podemos empezar una conversación sobre poder, política, intereses y decisiones.
Quizás el problema viene de mucho antes
Por eso mi discrepancia con Sandoval tiene un matiz importante.
No sostengo que el fútbol costarricense esté libre de política.
Todo lo contrario.
La política existe dentro del fútbol. Siempre ha existido.
Hay elecciones. Hay bloques. Hay intereses. Hay negociaciones. Hay dirigentes que buscan posiciones y sectores que construyen mayorías.
Negarlo sería ingenuo.
Pero atribuir a esa politización la pérdida de las licencias de Guanacasteca, Santos, Limón, Turrialba o Liberia significa saltarse capítulos fundamentales de la historia.
Y algunos de esos capítulos fueron descubiertos por periodistas.
Por colegas que investigaron cuando nadie hablaba del asunto.
Por periodistas que consiguieron contratos, revisaron sociedades, contrastaron documentos y soportaron las consecuencias propias de investigar temas incómodos.
Por eso también siento que una afirmación tan general termina, aunque seguramente no sea esa la intención de Cristian, restándole valor a ese trabajo.
Mi lectura es exactamente la contraria
Hay una frase de Sandoval que particularmente me hizo reflexionar:
“Hoy el fútbol es lo que menos importa”.
Entiendo hacia dónde dirige su crítica.
Pero mi interpretación de lo ocurrido durante estos años es distinta.
Quizás muchos de los problemas que hoy estamos pagando existen porque ayer no hubo suficiente contundencia.
Quizás durante demasiado tiempo se permitió demasiado.
Quizás hubo decisiones que debieron investigarse antes, sanciones que debieron sostenerse y controles que debieron aplicarse con mayor rigor.
Y quizás ahora, cuando las consecuencias finalmente llegan, resulta sencillo mirar el mapa, observar que Guanacaste perdió clubes, que Limón perdió representación profesional o que Liberia salió de Primera División y concluir que alguien, desde un escritorio, decidió perjudicar al fútbol de esas regiones.
Los expedientes obligan a una lectura mucho más compleja.
Las regiones no tomaron esas decisiones.
Las tomaron quienes administraban sus clubes.
Después corresponde discutir si los comités actuaron correctamente, si las sanciones fueron proporcionales, si los reglamentos se aplicaron igual para todos y si detrás de alguna decisión existieron intereses políticos.
Investiguemos eso.
Yo estaré entre los primeros interesados en hacerlo.
Pero no cambiemos el orden de los acontecimientos.
No convirtamos las consecuencias en causas.
Y, sobre todo, no borremos los hechos.
Por eso, con el mismo respeto profesional que siempre le he tenido a Cristian Sandoval, en esta ocasión tengo que decirlo con absoluta claridad:
No, Cristian. Estos clubes no perdieron su licencia por la política del fútbol.