¿Y ahora Costa Rica?

El 14 de junio de 2017 compartía una mesa de tragos con amigos de otras latitudes. Tras un par de horas de amena conversación era inevitable que terminásemos hablando de política. Era muy curiosa la forma en la que mis amigos de países como Chile y Argentina hablaban del buen concepto que tenían de Costa Rica. Era el momento indicado de mencionar la ya muy conocida apreciación: “claro, en Costa Rica tenemos la democracia más sólida de América Latina” … Hoy, cuando escribo estas líneas, es 14 de junio, pero de 2021 y conversando con esos mismos amigos les comento los hechos ocurridos el día de hoy: ¡un segundo allanamiento en Casa Presidencial en una misma Administración! No pudimos evitar el silencio incómodo que generó esa noticia, era imposible repetir tan convencidamente lo que había dicho en aquella mesa en 2017, al menos no como una afirmación, pero si como una pregunta ¿seguimos siendo la democracia más sólida de América Latina? Después de un rato, uno preguntó “y ahora ¿qué van a hacer los ticos?”.

¿Qué vamos a hacer los ticos y ticas? Esa pregunta me ha perseguido desde hace un rato ya, y es que parece que no terminamos de salir de una para meternos en otra: escándalos de corrupción en todos los niveles del Poder Ejecutivo y la Administración Pública están a la orden del día, la UPAD, diputados y diputadas incompetentes que más que legislar buscan abusar de su investidura -sin mencionar que algunos, incluso, han sido cuestionados -, el deterioro constante y sostenido de la economía nacional, pensiones de lujo -especialmente en el Poder Judicial-, aumento injustificado del gasto público, irresponsabilidad financiera de instituciones con ese nivel de autonomía y un largo etcétera; y esto solo por mencionar algunas cosas de este periodo 2018-2022… Y, de alguna forma, siempre termino preguntándome ¿dónde estamos los ticos?

Independientemente de nuestras más profundas convicciones, de las batallas personales o sociales que tengamos que librar o, incluso, de cuáles son nuestras preferencias deportivas. Los ticos y las ticas hemos salido en masa a las calles para celebrar victorias de nuestros equipos preferidos, para levantar la voz ante las más odiosas desigualdades e injusticias, inclusive, para simplemente celebrar y vivir nuestra independencia ¿por qué no ocurre cuando los políticos de turno y sus allegados, descaradamente, nos desangran hasta que no vaya a quedar nada? Y esta opinión no busca que salgamos como una turba a “linchar” a cuanta persona creamos debería ser “linchada” (para eso existen los mecanismos e instrumentos de un Estado de Derecho), pero, cuando estas cosas ocurren parecemos corderitos: apacibles, obedientes y mansos; nos limitamos a dejar una parte del hígado en las redes sociales creyendo que con eso ya estamos salvando al país ¿cuándo decidimos engañarnos así de feo?

La institucionalidad de Costa Rica es sólida pero no resistirá por mucho tiempo más nuestra indiferencia. Mecanismos existen para mejorar, para obtener como nación aquello que tanto deseamos, que tanto repetimos una y otra vez que “merecemos” como país pero que olvidamos que para merecer hay que trabajar. La política no es ajena a nadie y es un error pensar que así es, a como también es un error pensar que se limita a la política partidaria. Cada costarricense, esté donde esté, puede con sus acciones diarias poner su grano de arena para que Costa Rica vuelva a ser ese país que nos llenaba el pecho de orgullo.

Comencemos con lo más básico: salga a votar y, añado, hágalo responsable e informadamente -leer es gratis-, exija a los partidos políticos candidatos y candidatas de calidad tanto para Casa Presidencial como para la Asamblea Legislativa, involucrémonos, discutamos y opinemos, el intercambio de ideas con nuestros allegados nos permite formar opiniones más completas sobre los temas y así poder tomar decisiones más precisas; denunciemos, dejemos de fomentar esa cultura de “no es conmigo” o de “no es mi problema”, dejemos de aprovecharnos de los funcionarios públicos que se prestan para recibir “mordidas” o sobornos, seamos críticos con los medios de comunicación para no respondan a una agenda política y, sobre todo, seamos conscientes del impacto tan grande, tóxico y nocivo que nuestra actitud desinteresada tiene en el país.

Dejemos de preguntarnos ¿y ahora? Y comencemos a tomar nuestro papel como pueblo soberano que somos. Tal vez entonces, podamos repetir con orgullo que “somos la democracia más sólida de América Latina”.

Los artículos de opinión aquí publicados no reflejan necesariamente la posición editorial de EL MUNDO. Cualquier persona interesada en publicar un artículo de opinión en este medio puede hacerlo, enviando el texto con nombre completo, foto en PDF de la cédula de identidad por ambos lados y número de teléfono al correo redaccion@elmundo.cr, o elmundocr@gmail.com.

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