Wilberth Alpirez Quesada (1931-2017)

» Por Esteban J. Beltrán Ulate - Profesor Universitario

Wilberth Alpirez Quesada, magistral educador, fértil compositor, pianista y etnomusicólgo. Su bisabuelo fue Gordiano Morales Corrales, quién fuera hijo de Juan Evangelista Morales (Padre de Manuel María Gutiérrez Flores). El Sr. Alpirez fue reconocido con el Doctor Honoris Causa por parte de la Universidad Continental de las Ciencias y las Artes, en el 2012.

El Dr. Alpirez fue creador e impulsor de los Festivales de las Artes en el Ministerio de Educación Musical junto con el artista Wilberth Villegas, a su vez destacó como Asesor de Educación Musical y fue Secretario General de la Unión Musical Costarricense. Nieto e Hijo de grandes figuras musicales del siglo XIX, convivió con los maestros del siglo XX y educó por el camino de la virtud a los hijos e hijas, tanto del siglo XX como de inicios del siglo XXI.

Sus estudiantes lo recordamos en sus últimos años, con pasos pausados, cálida voz y juguetona risa (mientras elevaba sus hombros), creando imágenes de tiempos pasados, sus relatos nos transportaban por los senderos de la historia con gran facilidad. Sus memorias nos trasladaban del relato oficial a la periferia de lo oculto por los libros, conocía de secretos y misterios de antaño. Su experiencia lo convertía en confidente, consejero, e incluso asesor en el campo político.

Las calles de Hatillo lo recuerdan: cuando volvía en las tardes a su casa, en su cabeza una boina, en sus manos pan y uno que otro dulce para sus hijos y los hijos del vecino. Sus estudiantes lo declaramos hoy benemérito de la educación musical y soñamos con que su legado sea merecedor del Premio Nacional de Cultura.

Dr. Wilberth Alpirez Quesada, uno de los grandes maestros costarricense del siglo XX, toda una institución por su legado histórico, todo un rapsoda de la historia musical de nuestro país; que tengamos la buenaventura de volver a escuchar pronto sus composiciones para piano, que los niños y niñas de Hatillo sean los primeros en hacer presente su nombre, que los educadores musicales seamos capaces, como legado en su nombre (y en nombre de lo que sus ancestros representan), de elevar el estandarte de la educación musical en este país, pues la formación artística es un derecho para todos y la educación musical forma hombres y mujeres virtuosos.

Cuando nuestros grandes maestros se van, debemos estar a la altura de los nuevos tiempos, ese es nuestro desafío para honrar los pasos de quienes nos han antecedido. Que el maestro Alpirez sea recordado como el enciclopédico, esa es nuestra tarea.

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