Una revolución urbana para acabar con la violencia

Con mucha sorpresa vimos los resultados de la consulta sobre los acuerdos de paz que se dieron en Colombia, ciertamente demostraron ser un país dividido que tendrá que buscar las respuestas y soluciones a una guerra cruel que han vivido durante tantos años; pero bueno, los colombianos son conscientes del momento en el que están y sé que buscarán una salida definitiva para darle una oportunidad a la paz que tanto se merecen.

Sin embargo, mientras vemos esas noticias de este país hermano del sur, en el nuestro se libra una guerra en las ciudades; hoy Limón es el centro de la violencia que golpea a Costa Rica.

A nuestro querido país lo está matando la indiferencia, hoy es muy sencillo decir que la solución gira en construir más cárceles para encerrar a todo ciudadano que infrinja la ley; por supuesto que estoy de acuerdo en que las personas que cometen semejantes crímenes deben pagar las consecuencias, pero esa no es la solución para que estas situaciones no vuelvan a ocurrir o disminuyan drásticamente.

Como sociedad, ¿Qué estamos haciendo para que las cosas cambien? ¿Para que esas escuelas de crimen organizado en que se han convertido nuestros barrios desaparezcan? ¿Será que la respuesta es construir cárceles y más cárceles hasta el infinito, así como aumentar penas y hasta establecer la pena de muerte como proponen algunos?

Se han invertido millones de colones en programas sociales y el porcentaje de pobreza no disminuye y si ocurre es más por factores coyunturales y no por el éxito de estos programas. Puede ser que la no existencia de estos tuviera como resultado que la pobreza fuera aún más alta y que esto justifique su existencia.

Ahora bien, no estoy proponiendo eliminar los programas sociales ni mucho menos, pero creo que hay que cambiar el enfoque.

No me cabe la menor duda que la pobreza y la exclusión que hoy viven muchos costarricenses y sobre todo en barrios urbanos periféricos de los centros de las ciudades son la causa de muchos de los problemas que hoy nos aquejan entre ellos la violencia.

En alguna ocasión leí que en varias escuelas de estos barrios marginados los estudiantes de escuela tenían que recibir lecciones en tres turnos diarios porque no alcanzaba el espacio. Aquí es donde creo que ha estado el error, el abordaje de las personas o familias ha sido focalizado sin entender la dinámica territorial, sin entender que si yo no cambio el entorno en el que viven las familias, éstas difícilmente saldrán adelante porque el ambiente literalmente se los tragará.

El éxito de algunas sociedades que han logrado disminuir sustancialmente el nivel de violencia ha radicado en que realizan una intervención integral en el lugar, en el espacio, en el territorio, sin importar los bajos ingresos de una familia para que califique para un programa social del gobierno.

Se deben generar programas de vivienda digna con espacios públicos de muchísima calidad, mejoramiento de la iluminación, dotación del mejor sistema de transporte público, apertura de casas de la cultura en cada lugar posible, bibliotecas, centros comunales, construcción de espacios deportivos de forma masiva (lógicamente con sus programas deportivos), escuelas y colegios modernos, con la mejor arquitectura posible y con el mejor equipamiento y tecnología posible, con horarios intensivos para que los jóvenes estén el menor tiempo posible en la calle o en sus casas, asistencia profesional permanente con trabajadores sociales, sociólogos, psicólogos que fomenten la organización comunal, la construcción de nuevas formas de convivencia, capacitaciones en emprendedurismo, financiamiento barato para emprendedores que no requieran de mayor garantía.

La autoestima de una comunidad es fundamental para cambiar la conducta de la gente que la habita y sólo sintiendo que realmente son parte de la sociedad de manera integrada y digna esto se va a lograr. Se requiere de una verdadera revolución urbana en estas ciudades que hoy dan la impresión de ser ciudades fallidas.

Si tenemos en nuestros barrios marginales escuelas de delincuencia no esperemos otro resultado diferente a más delincuentes que encerrar en las cárceles de este país, si esas escuelas las convertimos en promotoras de la belleza del arte, del esfuerzo del deporte, del asombro de la tecnología, de la experiencia del conocimiento que les permita a niños y jóvenes soñar, estoy seguro que de ahí saldrán personas de bien que aportarán positivamente a la sociedad costarricense.

Limón Ciudad Puerto fue un proyecto que cuando se anunció me llenó de ilusión porque sentía que era la oportunidad para cambiar esta ciudad de una vez por todas, pero la burocracia de este país nos está llevando al precipicio.

No esperemos de Limón otra cosa diferente a la violencia si no hacemos de este lugar algo distinto. Ahora que habrá más oportunidades de empleo con el nuevo muelle, esto debe venir acompañado de una verdadera transformación de la ciudad, no ir de casa en casa a ver a quien se le ayuda y a quien no, por el contrario, debe ser un enfoque territorial e inclusivo, todos deben tener cabida en los CECUDIS, en las escuelas y los colegios, se necesita más presencia de las universidades públicas de este país, hay que traer entrenadores jamaiquinos y cubanos de atletismo y otros deportes para desarrollar el potencial de los limonenses.

Yo sé que hoy hace falta llevar más policías y tomar la ciudad para que haya un poco más de tranquilidad, pero esto sólo es una medida paliativa, la realidad de Limón cambiará con más arquitectos, con más urbanistas, con más artistas. Requerimos de más belleza, altruismo y amor, de más ideas que conviertan a este lugar en una ciudad modelo en nuestro país. Les aseguro que la violencia y la delincuencia se reducirán poco a poco, pero sin duda alguna disminuirá.

Les cito un caso de éxito, Medellín que pasó de más de 300 homicidios por cada 100 mil habitantes en los años 90 a un poco más de 30 en estos momentos. Esos números aún son altos, pero estoy convencido que con las intervenciones urbanas que vienen haciendo, dignificando a los seres humanos, éstos números seguirán cayendo.

Empecemos con Limón para continuar abarcando una lista de comunidades que aquí mismo en el Área Metropolitana requieren de una inmediata intervención, no hay tiempo que perder.

Costa Rica sí puede hacerlo.

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