Tenemos plan fiscal y…más muertes trágicas de mujeres

» Por Héctor Arce Cavallini - Doctor en Ingeniería

La extraña paradoja de nuestro país. Nos hemos desgastado en buscar recursos para el gobierno y no nos desgastamos en buscar soluciones que detengan la sangría mortal contra la vida de muchas mujeres y que nos enluta a todos.

El gobierno (hace mucho tiempo) perdió el control preventivo de la seguridad pública; las autoridades no ejercen como tales para protegernos. Y las autoridades judiciales (dígase jueces de la República) un día sí y otro también liberan a los delincuentes como burbujas de una gaseosa.

Y en esta tragicomedia las mujeres parecen ser los objetivos más apetecidos. Ya sea porque se toparon con una pareja sentimental agresora hasta la médula o porque son turistas que buscan en nuestro país el remanso de la naturaleza.

Lo cierto es que si hay algo que brilla por su total ausencia en nuestro escenario diario son los cuerpos de policía. Se sabe y nada se hace. Como epitafio nuestras autoridades se han hecho maestras en los consabidos estribillos ante cada hecho de sangre: “se investigará”, “estamos detrás de posibles sospechosos”, “estamos levantando pruebas” y un largo etcétera bien hilvanado ante la incapacidad de articular un plan que evite o atenúe tanta desgracia.

Los jueces cargan de multitud de inútiles medidas cautelares a sospechosos de agresiones brutales para dejarlos en libertad inmediatamente, a sabiendas de que lo más probable es que vayan en busca de sus víctimas para consumar sus delitos. Igual sucede con violadores, sátiros, pedófilos y delincuentes de delitos menores.

Las autoridades judiciales son blandengues por excelencia y las leyes (los diputados son los padres de estos desaguisados) laberintos para dejar en libertad a cuanto rufián se encuentre en la calle. Y en esto último estamos abundando sin remedio.

Hoy día Costa Rica está convertida en un planeta de delincuencia; así lo expreso con mucha pena. Como consecuencia, el corazón de la patria sufre de una agresiva pandemia en esta materia ante la pasividad y desinterés gubernamental (de muchos gobiernos) y la inercia absoluta de nuestros diputados por hacer más que quejarse de lo que sucede.

Los diputados buscan desesperadamente recursos con una eficiencia jamás vista, pero no se comportan de igual manera para endurecer nuestras leyes a fin de que los femicidios y otros delitos se castiguen con mayor dureza, o se tomen nuevas medidas que persuadan o eviten la comisión de estos hechos

La inseguridad en nuestro país es total y es un hecho consumado; ya rebasó el espacio de la excepción para ocupar, lamentablemente, el escenario diario de las noticias trágicas. Entendamos que no es una situación coyuntural, por lo que merece la máxima atención de nuestras autoridades de gobierno. Se necesita considerar “la emergencia nacional” para combatir esta plaga que nos aqueja.

El gobierno toma sus propias medidas, pero éstas no le funcionan: tantos femicidios (y otros crímenes y delitos menores que llevan a esto) demuestran que carecemos de la mínima capacidad para enfrentar con éxito esta tragedia.

Nos guste o no, por culpa de un exacerbado y estúpido nacionalismo, no nos queda más que recurrir a la prestación de ayuda policial externa. Nuestra gente y la que nos visita no puede seguir muriendo, mientras otros nos llenamos de miedo en nuestras actividades diarias.

Quizás sea hora también, lo que expreso con sumo pesar, de analizar seriamente el pernocte y permanencia de ciudadanos de origen nicaragüense en nuestro país. El involucramiento de ellos en la gran mayoría de hechos sangrientos en Costa Rica nos da para pensar que el país está fallando seriamente en su política y acciones migratorias. Sin entrar en una escalada xenófoba que atente contra los derechos humanos, no podemos seguir tolerando que extranjeros indeseables pululen por nuestras calles y zonas residenciales acribillando a nuestra gente y visitantes. De los nuestros nos hacemos cargo nosotros, pero los extranjeros no tienen por qué seguir ejecutando delitos en nuestra tierra. Ellos ya tienen la suya para cometerlos.

Muy triste que cada día conozcamos de alguna o algunas muertes de mujeres a manos de hombres, como, por supuesto, lo es de otros casos de muertes producto de la alta delincuencia en nuestro país. Sin embargo, los femicidios recaen sobre personas inocentes que no están involucrados en hechos delictivos (salvo alguna rara excepción) y que ocurren en sus viviendas o en sitios turísticos, en el caso de las extranjeras.

El país se desgasta en un plan fiscal y le damos la espalda a la vida humana. A ver si una vez que ya hemos cerrado la etapa a lo primero, nos abocamos a atacar el flagelo de los femicidios y, colateralmente, de la delincuencia en general. Esto, o seguiremos enterrando nuestros muertos con la complacencia de la clase política de nuestro país.

Los artículos de opinión aquí publicados no reflejan necesariamente la posición editorial de EL MUNDO. Cualquier persona interesada en publicar un artículo de opinión en este medio puede hacerlo, enviando el texto con nombre completo, fotocopia de la cédula de identidad por ambos lados y número de teléfono al correo redaccion@elmundo.cr.

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