
Fue presidente de su escuela y me visitó, siendo yo presidenta de mi país.
Sebastián, un niño tan o más alegre, inteligente y vivaz que su hijo o el mío, fue conducido a la tragedia por una de las más graves manifestaciones de violencia en nuestras sociedades que es el acoso escolar o “bullying”. Es un grave problema en el que todos estamos implicados, padres de familia, educadores, gobiernos, comunidades, y frente al cual tenemos mucho por hacer.
Las palabras de su padre Gonzalo, que me autorizó a compartir con ustedes, quizás contribuyan a que comprendamos mejor la magnitud de esta tragedia que ha estremecido hasta la última fibra de nuestro ser.
“El pecado de mi pequeño gigante fue ser pequeño de esttura, porque él era brillante de mente y gigante de corazón.”
El mejor gesto ante el martirio de Sebastián y su familia, es que no hagamos de esta una noticia pasajera; que tomemos conciencia plena de la responsabilidad que a todos nos alcanza y que actuemos, cada quien, desde su propia condición y en la medida de sus posibilidades.