Hay rituales que forman parte de una visita al estadio Alejandro Morera Soto y que, para muchos aficionados de Liga Deportiva Alajuelense, son tan importantes como el partido.
Algunos comienzan la tarde con una cerveza y una boca de jiba en el LigaBar. Otros hacen una parada obligatoria en El Manudito o buscan una costilla en La Ventana del Cerdo antes de ingresar al estadio.
Pero una tradición parecía intocable.
Los tacos de doña Nora Aguilar.
Debajo de la gradería este, por décadas, cientos de liguistas hicieron fila para comprar aquellos tacos de carne mechada, envueltos en una tortilla frita, acompañados de repollo y bañados con una salsa que inevitablemente terminaba escurriendo por las manos de quien les daba el primer mordisco.
Sin embargo, este sábado ocurrió algo que llamó la atención de muchos.
El local permaneció cerrado.
Quienes llegaron con la costumbre de siempre se encontraron con una sorpresa inesperada: los tacos ya no estaban.
Según conoció ElMundo.CR, la decisión sería definitiva.
Una fuente cercana al negocio explicó que los costos de operación ya no permiten continuar con la venta dentro del estadio.
“Los costos para seguir operando no dan”, indicó la fuente.
Para muchos aficionados fue un detalle que pasó desapercibido entre los noventa minutos del partido ante Escorpiones.
Para otros, fue casi tan impactante como cualquier incidencia del encuentro.
Entre ellos estaba una pareja que llegó hasta el puesto con un objetivo muy específico.
Ella, con varios meses de embarazo, caminó hasta el sitio donde durante años compró sus tacos.
Lo encontró cerrado.
Con una mezcla de resignación y humor, volvió a ver a su esposo y soltó una frase que provocó sonrisas entre quienes escuchaban la conversación.
“Mi hijo nacerá con la boca abierta. No puede ser”, comentó entre risas.
Quienes frecuentan el Morera Soto recuerdan esos tacos desde hace décadas.
Al menos quien escribe esta nota los asocia con más de 25 años de visitas al estadio.
Eran parte del paisaje.
Del olor que anunciaba que había fútbol.
Del recorrido obligado antes de subir a la gradería.
Por ahora, todo apunta a que esa tradición llegó a su fin.
No se trata únicamente de un puesto de comidas.
Es el cierre de una costumbre que acompañó generaciones de aficionados rojinegros y que convirtió unos sencillos tacos en uno de los sabores más emblemáticos del Alejandro Morera Soto.