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Rusia y Ucrania, segundo año sin una luz

La guerra ruso – ucraniana entrará a su segundo año de enfrentamientos directos, en medio de un año 2023 que ha dejado este conflicto en un plano inferior en comparación con otras situaciones que a nivel global se están desarrollando, pero no deja de estar en el ojo de la tormenta y se ha cumplido un pronóstico que se anunciaba, esta sería una guerra larga y aun no se ve una luz para ponerle fin.

Mucho menos se va a poder lograr una salida consensuada durante este 2024 considerando que tanto Rusia como Ucrania van hacia procesos electorales y cualquier movida en la guerra podría sumar o restar la confianza que tienen los ciudadanos con respecto a ellos. No porque necesariamente vayan a ocurrir mayores cambios porque al menos en el caso ruso es altamente probable que la continuidad de Putin no se vea amenazada debido a que no hay una oposición clara y de peso que pueda sacarlo, pero la desconfianza social puede reventar en otros ámbitos.

Fuera de esto, la única salida posible en estos momentos al conflicto en esa zona sería la derrota total de alguno de los dos actores principales o asimilar una ecuación de suma no cero en la que se acepte la derrota y se pierda territorios o posibilidades de control. El primer punto está lejos de considerarse al corto plazo tanto para rusos como para ucranianos, en cuanto a la segunda perspectiva, el desgaste internacional podría presionar para que al menos de manera temporal se acepte que Rusia se quede controlando los territorios que invadió y abrir una oportunidad para que el mundo se ocupe de otros asuntos.

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Es decir, de alguna manera la propuesta de doce puntos de China podría ganar fuerza porque de caso contrario la guerra podría extenderse mucho más tiempo que el actual y las presiones a lo interno de los Estados que toman posiciones a favor de un bando y otro serán cada vez mayores y menos sencillas de sostener. El punto menos sencillo de interiorizar como una opción es el territorio perdido por Ucrania que hoy se encuentran en manos de Rusia y que no parece tener posibilidades de regresar a su soberanía, similar a lo experimentado por Georgia con los territorios de Osetia del Sur y Abjasia que finalmente quedaron bajo la esfera de influencia de Moscú.

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Si la propuesta china tiene éxito técnicamente estas zonas quedarán bajo control ruso, validado a “regañadientes” por las condiciones del entorno de una guerra que parece un laberinto interminable e insostenible. Para Estados Unidos, la guerra puede afectar las elecciones nacionales en las que el presidente Biden busca extender su mandato y que, con una huella de belicismo a su haber, junto con el “fracaso en Afganistán”, le podrían cobrar por tener a los estadounidenses en una situación de altísima tensión.

Para los europeos y otros países del bloque prooccidental, el crecimiento de partidos políticos de extrema derecha podrían ser el caldo de cultivo para dejar de ver hacia el conflicto ucraniano y tener que preocuparse por la situación doméstica, privando de apoyos a Kyiv y obligándolos a tener que resistir con lo logrado hasta el momento. La crisis de refugiados, junto con la situación económica que, si bien tuvo un repunte en los últimos meses del 2023, sigue siendo de cuidado, empujan a los liderazgos europeos a buscar alternativas a mantenerse dentro de una dinámica belicista tan pronunciada.

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Para mal de los ucranianos, hasta hoy, todo lo que ocurre pinta a que la victoria total sobre Moscú no será una posibilidad real, sino más bien a que deban concesionar algunas condiciones para no quedarse atrapados en un pantano de incertidumbres y de conflicto que no parece tendrá muchos apoyos en el corto plazo, sino por el contrario, cada vez pierde soporte y dejan a los ucranianos con menos posibilidades.

Rusia por su parte a estas alturas tiene un alto control sobre una franja territorial que sirve de pivote para cualquier cambio político en la zona, e inclusive controla zonas que se han convertido en puntos cruciales como las salidas al Mar Negro como contacto a las zonas hacia el Mediterráneo y otras regiones que cumplan con sus expectativas estratégicas.

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