Romper el sistema y la dinámica entre lo viejo y lo nuevo

Cuando el mundo vuelve los ojos sobre Costa Rica, inmediatamente piensa en un país de naturaleza exorbitante, donde habita un 5% de la biodiversidad del Planeta Tierra, una nación que abolió el ejército, que decidió invertir en educación en lugar de armas, con gente cálida y de trato amable. No en vano la actriz más famosa del momento, Emma Stone, dijo hace pocos días que el país que más le gustaría conocer es precisamente el nuestro. Y es que nuestra gente respira la libertad en medio de ríos y cascadas, de bosques y playas, de lagos y valles, de montañas y atardeceres. Nuestro pueblo es un pueblo que siempre ha reclamado un futuro diferente para la humanidad, un futuro de democracia, de justicia social, de igualdad, de oportunidades para todos. Todo lo anterior nos llena de profundo orgullo, pero parece que hay algo que a la mayoría de los costarricenses nos ha venido incomodando desde hace tiempo.

En lo personal, veo una Costa Rica que avanza, que ha tenido un tremendo progreso en un montón de áreas, una Costa Rica que desde afuera mucha gente la ve como un país muy serio y como un ejemplo en muchas iniciativas que se han llevado adelante, pero al mismo tiempo veo un país donde cada día hay más gente que está descontenta con la clase política tradicional, que está frustrada porque la ayuda del Estado no llega o por ver situaciones de aparente corrupción, y esto es muy peligroso para nuestra Democracia, la más sólida de América Latina. Usted mejor que yo, sabe que la Política tiene que ver con la vida de relación de la “polis” y es la lucha porque la mayoría de la gente viva mejor. Vivir mejor no es solo tener más sino es ser más feliz. Y eso a veces tiene que ver con las carencias materiales, pero también tiene que ver con otras cosas. Como una vez le escuché decir al Presidente Mujica de Uruguay, “los Gobiernos siempre andan muy apurados porque si la economía no crece es un problema, pero el hombre necesita eso y un poquito más”. Y es que un país no se gobierna con visión de día a día, apagando incendios o mitigando críticas de la prensa. Se necesita visión de largo plazo y una estrategia nacional de desarrollo. Un Presidente no puede ser solamente un “gerente”, tiene que ser un Estadista, y en palabras de Winston Churchill: El político se convierte en Estadista cuando comienza a pensar en las próximas generaciones y no en las próximas elecciones”.

Para enfrentar la situación actual que atraviesa nuestro país, los partidos y las estructuras deben renovarse, ya no basta con los partidos políticos, pues todas las fuerzas no están dirigidas por los partidos sino por las fuerzas sociales. Por eso, hay que escuchar a la gente, comprender sus inquietudes y solidarizarse con sus anhelos. Urgimos de grandes acuerdos con todos los líderes sobre los grandes problemas que la sociedad costarricense tiene. En este sentido, la sociedad civil es importante, hay que empoderarla y mejorarla.

No podemos ocultar el hecho de que hay nueva generación de costarricenses, más allá de dogmatismos e ideologías cerradas del pasado, que soñamos en el presente con un país que sea ejemplo para el mundo en educación técnica, con infraestructura moderna, con conectividad de primer nivel que nos permita ser centro de operación de muchas empresas transnacionales (“back office”), apostando al turismo médico y recreacional, con un Estado que haga las cosas a tiempo. Para alcanzar todo esto y más, creo fielmente que tenemos la más grande de las riquezas: Nuestra Gente, y es por lo mismo que me molesta tanto pesimismo que a veces impera. Si queremos generar un verdadero cambio, tenemos que arrollarnos las mangas y ponernos a trabajar. No se hace un país diferente con ciudadanos indiferentes a la Política Nacional. Hay que empezar por involucrarnos en la toma de decisiones, aportando ideas y soluciones, pero lo más importante, cuestionarnos ¿qué estamos aportando cada uno de nosotros en nuestro diario vivir para la construcción de un país más desarrollado y equitativo?

Al igual que usted, yo sueño con una Costa Rica Mejor, y quiero que esta sea una Nación donde cualquier costarricense, independientemente de las circunstancias en que nazca, pueda hacer con su vida lo que quiera, a base de diligencia, determinación y trabajo duro. Y cierto, a veces me frustro de ver a los mismos de siempre aspirando a los cargos políticos, y a veces he tocado puertas y me las han cerrado. Y también he luchado por compartir reflexiones como estas en medios de comunicación tradiciones, y no me han contestado. Pero afortunadamente, existe la internet, porque en la red solo existe la libertad, la voluntad y el deseo de cambiar el mundo, no importa quién entreviste o quien nos cierre las puertas por intereses propios. Pertenezco a una generación que cree fielmente en la igualdad, en la libertad, en la unión y la solidaridad. No queremos populismo ni venganza, queremos un país mejor para nuestras nuevas generaciones, una Costa Rica desarrollada y solidaria, y sino hacemos Política, otros lo harán por nosotros.

Podemos cambiar la historia, si aseguramos:

  • Inversión en infraestructura, la prioritaria debe ser la vial pero que sea de calidad, bien planificada, no como por ejemplo con 8 estaciones de cobro de peajes que desembocan en dos carriles y provocan presas de hasta 15 minutos; con un sistema de transporte público eficiente y amigable con el ambiente, que conecte a nuestras comunidades con nuestros principales centros de trabajo y así nuestra gente no pierda dos o tres horas que afectan su calidad de vida y les quita tiempo para compartir en familia, no con ese obsoleto tranvía que todas las mañanas veo por las inmediaciones de La Sabana, es que inseguro y que me da vergüenza ver en funcionamiento. Hay que invertir en infraestructura y más infraestructura, porque eso implica progreso y bienestar para nuestra gente.
  • Educación gratuita y de calidad integradora desde la niñez hasta la educación superior, pero que esa educación sea para quienes más la necesitan pues ciertamente en las universidades públicas hemos estudiado muchos jóvenes provenientes de colegios privados, con capacidad de pago, privando del derecho de educación a jóvenes de colegios públicos que deben acudir a préstamos para asistir a universidades privadas. Esa es la realidad de la educación costarricense, aunque a muchos les cueste aceptarlo.
  • Requerimos una reforma tributaria que asegure recursos permanentes para nuestras políticas sociales (principalmente en beneficio de nuestros hermanos de las zonas costeras que viven en condiciones de extrema pobreza), pero con fondos bien administrados, no con el despilfarro que algunas veces tristemente ha imperado en el Estado Costarricense.
  • Requerimos una reforma a nuestro sistema legal que le quite las amarras al Estado, en todo lo que funcionamiento y ejecución de proyectos se refiere (por ejemplo, creando rectorías de áreas como Ambiente y Pobreza, para que el Ministro del Ramo sea el superior jerárquico de todo ente gubernamental o institución autónoma que tenga que ver con dicha área específica), para poder operar eficientemente facultándolo a invertir en infraestructura y competitividad conjuntamente con la empresa privada.
  • Incentivar la inversión extranjera y generar empleo para nuestros jóvenes, pero también creando financiamiento para emprededurismo de todos esos jóvenes que cuentan con un enorme potencial para desarrollar sus proyectos, en áreas tan diversas como la producción audiovisual, diseño gráfico, ingeniería electromecánica, turismo médico, entre otras tantas.

Nos urge romper el sistema y la dinámica entre lo viejo y lo nuevo. Al iniciar las precampañas presidenciales en los diferentes Partidos Políticos, solo puedo reafirmar la necesidad de abrir espacios a nuevos liderazgos, con todo lo que significa ser un líder. En lo personal tengo la convicción de que un líder debe ser antes todo un gran optimista, porque en su optimismo y claridad de visión descansa su capacidad de movilizar a terceros por creencia y convicción, más que por imposición. Es así como un verdadero líder debe tener lucidez y capacidad para ver directamente a través de las personas, una gran sensibilidad sumada a una mente acuciosa y brillante. Anhelo plenamente que nuestro próximo Presiente sea un verdadero líder, urgentemente llamado a desempeñar un papel transcendental para la construcción de una Costa Rica Mejor.

Los artículos de opinión aquí publicados no reflejan necesariamente la posición editorial de EL MUNDO. Cualquier persona interesada en publicar un artículo de opinión en este medio puede hacerlo, enviando el texto con nombre completo y número de identificación al correo redaccion@elmundo.cr

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