Cada año, miles de costarricenses salimos a las calles con nuestros faroles para celebrar una de las tradiciones más hermosas de nuestro país. Es una noche para recordar nuestra independencia, compartir en familia y sentir orgullo por la Costa Rica que hemos construido.
Sin embargo, este año algunos sectores de la oposición política han decidido convocar a la ciudadanía no solamente a desfilar con los faroles, sino también a convertir esta celebración en un escenario de manifestación contra el Gobierno.
Ese derecho es parte esencial de nuestra democracia y nadie debería cuestionarlo. Pero una cosa es ejercer ese derecho y otra muy distinta convertir ese espacio de encuentro nacional en una nueva trinchera de confrontación política.
Nuestra historia reciente nos recuerda que los escándalos, las denuncias, las investigaciones y los cuestionamientos por corrupción no pertenecen a un solo gobierno ni a una sola administración. Han atravesado distintas épocas y colores políticos. Y demasiadas veces hemos sido testigos de cómo las responsabilidades terminan diluyéndose, y las promesas de transparencia quedan en el camino.
Costa Rica tiene problemas serios y urgentes. La seguridad, el empleo, la educación, la infraestructura, el costo de vida, la corrupción y la eficiencia del Estado requieren discusión y soluciones, pero ninguno de esos desafíos se resuelve a punta de consignas, pancartas o enfrentamientos partidarios.
Salgamos a celebrar. Compartamos con nuestras familias. Demos gracias a Dios por el país que tenemos, por nuestra democracia y por la oportunidad de vivir en una nación que, con todos sus problemas y contradicciones, sigue teniendo enormes razones para sentir orgullo.
Pero para conseguirlo necesitamos que las fuerzas políticas que gobiernan y quienes están en oposición comprendan que el país está por encima de sus diferencias. La política debería servir para encontrar soluciones, no para convertir cada celebración nacional en otra batalla.
Que los faroles no sean utilizados para alimentar la confrontación. Que la luz de cada farol nos recuerde que Costa Rica puede avanzar cuando dejamos de enfrentarnos por el pasado y decidimos, de una vez, trabajar juntos por el futuro
La política no puede reducirse a una confrontación permanente ni a la búsqueda constante de nuevos escenarios para el enfrentamiento. Su razón de ser debería estar en otro lugar: en construir puentes, alcanzar acuerdos y ofrecer respuestas concretas a las necesidades de los ciudadanos.
Finalmente, Costa Rica no debería convertirse en un nuevo escenario de confrontación política ni permitir que las diferencias partidarias terminen profundizando las divisiones entre ciudadanos. En un mundo ya golpeado por guerras, conflictos y discursos de intolerancia, nuestro país tiene la oportunidad de demostrar que el diálogo, el respeto y la convivencia democrática siguen siendo posibles.