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Costa Rica, 205 años de libertad: la patria que heredamos y la República que debemos construir

» Por M.Sc. Milton Madriz Cedeño - Politólogo, especialista en gestión pública y gobernanza.

A Costa Rica, con gratitud por lo recibido y esperanza en lo que podemos llegar a ser.

Este 15 de septiembre quiero hablarle a mi patria con la voz en alto. Con gratitud por quienes la levantaron, orgullo por lo conseguido y una ambición que no pida permiso para soñar en grande. Doscientos cinco años de independencia no nos autorizan a descansar en la obra ajena. Nos obligan a continuarla. Costa Rica merece más que una celebración de calendario. Merece un pueblo consciente de su grandeza y resuelto a ensancharla.

La patria tiene el rostro de nuestros abuelos y la mirada de nuestros hijos. Está en quien enseña, cultiva, cuida, emprende y sirve con honradez. Ningún partido puede reclamar su propiedad. Recibimos educación, seguridad social, una nación sin ejército y naturaleza protegida. Honrar esa herencia exige reconocer a quienes nos precedieron y perderle el miedo a superarlos. Nuestra bandera es más grande que nuestras trincheras. La gratitud no consiste en dejar el país intacto. Consiste en entregarlo mejor.

Tenemos razones verificables para levantar la frente. Desde 2025, el Banco Mundial nos clasifica entre las economías de ingreso alto. Ese año crecimos un 4,6 %, según el Banco Central, dinamismo destacado también por la OCDE. PROCOMER registró exportaciones de bienes y servicios, sin incluir viajes, por US$35.243 millones, un 11 % más que en 2024. Los dispositivos médicos superaron los US$10.800 millones. Entre enero y julio de 2026, las ventas de bienes sumaron US$13.821 millones, un 5 % más interanual, según COMEX. La tierra del café y del banano aprendió también a producir tecnología para cuidar vidas. No abandonamos nuestras raíces. Ampliamos nuestras capacidades.

La inversión extranjera directa superó los US$5.000 millones por segundo año consecutivo en 2025. El INEC registró una reducción de la pobreza del 18 % de los hogares en 2024 al 15,2 % en 2025. Ninguna cifra significa que todos vivamos holgadamente. Pero negar un avance porque todavía no resuelve todo sería tan injusto como utilizarlo para olvidar lo pendiente. El crecimiento adquiere sentido cuando se convierte en empleo, alimento, estudio y tranquilidad.

El Informe Mundial de la Felicidad 2026 nos sitúa cuartos del mundo y primeros de América Latina, según la valoración que las personas hacen de sus vidas. El Panorama de la Salud 2025 de la OCDE registra una esperanza de vida de 81 años, prácticamente a la altura de sus 81,1 años de promedio. Freedom House nos califica como país libre, con 91 puntos sobre 100 en 2026. Vivir más, conservar la libertad y valorar positivamente la vida también es construir riqueza.

PISA 2025, divulgado este septiembre, ofrece otra razón para avanzar. Mejoramos significativamente en Ciencias, de 411 a 424 puntos, y obtuvimos la tercera puntuación entre los participantes latinoamericanos en Ciencias y Lectura, detrás de Chile y Uruguay. Seguimos por debajo del promedio de la OCDE y sin mejoras significativas en Matemáticas y Lectura respecto de 2022. Celebrar el avance no exige ocultar la tarea. Además, el 86 % de nuestros estudiantes reconoce el interés de su profesor de Ciencias por el aprendizaje de cada alumno, frente al 69 % de la OCDE. A estudiantes y docentes les debemos respaldo, herramientas y exigencia, no complacencia ni derrotismo.

Nuestra naturaleza también habla por nosotros. La OCDE sitúa alrededor del 60 % la cobertura forestal y cerca del 6 % la biodiversidad mundial que albergamos. Según el ICE, en 2025 produjimos el 98,6 % de nuestra electricidad con fuentes renovables (electricidad, no toda la energía). El turismo generó unos US$5.500 millones en ingresos por viajes y 183.000 empleos directos en 2024, según la OCDE. Un bosque protegido y una comunidad con oportunidades deben ser partes de una misma promesa nacional.

Nada de esto cancela la inseguridad, las esperas en salud, los rezagos educativos o las desigualdades territoriales. Tampoco esas heridas cancelan lo conseguido. Costa Rica no es una utopía, pero mucho menos un fracaso. El patriotismo mira de frente lo que duele y moviliza lo que funciona para repararlo. No se arrodilla ante el pesimismo ni se duerme sobre una medalla.

Los medios tienen una responsabilidad decisiva. Fiscalizar al poder y denunciar la corrupción es indispensable. También lo es explicar los avances y reconocer a quienes los hacen posibles. La objetividad no se mide por la cantidad de desaliento que produce un titular. Una nación no puede narrarse como un obituario interminable. El ciudadano merece conocer el país completo, no solamente su inventario de desgracias.

No pido una prensa que aplauda al Gobierno. Pido una prensa que no confunda su distancia del Gobierno con distancia del país. Informar y educar sobre ciencia, exportaciones, conservación o reducción de la pobreza también construye ciudadanía. Los aciertos no se vuelven falsos porque incomoden una preferencia política. Reconocerlos con el mismo rigor con que se denuncian las fallas también es servir a la libertad.

Ese orgullo debe convertirse en dirección. Miremos hacia 2046, cuando cumplamos 225 años de independencia. Propongámonos ser una nación productora de conocimiento, tecnología y empresas capaces de competir en el mundo. La soberanía del porvenir también dependerá de nuestra capacidad de investigar, innovar y decidir con criterio propio. No llegamos hasta aquí para convertir la medianía en destino nacional.

Escuelas, colegios, universidades, INA y empresas deben encontrarse alrededor de esa ambición. Las ciencias, la tecnología, la ingeniería y las matemáticas (STEM, por sus siglas en inglés) necesitan prioridad estratégica. Más lectura comprensiva, razonamiento, experimentación, inglés, formación técnica y educación dual. Más becas, prácticas e investigación vinculada con necesidades reales. Sin desterrar historia, artes, filosofía ni ética. Necesitamos ingenieros que comprendan a la sociedad y humanistas capaces de comprender la tecnología.

En un mundo de inteligencia artificial, memorizar sin comprender no puede ser nuestro horizonte. Necesitamos personas que formulen preguntas, interpreten datos y comprueben respuestas. La OCDE advierte que producir mejores trabajos con inteligencia artificial no garantiza aprender más. La herramienta debe ampliar la inteligencia humana, no reemplazar su ejercicio. Sería una derrota graduar usuarios veloces de respuestas ajenas e incapaces de sostener un pensamiento propio.

Universalizar capacidades tecnológicas exige conectividad, dispositivos accesibles, laboratorios y formación docente, con usos adecuados a cada edad y protección de datos. Desde la educación inicial hasta la capacitación de adultos. Ni la discapacidad, ni los ingresos, ni el lugar de residencia deben excluir del futuro. Una niña rural debe poder imaginarse diseñando tecnología médica sin sentir que ese porvenir pertenece a otros.

La Hoja de Ruta de Semiconductores de 2024 ofrece un punto de partida. Debemos fortalecer diseño, ingeniería y pruebas, junto con tecnología médica, biotecnología, inteligencia artificial y ciberseguridad. No solamente atraer inversión, sino generar investigación, propiedad intelectual, proveedores y emprendimientos costarricenses. Que nuestro talento no sea únicamente un recurso que otros contratan, sino una fuerza capaz de crear y dirigir.

Propongo una red de hubs regionales, polos de conocimiento y producción construidos con las comunidades. Limón puede apostar por logística portuaria inteligente, servicios digitales y aprovechamiento sostenible del mar. La Zona Sur, por bioeconomía, biotecnología y agricultura de mayor valor. Guanacaste, por energías limpias, gestión del agua, tecnologías agropecuarias y turismo de calidad. Son propuestas que requieren viabilidad comprobada, no destinos impuestos desde un escritorio.

Un hub no nace por bautizar un edificio en inglés. Necesita talento, laboratorios, seguridad, financiamiento y empresas. Universidades, municipalidades, INA, Gobierno y sector productivo deben comprometer recursos, plazos y resultados. El éxito se medirá en empleos de calidad y oportunidades locales. Ningún joven debería abandonar su comunidad para que su talento encuentre un porvenir. Una Costa Rica próspera no puede terminar donde termina el Valle Central.

Esa visión exige más electricidad limpia y confiable, con geotermia, agua, viento, sol, almacenamiento y redes robustas, respetando ecosistemas y comunidades. También puertos, aeropuertos, corredores logísticos, transporte público, agua y saneamiento. Con evaluación rigurosa, financiamiento responsable y mantenimiento. Necesitamos infraestructura que una el territorio y acerque oportunidades, no inauguraciones inconexas.

Por eso he planteado una Tercera República. No para renegar de las anteriores, sino para hacerlas fecundas en otro tiempo. Conservar libertad, vocación social y naturaleza exige instituciones capaces de responder. La legitimidad democrática necesita justicia oportuna, seguridad, atención al enfermo y servicios que funcionen. Independencia con responsabilidad, autonomía con resultados y poder sometido a controles. Reformar lo insuficiente también es lealtad a la República.

La digitalización debe simplificar trámites, transparentar decisiones y permitir que los sistemas compartan información de forma segura. No necesitamos una burocracia antigua con computadoras nuevas, sino un Estado competente, íntegro y cercano. Su transformación exige acuerdos duraderos y ciudadanos que contribuyan, vigilen y participen. Nadie puede exigir que todo cambie reservándose el privilegio de permanecer inmóvil.

Defiendo un nacionalismo cívico que una responsabilidades y oportunidades. No necesitamos pensar igual para caminar en una misma dirección. La seguridad de las familias, el aprendizaje de los niños, la honradez y la prosperidad nacional están por encima de cualquier facción. La unidad no es silencio. Es la madurez de discutir sin olvidar lo que debemos construir juntos.

En 2076, cuando celebremos 255 años de independencia, otros preguntarán qué hicimos con esta herencia. Que respondan las escuelas fortalecidas, los bosques preservados, la seguridad recuperada y las oportunidades extendidas. Celebremos sin pedir disculpas por amar a Costa Rica. Con la bandera en alto y los pies sobre la tierra, unidos por una patria más libre, segura, culta, próspera y sostenible. Nuestros mayores no nos legaron un país para administrarle el cansancio. Nos confiaron una esperanza para llevarla más lejos. La patria que heredamos merece nuestra gratitud. La República que debemos construir exige nuestro coraje. ¡Viva Costa Rica!

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