Movilidad con miedo: la inseguridad que se vive en el transporte en Costa Rica

» Por Gloriela Jiménez Dolmuz - Estudiante de Planificación económica y promoción social de la Universidad Nacional.

En Costa Rica, salir de la casa y trasladarse de un lugar a otro ya no se siente tan seguro como antes. Lo que debería ser una actividad normal del día a día, como tomar un bus, pedir un Uber o subirse a un taxi, muchas veces se convierte en una situación de tensión e incertidumbre. Actualmente, muchas personas sienten miedo al movilizarse, especialmente durante la noche, debido al aumento de asaltos, agresiones y hechos violentos relacionados con el transporte.

Según datos y encuestas de percepción ciudadana, más del 60% de los costarricenses afirma sentirse inseguro en espacios públicos. Además, muchas personas evitan utilizar transporte público en horarios nocturnos por temor a ser víctimas de algún delito. Esto demuestra que la inseguridad se ha convertido en una preocupación constante para gran parte de la población.

En el caso del transporte público, existen muchas fallas que aumentan esa sensación de inseguridad. En varios buses no hay vigilancia, muchas cámaras no funcionan correctamente y tampoco existe un control real sobre las personas que suben a las unidades. A esto se le suma la mala iluminación en paradas y terminales, principalmente en la noche. Para muchas personas, esperar un bus a altas horas ya no es solo incómodo, sino peligroso.

Los taxis tampoco escapan de esta realidad. Aunque durante años fueron vistos como una opción más segura y rápida, los casos de conductores informales, cobros indebidos y comportamientos inapropiados han provocado que muchas personas desconfíen de este servicio. Hoy en día, antes de subir a un taxi, muchas personas sienten la necesidad de revisar placas, compartir su ubicación o avisarle a alguien cercano.

Por otro lado, las plataformas digitales como Uber y DiDi parecían ofrecer una solución más segura gracias al uso de tecnología, ubicación en tiempo real y sistemas de calificación. Sin embargo, con el paso del tiempo también han salido a la luz casos preocupantes relacionados con robos, agresiones y violencia. Aunque estas aplicaciones ofrecen ciertas herramientas de seguridad, la realidad es que no garantizan completamente la protección de quienes utilizan el servicio.

Además, la inseguridad no afecta únicamente a los pasajeros. Los conductores de plataformas también viven expuestos constantemente al peligro. Muchos trabajan largas jornadas, aceptan viajes hacia zonas peligrosas y recogen personas desconocidas sin saber cuáles son sus verdaderas intenciones. Debido a esto, varios choferes han sido víctimas de asaltos, agresiones físicas e incluso ataques más graves.

Un ejemplo reciente ocurrió en Juan Viñas, Cartago, donde un conductor de plataforma fue encontrado gravemente herido luego de haber sido aparentemente atacado y lanzado a un guindo de aproximadamente 30 metros para robarle el vehículo. El caso impactó mucho a la población porque refleja el nivel de violencia al que están expuestos tanto usuarios como conductores en Costa Rica.

En medio de esta situación, las mujeres siguen siendo una de las poblaciones más vulnerables. Según datos del INAMU, aproximadamente 7 de cada 10 mujeres en Costa Rica han sufrido algún tipo de acoso en espacios públicos o en el transporte colectivo. Por esta razón, muchas toman medidas de precaución constantemente, como compartir su ubicación en tiempo real, mandar capturas de pantalla del viaje o evitar salir solas en ciertos horarios.

El problema no solo afecta físicamente a las personas, sino también emocionalmente. Vivir con miedo constante genera ansiedad, estrés y desconfianza. Muchas personas sienten temor incluso antes de salir de sus casas y han tenido que cambiar sus rutinas por seguridad. Algunos usuarios prefieren no salir de noche, mientras que varios conductores rechazan viajes hacia determinadas zonas por miedo a ser víctimas de la delincuencia.

Todo esto también deja en evidencia fallas importantes por parte de las autoridades y de las empresas de transporte. Muchas veces las denuncias no reciben seguimiento adecuado y los controles de seguridad siguen siendo insuficientes. Aunque existen protocolos y herramientas tecnológicas, todavía hay muchos vacíos que permiten que continúen ocurriendo situaciones peligrosas.

La inseguridad en el transporte ya no es solo un problema de movilidad, sino una muestra de la crisis de seguridad que vive el país actualmente. Cuando una persona siente miedo de trasladarse para trabajar, estudiar o simplemente regresar a su casa, también se ve afectada su libertad y calidad de vida.

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