
Como costarricenses siempre nos hemos vanagloriado de no tener ejército, sin embargo, hoy más que nunca ese orgullo puede percibirse solo en el aire, debido a que poseemos una armada, pero de mercenarios de la función pública, instaurados desde una parte de las esferas de poder, atentando contra la base de principios éticos y democráticos que constituyen ésta democracia representativa; misma por la que nuestros padres y abuelos lucharon incansablemente e incluso, hasta sacrificaron sus vidas en aras de un Estado Social de Derecho, donde se respetaran las garantías constitucionales en pro del Bien Común y no de unos pocos.
Es claro que la realidad que vive la Costa Rica del Bicentenario, dista mucho de las luchas sociales de antaño y por ello, es que el pueblo debe alzar de nuevo su voz desde su génesis política y discursiva, sin ser condescendiente consigo mismo, para exponer y denunciar lo que acontece aquí. Esta República es una Nación que tiene graves problemas de autopercepción en relación con una serie de taras histórico-sociales, las cuales constituyen parte de su idiosincrasia, al no hacer la lectura correcta en torno a un cambio real de paradigma, frente a su situación actual, más allá de cualquier reforma fiscal en curso.
Muchos ciudadanos concordamos en que el “servicio militar en Costa Rica”, se basaba en el hecho tácito de pensar por uno mismo, cosa que hoy en día ya no es así, a raíz de que permitimos que otros piensen y hasta hablen por nosotros, siendo el común denominador la obligatoriedad de ignorancia y doble discurso que constituyen las cadenas que subyugan la razón y conciencia de cualquier Ser Humano.
En la actualidad éste País, sigue sumido en una profunda crisis económica, política y social, donde la violencia se expresa de diversas formas, tomando matices que van desde la falta de empatía hacia los otros, hasta la inequidad presupuestaria, asalto físico y discursivo, no solo propinado por extranjeros o achacado a la globalización, sino por nosotros mismos como sociedad multiétnica y pluricultural.
La ciudadanía costarricense debe repensarse, desde todos los ámbitos de sus actuar público y privado, más allá de un imaginario colectivo que haya sido superado y del cual, es consciente gran parte del Mundo que nos visita, debido a que ésta nueva Costa Rica no tiene nada que ver con un proyecto país, donde se respete la institucionalidad y los derechos de toda la población y en especial la más excluida, debido a la polarización social que enfrentamos y alimentamos cada día.
Es claro que existen algunos en la “Suiza Centroamericana”, que le han declarado la guerra al sentido común, el cual se ha vuelto menos común de lo que debiera, al ampararse en una retórica que cercena la “educación pública”, donde se recompensa a quienes no poseen memoria y para muestra, tenemos la marcha que aconteció hace algunas semanas, exigiendo respeto a los derechos de las mujeres, cuando desde las principales universidades públicas, se violan todos ellos.
Este silencio y doble moral, solo es comparable con el que estila la iglesia católica, cuando no quiere reconocer y menos denunciar los continuos casos de abuso sexual, perpetrados en el tiempo. Porque en la actualidad, incluso dentro de las universidades estatales se cuece el mayor lenocinio en la historia de la “Educación Superior”, frente al cual, tanto funcionarias y funcionarios desde los más altos en jerarquía, no se pueden percibir ajenos, alimentando la desidia con que se ha tratado el tema hasta la fecha, donde además presta oídos sordos el Gobierno de turno, aduciendo que no sabe nada sobre el tema, ya que para eso existe aquí: “el organismo competente y encargado de investigar a las instituciones” en resguardo de la Seguridad Nacional.
Por otra parte, los transgresores de la ley que laboran en éstas instituciones públicas se escudan muy bien, apadrinados incluso por los rectores y vicerrectoras de turno que hasta negocian con los mismos acosadores a cambio de mantener sus privilegios salariales intactos, para no enlodar el “buen nombre” de éstos centros de enseñanza que a éstas alturas, se han prostituido en todo el sentido de la palabra.
Si esta Nación cree que el resto del Mundo no la observa, pues se equivoca, porque la está mirando por las razones erróneas, debido a que a pesar de no poseer ejército, el país se ha vuelto más represivo que nunca, desde las altas esferas que ostentan el poder, las cuales han corrompido gran parte de la República a partir de su “educación pública”…
—
Los artículos de opinión aquí publicados no reflejan necesariamente la posición editorial de EL MUNDO. Cualquier persona interesada en publicar un artículo de opinión en este medio puede hacerlo, enviando el texto con nombre completo, fotocopia de la cédula de identidad por ambos lados y número de teléfono al correo redaccion@elmundo.cr.