El quincuagésimo aniversario de la Bolsa Nacional de Valores es una ocasión propicia para reconocer su trayectoria institucional en el mercado de capitales costarricense y, al mismo tiempo, para plantear una conversación necesaria sobre el futuro de Costa Rica. Después de cinco décadas de construcción regulatoria, tecnológica y profesional, el desafío es utilizar esta plataforma para movilizar más recursos hacia las empresas, los proyectos de infraestructura pública, la innovación que el país requiere.
Desde su primera sesión bursátil, el 19 de agosto de 1976, la Bolsa ha acompañado la evolución del sistema financiero costarricense. En este tiempo, el país ha desarrollado una regulación especializada, mecanismos de supervisión, sistemas tecnológicos y capacidades profesionales que conforman un ecosistema cada más sólido y transparente.
El valor de una bolsa, sin embargo, no debe medirse únicamente por el volumen de sus transacciones o por la cantidad y diversidad de instrumentos disponibles. Su verdadera importancia radica en conectar el ahorro con la inversión y canalizar el capital hacia empresas, instituciones y proyectos capaces de promover el bienestar social, la sostenibilidad y el crecimiento económico.
Por eso, un mercado de capitales profundo y eficiente debe seguir siendo una pieza estratégica de la arquitectura de desarrollo de Costa Rica. La Bolsa Nacional de Valores cumple un papel central en su funcionamiento. Esta función resulta especialmente relevante cuando el país necesita aumentar la inversión, mejorar su infraestructura, elevar la productividad y generar empleo de calidad. El crédito bancario continuará siendo indispensable, pero no puede constituir la única fuente de financiamiento para las empresas, incluyendo las micro, pequeñas y medianas empresas.
En este contexto, el mercado secundario cumple una función fundamental. La emisión de un bono o una acción es apenas el inicio. Para invertir, las personas y organizaciones necesitan tener confianza en que podrán vender posteriormente esos valores y convertirlos en liquidez cuando lo requieran. Esto requiere un mercado secundario más profundo, líquido y desarrollado.
La liquidez es, entre otras cosas, una expresión de confianza en el funcionamiento del mercado. Un mercado secundario dinámico reduce el riesgo percibido, atrae inversionistas, mejora la formación de precios y puede disminuir el costo del capital. También genera mayor información sobre los emisores y permite valorar mejor sus resultados, perspectivas y riesgos.
Fortalecer ese mercado debe considerarse un objetivo de política pública y un esfuerzo compartido. La Bolsa puede proporcionar la infraestructura, los intermediarios bursátiles pueden facilitar el acceso y los reguladores establecer las condiciones necesarias, pero el desarrollo del mercado también requiere mayor participación del sector empresarial, los inversionistas institucionales, la academia y otros actores. Sin una participación más amplia y profunda, será difícil alcanzar el desarrollo, la profundidad y liquidez que Costa Rica necesita. Las transformaciones importantes no ocurren únicamente mediante la aprobación de leyes. Requieren una comprensión compartida de los problemas, acuerdos entre actores con intereses distintos, movilización de capacidades institucionales y una narrativa que permita explicar el beneficio colectivo para la ciudadanía.
Por ejemplo, es preciso superar la percepción de algunos segmentos de que la Bolsa es un espacio reservado para grandes empresas o especialistas financieros. El mercado de capitales puede contribuir a financiar carreteras, energía, vivienda, conectividad, agua, innovación y proyectos sociales y ambientales. Sus beneficios alcanzan a la ciudadanía, aunque muchas personas nunca participen directamente en una transacción bursátil.
El acceso también debe ampliarse. Para las empresas grandes, el mercado puede financiar expansiones, infraestructura o procesos de internacionalización. Para las medianas, puede ofrecer una ruta de crecimiento menos dependiente del crédito tradicional. Para las micro y pequeñas, pueden desarrollarse fondos, garantías, titularizaciones, vehículos colectivos y mecanismos simplificados que permitan canalizar recursos hacia ellas.
Esto exige una regulación que proteja al inversionista y preserve la confianza en el mercado, pero que también sea proporcional a los riesgos y características de los distintos participantes, con reglas claras y comprensibles. Será necesario atraer emisores privados, ampliar la base de inversionistas, fortalecer la educación financiera y acompañar a las empresas familiares, pequeñas y medianas que todavía perciben el mercado de capitales como lejano o inaccesible.
Existe, además, una dimensión de gobierno corporativo y reputación. Participar en el mercado de capitales demanda transparencia, rendición de cuentas, información oportuna y una relación más estructurada con los públicos de interés. Estas condiciones fortalecen a las organizaciones y mejoran su capacidad para competir y atraer inversión.
Los bonos verdes, sociales y sostenibles amplían todavía más las posibilidades. Pueden dirigir recursos hacia energías renovables, electrificación, transporte limpio, agua, vivienda y proyectos con impacto verificable. Costa Rica cuenta con reconocimiento internacional, institucionalidad y talento para posicionarse en este campo, siempre que logre estructurar proyectos financiables y asegurar que sus compromisos sean medibles.
Un mercado más líquido también puede facilitar la integración regional, determinante para una economía de nuestra escala. Esto permitiría atraer nuevos inversionistas, diversificar los instrumentos y avanzar hacia un mercado accionario más activo.
Los primeros 50 años permitieron construir el mercado. Los próximos deben consolidarlo como uno de los instrumentos para el desarrollo nacional. En nombre propio y de todo el equipo de CLC Comunicación y Asuntos Públicos, que tiene el honor de brindar sus servicios a la Bolsa Nacional de Valores, expreso nuestra felicitación por este 50 aniversario y nuestro reconocimiento por un trabajo institucional realizado al servicio de Costa Rica.