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» Por Ing. Gary Bolaños Rodríguez

“¿Es la libertad de elegir muy difícil? Voten por mí y no tendrán que tomar decisiones”. Es el mantra bajo la venta al público de ideas como solidaridad y bien común.

En el altar de la insensatez estas premisas son consagradas por quien ejerce tanto de divinidad como sumo sacerdote: el estado, la ficción mediante la cual todos tratamos de vivir a expensas de los demás, decía Bastiat.

Al ver nuestro estado, si acaso los que dependen de él están contentos. Esos pensionados de lujo con dinero de los “contribuyentes”. Esos cuyos años de servicio les brindan anualidades sin importar el desempeño. Esos cuyos errores administrativos les permitieron recibir beneficios indebidos sin contar con los requisitos. Esos cuya labor se justifica por formar parte de un círculo vicioso que se explica a sí mismo.

“Contribuyentes” porque llamarnos así a los que pagamos impuestos es como llamar donadores a víctimas del robo de un asaltante. El motivo es distinto, pero el medio es el mismo: la fuerza.

Tan es así, que el ejercicio privado de acuerdos voluntarios y libres existe donde el estado lo permite y en los espacios que deja. A raíz de eso, ese círculo vicioso resulta en una maraña constipada llamada por algunos Estado benefactor cuyo poder de coerción ha sido mucho por mucho tiempo.

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Los bien intencionados arguyen que el mal es la minimización del estado benefactor por un grupúsculo malvado de codiciosos. Es el mito de la demanda por los servicios del estado y por lo tanto este, ligero en recurrir a la ayuda, tomó acciones. Ese y otros, como el que en Costa Rica el estado no reprime ayudan a cimentar las fantasías en las que se basan movimientos colectivistas como el comunismo, el socialismo, el intervencionismo, y el estado benefactor. Todos síntomas de lo mismo: la creencia de si el estado ejerce más poder es para protegernos. A cambio de nuestra libertad, nos brinda seguridad. El contrato social que aceptas o aceptas. El estado reprime y mucho. Para muestras el intento de prohibir la importación de vehículos de un año próximo hasta un momento arbitrario del actual y la venezuelada Ley de Extinción de Dominio.

Aquí es donde entra logicnomics para hacer valer la inferencia válida y demostrar que perseguir la equidad antes que la libertad es acabar con ninguna, mientras que buscar la libertad primero resulta en una mayor y mejor versión de ambas (tal vez no suficientes más necesarias). La evidencia demuestra que no hay mayor movilidad hacia los estratos sociales más altos, que no hay mejora mayor en los ingresos de la gente y mejores condiciones para desarrollar sus habilidades, que en un ambiente que no solo no impide los emprendimientos y colaboraciones voluntarias privadas en la mayor cantidad de aspectos, sino que más bien, se basa en ellas.

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Hoy es más fácil justificar el bien común que la libertad. Sin pensar que la única forma de alcanzar lo primero, es dar a unos lo que se les quita a otros por medio de la fuerza del Robin Hood que toma una parte para sí. Ese dar es trabajo, educación, salud, dinero, etc. Y no es que las personas menos afortunadas tengan acceso a eso sea malo, sino que las buenas intenciones no dan buenos resultados. Así más del 50% de los estudiantes de la UCR pertenecen a los dos quintiles más ricos de acuerdo a una investigación de El Financiero. Parafraseando a Friedman: las personas que no van terminan subvencionando la educación superior de los que sí van.

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Logran el milagro de hacer ver un sistema de buenas intenciones y malos resultados, como lo contrario. Con impuestos y publicidad como la del monopolio de reventa de derivados del petróleo. La ironía de alguien sin competencia gastando en promoción.

Es un desperdicio de recursos públicos el que el estado produzca alcohol barato para cantinas mientras también previene el alcoholismo en la población, tener varios bancos públicos comerciales compitiendo entre sí, o el que una utility company glorificada venda celulares en kioskos de pueblo y mercantilice televisión por cable. Los que pensamos que el estado ocupa muchos recursos y demasiado espacio tal vez estemos equivocados; igual que Galileo lo estaba según la Inquisición. E pur si muove.

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