Legalización de la marihuana: Autocultivo ya

» Por Jorge Soto Paniagua - Activista/gestor sociocultural de Puntarenas

Hemos despedido las últimas semanas del 2018 con dos noticias polémicas que no por casualidad tienen en común tratar sobre marihuana y Canadá. Primeramente, esta nación del Norte, se convierte en el primer país del G-7 en legalizar la marihuana (decisión considerada como “un éxito” por sus resultados a corto plazo). Y como segunda noticia: la compañía tabacalera Marlboro, anuncia su incursión en el mercado de la venta de marihuana, en Canadá.

Son bien conocidos los muchos beneficios y tratamientos médicos que pueden generarse de la marihuana, pero la información al respecto es poco difundida. La legalización de la marihuana en Canadá ha convertido a este país en un gigante laboratorio médico, especial para investigar y experimentar los muchos beneficios de esta planta. Ya recientemente la universidad de McGill tuvo excelentes resultados en un estudio para tratar el dolor crónico con extractos de un principio activo del Cannabis, lo cual podría sacar del mercado a los opioides y su gran ola de adicciones en Norteamérica.

A pesar de todo el aprovechamiento que se le puede dar a este recurso natural, en nuestro país (y muchos más) sigue siendo ilegal, incluso en el caso terapéutico/medicinal. Y sigue siendo un tema de poco interés en las discusiones políticas centrales. Sin embargo, tras la decisión de un Tribunal Penal, de absolver al abogado Mario Cerdas, por cultivar marihuana para consumo personal (llegó a tener hasta 177 planas, que fueron destruidas en su totalidad), hay una esperanza.

El Tribunal es claro en su fallo, al indicar que el consumo personal de la marihuana no es delito, en sentido con el Plan Nacional de Drogas y la jurisdicción correspondiente. Esto nos lleva ya a un gran avance, pues el IAFA se ha posicionado, afirmando que “la marihuana debe ser regulada, y no prohibida”. Y de la mano el Ministerio de Salud informa que empieza el proceso para regular de forma médica el uso de la marihuana.

Se podría pensar que, al ser una actividad no penalizada, no es necesaria su legalización (específicamente desde el bando prohibicionista). Pero las personas consumidoras de esta sustancia son víctimas de exclusión social y violencia sistemática. Al igual que el abogado anteriormente mencionado, las personas que cultivan marihuana y (o) consumen, son perseguidas, y expuestas como criminales. Siendo incluso llevadas a prisión, y destruidos sus cultivos (incluso la ONU establece la no penalización del cultivo de la planta para fines hortícolas, Artículo 28.2).

Se pueden discutir de manera larga y tendida los diversos efectos de la marihuana y sus formas de consumo; pero estos no son una razón para su ilegalización. Las cifras demuestran que la droga más consumida en el país es el alcohol (en el 2010 el 20.5% de la población consumía alcohol, en el 2015 el porcentaje subió a un 27.9%), y este genera mayor impacto (negativo), en la salud pública (información oficial suministrada por el IAFA y Ministerio de Salud), seguido por el cigarro de tabaco. A pesar de esto, el estado sigue sin apuntar a la eliminación de publicidad sobre consumo de alcohol, impulsado por la OMS.

La ilegalización de la marihuana empuja a los consumidores (2% en 2010 y 3.2% en 2015, IAFA) al mercado ilegal, en el cual una gran cantidad del producto proviene de los carteles de la droga, de la violencia, muertes, y además sustancias contaminantes. Esto se podría combatir, produciendo incluso ingresos económicos con impuestos al mercado cannábico.

En el juego de la ilegalización intervienen varios intereses. La necesidad del estado de tener control social, por medio de la violencia hacia la comunidad consumidora; el negocio del narcotráfico sería golpeado fuertemente con la legalización, y esto afectaría directamente a la “guerra contra la droga”, promovida por Estados Unidos; la cual tampoco ha conseguido buenos resultados; únicamente ha generado intervención militar en otros países. Son claros los intereses económicos detrás de este mercado, al saber que, a partir de la legalización en Uruguay, los bancos de este país han emprendido una guerra contra las farmacias que venden marihuana, cerrando sus cuentas bancarias, e impidiendo sus transacciones.

Lamentablemente, de lo escrito, a la realidad, hay un gran camino. El poderío de las grandes tabacaleras en nuestro país podría ser el factor determinante, ejerciendo presión para legalizar la marihuana, y adueñarse del mercado, en un caso parecido al del tabaco. El destino del cannabis podría ser oscuro pese a su legalización.

Por todo lo expuesto anteriormente, hoy más que nunca antes, es necesario el autocultivo. Como una alternativa a la intromisión de las tabacaleras en el trabajo del cannabis, una forma de atacar directamente al narcotráfico, tener acceso a un producto sin químicos, sin contaminación y tóxicos añadidos en el mercado ilegal. Para tener un producto de calidad, y con seguridad. Es momento de cambiar esquemas, quitar prejuicios sociales, y acabar con el prohibicionismo.

Los artículos de opinión aquí publicados no reflejan necesariamente la posición editorial de EL MUNDO. Cualquier persona interesada en publicar un artículo de opinión en este medio puede hacerlo, enviando el texto con nombre completo, fotocopia de la cédula de identidad por ambos lados y número de teléfono al correo redaccion@elmundo.cr.

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