Las propuestas al Fondo para acabar en el fondo

Confieso que estos días me siento triste. Veo signos y realidades tan graves en Costa Rica que confunden y deshilachan. Cito algunas.

No repito los números de los economistas. Pero todos sabemos que estamos a un paso del default, que los niveles de endeudamiento, del déficit fiscal, del desempleo, del ensanchamiento de la economía informal, del decrecimiento económico, del debilitamiento de la recaudación, de la escasa colocación de crédito de las entidades financieras, de la inexistencia de reactivación económica, de la mortalidad de empresas pequeñas, de las muertes por pandemia, y afectación de los servicios públicos, entre muchos otros males, constituyen un aguacero completo y violentísimo.

Sin embargo, lo que asombra, es la respuesta que las dirigencias políticas están dando a semejante tsunami. Eso es lo que entristece. Nunca había visto una representación política más atascada y estancada, consagrada a repetir las mismas fórmulas de siempre, como la presente, incapaz de aprovechar la adversidad para generar creatividad. Por Dios, endeudar al país hasta la estratosfera y más allá, en contra de la producción y de la población, es sencillamente continuar hacia el precipicio. Por ese camino fácil y dispendioso, la destrucción del país es un asunto de tiempo. No es la pandemia la que nos está arruinando, es la calidad de las decisiones políticas que se están tomando.

Doloroso, porque sin duda alguna, hay otras vías que son posibles, que requieren pensamiento disruptivo, separación de los manuales escolásticos, caminos y fórmulas novedosas, en fin, tensar la creatividad, usando el enorme talento que existe. Pero las dirigencias no dan cabida a nada de eso, y solo avalan recetarios tradicionales. No quiero juzgar, pero pareciera que hay un acuerdo nacional expreso o tácito de sectores que dirigen el país, para que todo se vaya al carajo. No sé si además hay mentes invisibles extraterritoriales, impulsando el modelo de acabar la empresa privada, para convertir a la población en pordiosera del Poder, con las consecuencias políticas que ello implica. Por eso creo que el problema es esencialmente político. La responsabilidad política caerá también en la Asamblea Legislativa, que solo ha servido para aprobar todo lo que el Gobierno ha querido. La mayoría de los diputados han sido literalmente usados, haciéndoles creer que están contribuyendo con la patria, cuando en realidad ellos complacientemente han ayudado al caos, al desorden, y a la destrucción de la base productiva nacional. Veremos si en el caso de las propuestas del Ejecutivo al FMI, también terminan abrazándose de nuevo con el Gobierno.

Costa Rica tiene recursos suficientes para no seguir en la insostenible práctica de solucionar todos los faltantes fiscales con endeudamiento interno y externo, hipotecando el futuro de nuestros hijos y nietos, a organismos financieros internacionales bilaterales y multilaterales, y a minorías que arropan demasiada riqueza en la cúspide de la desigualdad. En realidad Costa Rica no es pobre, lo que tiene es una pobre dirigencia, incapaz de enhebrar neuronas y voluntades en el marco de una nueva visión del desarrollo nacional, moderno pero justo, eficiente y retador, proponiendo y ejecutando fórmulas diferentes. Meses atrás, varios grupos y personas han presentado sin éxito ideas distintas al gobierno para salir de la modorra. Costa Rica tiene una riqueza enorme en el subsuelo, en los mares, en su geografía, en el suelo, en los bosques, miles de activos, que se pueden usar incluso para crear nosotros mismos los recursos que necesitamos para pagar deuda, y para desarrollar el país integralmente sin necesidad de caer en los regazos de burocracias extrañas al ser costarricense. Hay mucho talento para efectuar ingeniería financiera atrevida y audaz alrededor de la tenencia de deuda institucional. Un porcentaje importante de la deuda interna, por ejemplo, es del sector público, deuda que apretuja al Estado contra la pared, y respecto de la cual se pueden llegar a negociaciones muy productivas en casa, usando criterios de familia.

Costa Rica tiene todas las condiciones para ser el país más desarrollado de América. Su capital humano, su posición geográfica, sus riquezas naturales, su estabilidad institucional y sus tierras fértiles, entre otros factores, la hacen candidata para construir una sociedad de bienestar ejemplar. Pero entonces; ¿qué nos pasa? ¿Por qué seguimos fomentando el vivir de prestado, con el agua hasta el cuello? ¿Por qué seguimos entregando nuestros problemas propios, a cabezas ajenas para que nos digan qué debemos hacer, cuando nosotros mismos tenemos la capacidad de realizarlo sin pagar peajes? ¿Por qué hemos cambiando la visión de una sociedad virtuosa y prometedora, por una sociedad llena de confusión, de dificultades, de vicios, de inseguridades e incertidumbres? ¿Por qué es un calvario hacer empresas, crear riqueza, generar empleo y desarrollar proyectos? ¿Por qué seguimos alucinados con establecer más impuestos? En fin la lista es larga. Responder a las razones, de por qué llegamos a estas penurias, no es el objeto de esta reflexión. Pero la realidad es muy cruda. El cráter financiero y económico es enorme. Lo penoso es que nuestros liderazgos son demasiado lights, inodoros e incoloros para resolverlo. El país nunca saldrá de este enorme bache si no apuntala sostenida y estructuralmente la generación de riqueza. Tampoco recuperará la clase media y reducirá la pobreza, si no hay fuentes de empleo, y no habrá puestos de trabajo sin reactivar la economía, sin inversiones, sin financiamientos, sin un clima de negocios adecuado, sin reglas simples y justas de operación productiva, y sin un sistema tributario equilibrado, que genere recursos necesarios para Hacienda y contribuya al desarrollo empresarial. Sin embargo estos propósitos tan evidentes, no son los que impulsa el Gobierno ni algunas autoridades políticas. Su hoja de ruta es hacer todo lo necesario, para golpear la producción y debilitar el sector privado, imponiendo cargas excesivas para aumentar los recursos de Hacienda, sin reducir sustancialmente los disparadores del gasto. Para eso recurren una y otra vez a las fórmulas de siempre, deuda y aumento de impuestos.

Pero no solo faltan las ideas políticas disruptivas, sino que no hay proceso político. Muy lamentable que no haya una dirigencia capaz de encadenar una solución nacional participativa, por medio de un proceso articulado y cronometrado. No hay liderazgo que genere integración y articulación. Unir es ciertamente una necesidad nacional mayúscula para salir del atolladero, pero más bien lo que hay, es una guerra interna en el país, en el gobierno, en los partidos, en las municipalidades, en la sociedad en general. Un verdadero picadillo, que irrumpe con soluciones interesadas y fragmentadas mediante legislación y decisiones de remiendo, sin ninguna visión sesuda de futuro. Todo está partido y dividido. Hay una enorme fractura social, porque no hay ruta esperanzadora, porque el Presidente y su gobierno no inspiran, ni tampoco las dirigencias sociales, empresariales y políticas, ni siquiera las religiosas. En ese contexto es dificilísimo resolver los problemas y recuperar el país. Nos acercamos entonces a una lucha del gobierno contra la gente, y de la gente contra el gobierno. Muchos se jugarán el pellejo, porque sienten que éste gobierno no sirve para nada. La propuesta ofrecida al FMI retrata el desencuentro entre el Gobierno y la sociedad. Cuando un gobierno desprecia considerar otras opciones que no son las tradicionales para enfrentar situaciones de crisis, porque solo piensa en más impuestos y en seguir endeudando al país, entonces a la sociedad solo le queda la opción de generar un movimiento nacional que articulada y democráticamente responda a esa afrenta. Eso no es fácil tampoco, por la multiplicidad de intereses que se expresan en personas, movimientos, organizaciones empresariales, laborales, comunales y en los partidos. Sin embargo es necesario aglutinar ese esfuerzo patriótico alrededor de las coincidencias, y a partir de propuestas justas y viables, y con cronómetro en mano. Ese es el reto, porque el Gobierno no solo es prepotente, sino que se volvió sordo, y porque las propuestas que hará al Fondo, nos llevarán ciertamente hasta el fondo.

Los artículos de opinión aquí publicados no reflejan necesariamente la posición editorial de EL MUNDO. Cualquier persona interesada en publicar un artículo de opinión en este medio puede hacerlo, enviando el texto con nombre completo, foto en PDF de la cédula de identidad por ambos lados y número de teléfono al correo redaccion@elmundo.cr, o elmundocr@gmail.com.

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