Las caras ocultas de la reconciliación palestina

Los últimos pasos entre las dos principales facciones palestinas; Hamas y la Autoridad Nacional Palestina (ANP), para reconciliarse y lograr un gobierno de unidad supondría un importante impulso para asegurar una fuerza política con mayor empoderamiento de cara a lanzar las conversaciones de paz que puedan eventualmente brindar las condiciones para establecer un Estado palestino en los territorios en disputa de Judea y Samaria (Cisjordania), así como en el enclave costero mediterráneo (Gaza).

También es un movimiento estratégico de los líderes en la Franja de Gaza debido al deterioro social que ha sufrido ese lugar desde el bloqueo que les pesa desde hace 10 años, aplicado por Israel y Egipto. Además, la población como tal es víctima de una interminable lista de actos de ilegales donde los recursos económicos han sido destinados a líderes del grupo islamista Hamas acusados de enriquecimiento ilícito y otros actos de corrupción, en vez de destinarse a mejorar la calidad de vida de los ciudadanos.

Pero también, la labor a favor de la reconciliación palestina significa por parte de los países árabes, una carrera por la influencia y poder sobre el gobierno palestino, en contraposición a las intenciones de la República Islámica de Irán de ampliar sus zonas de liderazgo que ha logrado gestar en Siria, Líbano, Irak, Yemen, y que ha pretendido a través del grupo Hezbollah retomar los contactos entre el gobierno de Hamas y el de Bashar Al Assad, y en agosto anterior, tanto Teherán como Gaza restauraron su alianza que significará inyección de recursos que sin duda una vez más serán captados por los líderes del grupo islamista que gobierna el enclave costero y las familias de los “mártires” que luchan contra el Estado de Israel.

La República Árabe de Egipto se convirtió en el principal promotor de los movimientos de unificación palestina, como actor esencial en contrarrestar lo pretendido por el gobierno de Teherán. Y además de los pasos efectuados por el gobierno persa, hay cierta premura en que los egipcios asuman iniciativas pronto en la región, debido al alejamiento a los intereses Occidentales que ha tenido Turquía en los últimos años, incrementado durante el referendo kurdo iraquí y donde ha cerrado filas en una alianza con el régimen de los Ayatolas, mostrando preocupación por los cambios geopolíticos que puedan surgir con la aparición oficial de un actor internacional como el Kurdistán.

Por esta razón, los países árabes; principalmente los poderosos emiratíes han depositado en el gobierno de Al Sisi esta importante de influir en el cambio político palestino, el cual además de una convocatoria electoral, requiere con urgencia pensar en un cambio generacional de liderazgo, considerando que la cara visible ante la opinión pública no podría en estos momentos tener el sello intransigente del Hamas, y que además, Abu Mazen está en una condición desgastada, por lo que de nuevo todo pinta en que pronto deba ceder su “trono” a un líder alternativo, por lo cual el nombre de Mohammed Dahlan (Abu Fadi) vuelve a hacerse eco en la opinión pública palestina, algo que Abbas no está dispuesto a aceptar sin “pelear”.

El presidente Mazen tiene claro que desea convertirse en el gestor de un hito histórico para el pueblo palestino logrando ser el autor de la aceptación de Palestina como un Estado de pleno derecho, soberano e independiente.

Ciertamente, hay que reconocer que fue el presidente Abbas el impulsor de que la Autoridad Nacional Palestina haya podido acceder a varios foros internacionales, incluyendo ser Estado Observador No Miembro de las Naciones Unidas desde el año 2012 o lograr ser aceptados en las últimas semanas en el marco de INTERPOL, lo cual supone en cierto modo acertados movimientos políticos que de alguna manera se le suman a su carrera política personal, aunque por supuesto, siendo parte de un gobierno acusado por sus opositores internos y externos como corrupto y atroz, pero contando con el mayor grado de  “legitimidad internacional” de la que hayan podido gozar hasta este momento.

Mohammed Dahlan por su parte, se ha convertido en los últimos meses en un legítimo obstáculo político para las intenciones de cualquier otro líder palestino que estuviera en lista de espera para ser ungido como el heredero de la “corona” de Mazen a partir de su salida de la escena palestina. En especial porque el que fuera el “hombre fuerte de Gaza” cuenta con un caudal económico aproximado de $100 millones con el que podría comprar las voluntades de los habitantes en los territorios palestinos, pagar funcionarios y obtener más poder a través de la diplomacia de la billetera.

El presidente Abbas consciente de los cambios que se le vienen encima, ha colocado a Abu Fadi en la lista de 15 palestinos más buscados por el gobierno palestino a través de la incorporación en INTERPOL, lo que debe verse como un esfuerzo del líder de la ANP por preservar su cuota de poder, ya sea en su posición de “presidente vitalicio” o consolidando algún nuevo caudillo salido de sus propias entrañas políticas, así como él mismo recibió la unción del desaparecido Yasser Arafat.

El proceso de reconciliación palestina sin duda tiene otros componentes políticos de por medio más allá de conformar un gobierno de unidad que trabaje a favor de conformar un Estado palestino o como en el pasado, envueltos en el paradigma de destruir a Israel.

Lo que quizás llama la atención es que de nuevo los palestinos están en la mesa de los intereses internacionales, ya que en los últimos años por la serie de conflictos y enfrentamientos que ha vivido Oriente Medio, más otras situaciones de la política mundial; incluyendo elecciones en países importantes (Francia, Alemania, Estados Unidos, etc.), el tema palestino había perdido protagonismo.

Con una legítima carrera de influencias regionales y de luchas internas por poder, los palestinos además de tener los ojos de la opinión pública sobre sí, se confirma una vez más que el principal conflicto en Oriente Medio es el de los intereses de grupos hegemónicos regionales que buscan dominar la zona en conflictos de carácter ideológico – religioso, que además son aprovechados por los poderes globales para ampliar sus sectores de influencia.

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