Las bibliotecas no mueren, se reinventan

» Por Marian Chaves García - Estudiante de Bibliotecología y Gestión de la Información, Universidad Nacional.

Fotografía de Ambam Gorilla.

Se ha anunciado la muerte de las bibliotecas tantas veces que ya parece un cliché. Sin embargo, quienes aseguran su final basándose en el auge de internet no han entrado a una recientemente. Es verdad que las pantallas y el scroll infinito han cambiado nuestra forma de leer, pero sentenciar a las bibliotecas es no entender su esencia. No solo están vivas, sino que hoy nos hacen más falta que nunca.

Han dejado de ser esos templos de silencio absoluto y estantes polvorientos que recordamos. Ahora son lugares que vibran, donde igual puedes descargar un libro digital que experimentar en un laboratorio de creación. Son en realidad, de los pocos refugios que nos quedan donde podemos simplemente ‘estar’, encontrarnos con otros y aprender sin que nadie nos pida algún tipo de pago a cambio.

Lo más increíble es que la tecnología, lejos de borrarlas del mapa, les ha dado una nueva voz. Han llevado su magia a TikTok o Instagram, no por moda, sino para crear comunidades reales. Han logrado que el algoritmo, por una vez, nos invite a descubrir en lugar de solo consumir, demostrando que el aroma del papel y la agilidad del clic pueden convivir perfectamente en las manos de las nuevas generaciones

Su función social sigue siendo el pilar más sólido. En un mundo donde la brecha digital aún excluye a muchos, la biblioteca es el puente hacia la alfabetización digital para niños y adultos mayores. Pero en el futuro, este papel será aún más importante. Con la llegada de la realidad virtual y la inteligencia artificial, la biblioteca no solo ofrecerá estas herramientas, sino algo mucho más valioso: el criterio del bibliotecario. En un mar de desinformación, el bibliotecario emerge como un guía ético y un curador humano indispensable.

En conclusión, las bibliotecas no son reliquias del pasado, sino laboratorios del futuro. Aunque las pantallas hayan cambiado el soporte de la información, el valor de la biblioteca como refugio de cultura e inclusión social permanece intacto. No están desapareciendo; se están reinventando para seguir siendo el corazón palpitante de nuestras comunidades.

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