La educación debe impulsar una cultura de paz

» Por Luis Fernando Allen Forbes - Director Ejecutivo Asociación Salvemos el Río Pacuare

El concepto de paz es muy abstracto y con definiciones muy complejas. No obstante la paz se entiende como la ausencia de conflictos ya sea de orden político, social o económico entre otros.

La búsqueda de la paz es algo común de todos los seres humanos. Se trata de algo que todos anhelamos vivir y sentir, pero que en un mundo tan acelerado como el de hoy, en donde el consumismo es quien define y moldea nuestra identidad, la búsqueda de la paz puede resultar bastante difícil.

La paz nunca es completa y la paz perpetua como muchos la sueñan, sería la absoluta paralización, porque en el conflicto, los participantes demuestran lo que es importante para ellos y donde se sienten amenazados.

En el conflicto se hace valer lo propio; el conflicto es una condición para la paz, desde religiosos, activistas, políticos, filántropos, gobernantes, investigadores de paz, etcétera, todos tienen una idea de paz y a la vez un enorme potencial para construirla o destruirla.

Lo que supone que la paz debe ser pensada en lo social, la educación, los valores, la cultura pero sobre todo en la familia donde se vive y construye. No cabe duda de que la paz es algo muy frágil por lo que hay que trabajar pacientemente todos los días para conquistarla.

La paz no se concibe como una circunstancia, y tampoco como la ausencia de violencia, sino como algo dinámico, como la búsqueda de una solución consensuada de los conflictos, del modo más satisfactorio posible para todos los involucrados.

Actualmente, hay guerras que se desarrollan en distintas partes del mundo apoyados por algunos y condenados por otros. Pese a esto la paz es un asunto que nos concierne a todos porque no es solo un asunto político, es un tema de acción individual que esta relacionada con nuestra actitud y la búsqueda de soluciones a las causas que las provocan.

Después de años y años investigando las causas de una y otra guerra; recontando cabezas nucleares y misiles; conflictos étnicos; conflictos entre religiones; el hambre; la pobreza; la explotación económica; la marginación y otras formas de violencia, el pensamiento generado en torno a la paz debería haber adquirido hoy soluciones y respuestas definidas como instrumento para afrontar la complejidad en sus diversas escalas.

Efectivamente, la investigación para la paz tiene suficiente experiencia acumulada al respecto, pero poca reflexión sistemática. El punto de partida debe ser sin duda la no-violencia, pese a que todas las personas involucradas en acciones pacifistas saben que esto no es suficiente ya que en la práctica cotidiana este marco se ve desbordado por discursos de paz a medias.

Finalmente, si bien una “paz eterna” no constituye ninguna posibilidad real, después de la Segunda Guerra Mundial, la paz comenzó a ser considerada como un objeto de estudio científico teórico-intelectual, en vez de una expresión de valor necesario para guiar las sociedades.

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