La Diplomacia Azul: una oportunidad de oro para incentivar la protección del Océano en el país

En las últimas décadas, en el ámbito de la política exterior Costa Rica se ha posicionado como uno de los Estados defensores en materia de protección del medio ambiente. Para sustentar la posición costarricense, el país ha generado sostenidamente más del 90% de la energía de su territorio de forma renovable, posee cerca del 26% de su territorio nacional destinado a áreas protegidas y reservas forestales. Este pequeño país también cuenta con alrededor del 5% de la biodiversidad mundial, lo que lo convierte en un territorio rico en flora y fauna y en posibilidad de impulsar políticas ambiciosas que vayan de la mano con la protección del medio ambiente.

Actualmente Costa Rica no debe fijar su interés solamente en la protección de áreas verdes, es decir, cuidado de bosques, protección de parques nacionales y creación de políticas y convenios para el mantenimiento de los recursos naturales. Es necesario recalcar que la nación se debe promover internacionalmente con una imagen de “país verde”, incentivando además el ecoturismo. Esta pionera de la paz y de protección del medio ambiente ha tomado el rumbo de adentrarse en un prometedor nuevo camino en las relaciones exteriores, lo que los expertos llaman la Diplomacia Azul.

Para Costa Rica es de vital importancia enfocar su ejercicio de diplomacia de cara a la protección del océano, así como ser una voz en la defensa de los mares y los recursos marinos, por cuanto este es uno de los ejes principales en el accionar frente al cambio climático que tanto afecta al mundo hoy en día.

De unos años hacia la actualidad se está comenzando a explorar en el país la posibilidad de generar alianzas estratégicas que promuevan prácticas provechosas para la protección del océano, sus mares y también que plantee el uso correcto de sus recursos marinos. En este contexto, para ejercer la Diplomacia Azul es de igual manera esencial tomar en consideración poblaciones costeras que dependen del océano mediante la protección de la pesca y el turismo a fin de generar un flujo económico productivo y medioambientalmente responsable en la zona.

La Diplomacia Azul busca centrarse en una cooperación específica donde el objetivo sea fortalecer y promover estudios e investigación científicas y técnicas, pero también la promulgación de actividades culturales y educativas que permitan entender la importancia de la protección del océano, transformando así la acción humana que genera contaminación sobre los recursos hídricos del planeta. El territorio azul o territorio oceánico del país es de 572 877 km2, muy por encima de sus 51 030 km2 de superficie terrestre. Costa Rica también debe empezar a percibirse como un país marino.

Fundamentando el enorme prestigio que implica para Costa Rica el posicionarse como un país marino, esto ha generado la firma de un convenio de cooperación interinstitucional entre la Universidad Nacional (UNA) y el Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto que dio pie a la creación de la Cátedra Azul. La posibilidad para Costa Rica de posicionarse como pionera en el ejercicio de la Diplomacia Azul también tiene su momento cumbre a raíz de su participación como coanfitrión junto a Francia en la III Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Océano (UNOC25) que se llevará a cabo en la ciudad francesa de Niza para el año 2025. Para este año se espera que se celebren reuniones y actividades preparatorias en territorio nacional de cara al evento mundial del próximo año.

El abordaje de la protección del océano para Costa Rica representa una oportunidad única para su posicionamiento mundial como promulgadora de la necesidad de creación de alianzas, convenios y tratados internacionales en materia medio ambiental donde se vele por la conservación de la flora y fauna marina, la reversión de la contaminación hídrica que ha contribuido al cambio climático, y la necesidad de velar por evitar la continua acidificación del océano. La Diplomacia Azul vino para posicionarse para bien en Costa Rica, a fin de generar una agenda y ruta de trabajo que procure avanzar hacia la salud del océano y su uso sostenible por medio del logro efectivo de metas coherentes. El país y el mundo necesitan lograr resultados rápidos al respecto.

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La autora es Bachiller en Francés y Enseñanza del Francés, actualmente estudiante de la maestría en Relaciones Internacionales y Diplomacia UNA.

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