Fraternidad

Fraternidad (Fraternité) o Solidaridad (Solidarité) utilizada por algunas fuentes es el valor olvidado de la Revolución Francesa, señalan muchos expertos en el tema. Libertad (Liberté) e Igualdad (Egalité) han sido los otros dos valores que resumen los ideales revolucionarios de aquel entonces (1789) que adquirieron tal peso futuro que pasaron de ser solo valores, a convertirse incluso en sistemas políticos, formas de gobierno y Estados constituidos.

La libertad se convirtió en la razón de ser del liberalismo y del sistema capitalista hasta nuestros días, concibiendo al individuo en el amo y señor de dicho sistema, a tal punto, que este individuo subjetivo, se ha contrapuesto, no al individuo real de “a pie” que de hecho no existe si somos seres sociales, no hay espacio para lo individual, sino a la persona que es un ser concreto (particularidad y todo a la vez), beneficiando a unos pocos en detrimento de la calidad de vida de la mayoría. Algunas publicaciones recientes señalan que 8 magnates son actualmente más ricos que la mitad de la población mundial, en tanto 3 niños mueren de hambre cada minuto. El mercado de intercambio de bienes, servicios, capitales, etc. se convierte en esta perspectiva liberal en el amo y señor de la lógica económica y de la distribución dela riqueza, de las relaciones sociales en general y hasta del intercambio o venta de ideas. Millones han muerto a manos de la pobreza generada y reproducida por el capitalismo, así como por las guerras que este ha provocado.

Por otra parte, la igualdad se transformó en la palabra inspiradora de los socialismos y del comunismo. Se convirtió en la justificación del colectivismo extremo en sus diversas formas, pretendiendo unificar a las personas que por naturaleza son diversas, beneficiando a unos pocos, miembros del partido. Millones murieron a manos del comunismo de la URSS, de China, Vietnam o Camboya. La llamada Planificación Centralizada o estatizada, único instrumento periódico valido en entonces países comunistas, se estableció en el cerebro, hacedor y distribuidor de la riqueza, eliminando en gran medida los dotes particulares que los intereses personales suscita y la diversidad personal como motores de la creatividad, la justicia remunerada y la solidaridad libre y no impuesta. El Dios Plan, nacido solo de esfuerzos socializados y que todo lo prevé, se volvió en hacedor de respuestas a las necesidades comunes y generales de la ciudadanía, limitando el interés particular de las personas como motor del progreso tanto propio como social.

Ambos, libertad e igualdad, por si solos, se convirtieron por más de un siglo en los justificantes de muertes, guerras, espionaje, conspiraciones, destrucción de la naturaleza y separación de los más altos ideales, no religiosos, aunque inspirados en ellos, alcanzados por la acción auto liberadora del ser humano y plasmados en la Carta Universal de Derechos Humanos constituida como resultado de la segunda postguerra mundial.

Pese a tal avance comparado con siglos pasados, basta observar la actualidad, para darse cuenta que, en la mayoría de las casos, los conflictos naturales presentes en toda relación humana y social, se desembocan en guerras fratricidas iguales o peores de las dos guerras mundiales del siglo XX, con el agravante actual, de que son más las naciones que para “sacar pecho”, tienen acceso a armas de destrucción masiva, tan destructivas como son las químicas, biológicas y sobre todo atómicas o bien combinaciones de ellas. En resultado, las potencias modernas de primero o segundo orden, logran con ello aumentar su poderío velico para tener vos y voto en el “mundillo geopolítico” donde las decisiones reales, que la mayoría no nos damos cuenta pues se realizan tras bambalinas de la ONU, otras instancias internacionales supuestamente formales e institucionalizadas para el debate, la resolución de conflictos, la negociación y el acuerdo en pos de evitar conflictos globales devastadores, “enhebran y bordan” un mundo más complejo al que vemos y menos comprensible al que creemos entender.

¿Y la fraternidad? ¿A dónde fue a dar la fraternidad? Si alguno lo sabe qué me lo diga. Lo cierto es que por razones que desconozco, la misma quedó en desuso no más su nacimiento. Fraternidad, que implica ni más ni menos el valor de la hermandad, del ser parte de una sola familia universal, parece que como letra en papel quedo casi borrada y en la práctica se convirtió en fantasma invisible de las relaciones humanas. Si Fraternidad, palabra que evoca el “nosotros”, el ser parte del otro, la “otroriedad” como señalan algunos sociólogos. Familia, sangre de mi propia sangre, sangre universal milenaria única que nos relaciona a todos como pertenecientes a algo único y común.

Sin fraternidad los ideales de libertad se vuelven en egoísmo puro, interés por lograr solo mi bienestar y el de “los míos”. La otroriedad, el ser parte del otro no existe, el otro no es ya parte del nosotros, es uno “ajeno a lo mío” que incluso puede estorbar a nuestros deseos y por ello, hasta exterminarlo es justificable. Sin Fraternidad la igualdad se convierte en despersonalización, en “solidaridad forzada”, justificada en un supuesto todos somos idénticos, semejantes y merecemos lo mismo.

La naturaleza humana es compleja y dinámica, los revolucionarios franceses lograron articular en tres palabras, libertad, igualdad y fraternidad, muchos de los valores más altos que a lo largo de la historia humana, expuestos en tradiciones, libros sagrados, filosofía, poesía, etc., la señalan como la estrella dorada a ser alcanzada por las sociedades más desarrolladas. Mas este banco de tres patas funciona en tanto tenga como mínimo tales y no menos.

Independientemente de un origen religioso del término Fraternidad, la ciencia se ha encargado de demostrar a través de estudios genéticos, bio-arqueología, medicina forense, etc., que no existen las llamadas razas, dado que somos una sola especie cuyo genotipo, es decir en términos genético-fisiológicos, somos en más de un 98% semejantes según algunos estudios, en lo que diferimos, fenotipo, es en aspectos externos aparentes implícitos en piel, cabello, ojos, etc., fruto de la procedencia climático-geográfica en la que pueblos y culturas se han asentado y/o emigrado por siglos. Eso es todo. La prueba más fehaciente de que no somos razas diversas sino una solo especie, es la obviedad de que podemos hombres y mujeres podemos “cruzarnos” genéticamente dando como resultado retoños, niños frutos de dos supuestas razas, situación que es imposible. Por ello, somos seres fraternos en tanto somos especie y a su vez, somos especie que nos confirma como nacidos para la fraternidad.

Hoy día se habla de la necesidad de un Orden Mundial más solidario (Fraterno), que oriente las relaciones sociales entre las naciones de una manera que todos tengan acceso a un desarrollo integral, sostenible, equitativo, justo.

Desde mi punto de vista, tal aspiración no será una realidad si la fraternidad no se convierte parte de la cultura global que tal Orden pretende.

Si la fraternidad nos hace hermanos, en palabras de una gran mujer que hace unos años partió de este terrón de tierra, Chiara Lubich, italiana nacida en la ciudad de Trento y fundadora de un extenso movimiento católico, Movimiento de los Focolares, al que se le han sumado, por su énfasis en la unidad y Fraternidad de la familia humana, católicos de diversos procedencias, cristianos de diferentes denominaciones, miembros de otras religiones, personas de otros credos y culturas teístas y no teístas entre otros.

Al respecto aclaro que soy anglicano y practico el budismo Zen, sin embargo, me considero hijo espiritual de esta inmensa alma que fue Chiara Lubich.

El mensaje de Chiara es simple, como todo lo esencial y valedero procedente del evangelio, requerimos descubrirnos hermanos, tratarnos con verdadero amor recíproco, ese que va y regresa, ese que nos constituye en familia. A la dinámica que surge Chiara la llamaba el arte de amar y la concebía en cuatro aspectos básicos.

Para Chiara, en tanto católica, lo primero es ver a Jesús en el hermano, frase tan simple pero tan profunda. Si veo a Jesús en el hermano, quiere decir que mi hermano es no solo Jesús, sino también mi hermano, en tanto tal, es mi familia. Ya aquí estamos indirectamente implicando al termino fraternidad. Algo importante, una persona no cristiana o no creyente ¿cómo asume esta realidad? Pues fácil, simplemente ve en el otro a su hermano y ya. El amor recíproco que se suscite entre ambas personas es Jesús mismo y será él quien mueva los corazones manifestándose libremente, no para convertirlo necesariamente, sino para hermanarlos.

Lo segundo, amar a todos. Y todos son todos. Desde quien piensa o actúa diferente a mí, hasta el que en situaciones de conflicto me enfrenta abiertamente. Ciertamente no se trata de aceptar todo lo que el otro pretende, pero si estar totalmente abierto a un diálogo transparente y honesto hasta construir una nueva relación entre las partes. Si hablo de todos, estos incluyendo al nosotros, que es otra forma de apelar a la Fraternidad.

Ser los primeros en amar. No esperar ser amado para amar. El amor evangélico y Jesús mismo como persona, siempre fueron de primero al encuentro del otro, de su necesidad, de su situación particular, o estuvieron prestos a reaccionar al sufrimiento o condición del otro. Si estamos hablando de otro, es porque la Fraternidad ya es.

Y finalmente, amar al enemigo. Ya el amar a todos, es amar al enemigo, sin embargo, se hace énfasis en este pues no es fácil amar a aquel que nos ha provocado daño, a mi o a los míos. Nuevamente, amar al enemigo requiere amar a aquel que, aun considerándolo que no sea parte de los míos, de mi familia, lo es. Fraternidad nuevamente.

Para finalizar, el mundo ha hecho énfasis por siglos en la libertad y la igualdad, más el banco en el que se asienta el desarrollo humano no se mantendrá firme sin su tercera pata, la Fraternidad. Pero la Fraternidad no es un simple valor, a de convertirse en acto puro, inspirador de proyectos e iniciativas de las más diversas magnitudes y propósitos. Como decía Chiara Lubich, “el amor (o la fraternidad) no es completo si no es concreto”. Cuantos esfuerzos requerimos hoy día a todo nivel, involucrando al mayor número de personas, en nuestro metro cuadrado y más allá, para hacer que la tercera pata equilibre y sostenga al banco de un mundo que necesita urgentemente que surja una humanidad nueva.

Los artículos de opinión aquí publicados no reflejan necesariamente la posición editorial de EL MUNDO. Cualquier persona interesada en publicar un artículo de opinión en este medio puede hacerlo, enviando el texto con nombre completo y número de identificación al correo redaccion@elmundo.cr.

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