Fracaso gubernamental en empleo

La administración Solís Rivera se comprometió a crear 217 mil nuevos puestos de trabajo para abril del 2018. Luego de tres años de mandato, solo ha sido capaz de que la economía –no el gobierno- cree el 26% de lo ofrecido. Le falta solo un año para cumplir con el 74% de su oferta en materia de empleo. Ya no va a tener tiempo para cumplir. Esto es mucho más grave y doloroso que un simple incumplimiento de una promesa de gobierno: hoy, el 42% de los trabajadores está en empleo informal, un 9.5% en desempleo abierto y un 9% en subempleo. En total, el 60.5% de los trabajadores costarricenses está en una situación laboral precaria.

Los empleos los crea la actividad productiva. La razón de este fracaso gubernamental tiene que ver con un hecho concreto; la presente Administración, en su Plan Nacional de Desarrollo, dijo cuántos empleos quería crear pero no fue claro ni visionario ni eficiente en identificar y ejecutar las acciones para que la economía – repito, no el gobierno- generara esos puestos de trabajo. Por una parte, el sector público, salvo muy residualmente, no es creador de empleo. Los generadores de empleo son quienes tienen, crean y amplían empresas, sean éstas grandes, medianas, pequeñas o micro empresas, privadas o de economía social como las cooperativas. Al gobierno lo que le corresponde es crear las condiciones para que la economía crezca lo suficiente como para  que, correlativamente, haga crecer el número de empleos posibles.

Al gobierno lo que si le correspondía era y sigue siendo resolver algunos problemas que afectan la competitividad del país, reducen el ánimo de inversión productiva y dificultan que la economía crezca a un 7 u 8% que es lo que se necesita para combatir, de manera eficiente y real el desempleo en todas sus manifestaciones. Aunque, ciertamente, la economía nacional ha crecido, lo ha hecho a porcentajes insuficientes para generar más puestos de trabajo.

Los retos en competitividad. Incapaz de cortar los nudos gordianos en construcción de obra pública, de alinear la formación del recurso humano con las demandas del mercado laboral, de mejorar los precios de los servicios públicos y del dinero, de acabar de una vez por todas con la tramitomanía burocrática para crear empresas, producir y vender en el mercado local o exportar y de ajustar el gasto público a la realidad fiscal, el gobierno no ha sabido, igualmente, mejorar los indicadores de competitividad del país de cara a la competencia global. Le quedó grande el encargo. Para muestra un botón: a la altura de diciembre pasado, Costa Rica ocupó el penúltimo lugar en el mundo en ancho de banda  de internet. ¿De verdad es así como queremos competir con las economías emergentes más vigorosas?

Comercio exterior sin profundidad. Sumado a ello, no conozco estudios serios, confiables e independientes que nos indiquen cuál es el grado de aprovechamiento efectivo que estamos haciendo de las ventajas que ya nos ofrecen la gran cantidad de tratados de libre comercio que tenemos en vigencia con la Unión Europea, Estados Unidos, Canadá, México, China y con el CARICOM para mencionar, únicamente, algunos mercados que ya tenemos abiertos. Cifras extraoficiales señalan que, en el mejor de los casos, nuestra profundidad del mercado potencial que tenemos no excede el 20%. Es decir que estamos desaprovechando –repito, en el mejor de los casos- un potencial del 80% del mercado ya abierto en las principales economías del mundo.

Crear empleo es posible. Si mejoramos nuestra competitividad interna y penetramos con mayor profundidad los mercados que ya tenemos abiertos, la demanda de bienes y servicios costarricenses se multiplicará –aún en tiempos de ralentización económica- y generará –ahora si- los empleos que el país demanda para dar un puesto de trabajo estable y bien remunerado a ese casi millón de costarricenses que hoy viven con congoja su presente y ven con desesperanza su futuro. El fracaso de este gobierno en materia de empleo –para citar solo este sector- debe servir de lección a todos lo que, como yo, aspiramos a gobernar este país: al gobierno no se llega a improvisar, hay que llegar sabiendo el qué y el cuánto pero, también, el cómo hacer lo que hay que hacer. Lección aprendida.

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