En un momento crucial para la producción ganadera mundial, el sector en Costa Rica enfrenta uno de los mayores desafíos de su historia reciente: la necesidad imperante de producir más, con menos recursos y de una forma más limpia. Esta compleja ecuación exige un delicado equilibrio entre la sostenibilidad ambiental y la rentabilidad económica, una prioridad ineludible para la supervivencia del sector.
Esta situación se ha visto agravada por lo que muchos consideran un escaso apoyo del gobierno de Rodrigo Chaves al sector agropecuario. La percepción generalizada es que la ganadería ha sido un sector abandonado, dejado a su suerte en un entorno de crecientes presiones económicas y ambientales.
Como empresario del sector ganadero con más de 50 años de experiencia, he sido testigo de la evolución de nuestra actividad y de los desafíos que ha enfrentado. Hoy, más que nunca, la sostenibilidad se ha posicionado no como una opción, sino como el único camino para asegurar el futuro de nuestras fincas. En los últimos años, la producción ganadera ha pasado de ser una actividad económica a ocupar un lugar central en las discusiones globales. Ya no solo hablamos de carne y leche, sino de sostenibilidad alimentaria. La ganadería se encuentra bajo un intenso escrutinio, tanto por el impacto ambiental asociado a nuestra labor como por el papel crucial que desempeñamos en la seguridad alimentaria global. En un mercado global cada vez más competitivo, la ganadería de Costa Rica enfrenta un desafío monumental. Mientras países productores a nivel mundial implementan políticas de apoyo y protección para su sector agropecuario, nuestro país parece quedarse rezagado. La falta de un respaldo gubernamental contundente nos pone en una clara desventaja. Si el gobierno de Costa Rica no se “pellizca” y actúa con urgencia, continuaremos perdiendo terreno frente a naciones que sí protegen y apalancan su producción.