Iglesia Católica pide a Laura Fernández y diputados solución a listas de espera de la CCSS

Cartago, 10 may (elmundo.cr) – Este sábado se celebró la Santa Eucaristía con ocasión del inicio del nuevo mandato constitucional de la presidenta de la República, Laura Fernández, en la Basílica de Nuestra Señora de los Ángeles, en Cartago.

El sermón estuvo a cargo de monseñor Javier Román, obispo de Limón.

Monseñor Román señaló que “la señora presidente haya querido venir precisamente aquí, delante de la Negrita de los Ángeles, para encomendar a Dios su misión y sus responsabilidades. Ese gesto nos recuerda que hay decisiones y cargas que no pueden sostenerse solamente con nuestras propias fuerzas”.

“Pedimos al Espíritu Santo que acompañe a la señora presidente y a quienes compartirán con ella esta responsabilidad. Que les conceda sabiduría para decidir, prudencia para escuchar y claridad para actuar pensando siempre en el bienestar de nuestro pueblo. Porque la vida pública no está separada del plan de Dios”, aseguró.

Monseñor Román recalcó que “la política vivida con rectitud puede convertirse en una verdadera vocación orientada al servicio de los demás. Quien gobierna no lo hace solamente con poder, sino con responsabilidad ante Dios y con la justicia”.

“Nuestro país necesita firmeza, sí, pero también humanidad. Necesita autoridad, pero también compasión. Necesita decisiones valientes, tomadas sin perder la sensibilidad del corazón”, aseguró.

El obispo cuestionó: “¿Qué es lo que necesita un gobierno? Necesita gobernantes capaces de unir, de escuchar, y de pensar siempre en el rostro de las personas más sencillas. Necesita una política que no se aleje del sufrimiento de la gente”.

Monseñor Román hizo un llamado a la presidenta Fernández a trabajar por el bienestar de las familias, los agricultores, los pescadores, los emprendedores y los productores. “Y cómo no pensar también en tantas familias trabajadoras de la zona del Caribe, que hoy viven con preocupación e incertidumbre ante el cierre de plantaciones bananeras y la pérdida de empleo. Detrás de cada despido hay hogares, niños, adultos mayores, y personas que miran el futuro con angustia”.

“Necesitamos también mirar con responsabilidad el sufrimiento de quienes esperan durante meses y años una cita, una operación, o un tratamiento médico, llevando sobre los hombros el dolor y la incertidumbre, la lista de espera que son un dolor nacional y una herida al corazón”, sostuvo.

El obispo insistió en que no olvide a los jóvenes, los pueblos indígenas, las familias de las zonas portuarias, “una nación avanza verdaderamente cuando nadie siente que ha sido dejado atrás”.

“Ese esfuerzo no puede recaer solamente sobre el gobierno. Es una responsabilidad que compromete al Poder Ejecutivo, al Poder Legislativo, al Poder Judicial, a las instituciones del Estado, a los sectores sociales, a las universidades, a los empresarios, a los trabajadores, a las familias y también a las distintas confesiones que desean aportar desde su fe al bienestar de nuestra patria”, manifestó.

Además recordó que “los desafíos que tenemos delante son demasiado grandes para enfrentarlos divididos. Ningún sector por sí solo podrá sacar adelante al país. Necesitamos redescubrir que seguimos siendo un solo pueblo, llamado a caminar unido y a construir con confianza el futuro de nuestra nación”.

“Como Iglesia, queremos decirle con sinceridad, señora presidente, oramos por usted. No solamente en esta celebración, cada domingo la Iglesia eleva su oración ante quienes tienen responsabilidad de conducir los pueblos. Y aunque pueden existir distintos puntos de vista sobre algunos temas, que nunca se pierda el respeto, la capacidad de escucharnos y la búsqueda sincera de lo mejor para todos”, comentó.

El obispo señaló que “el pueblo espera mucho de quienes reciben una responsabilidad tan grande, señora presidente. Pero quizás la más importante nunca será solamente la capacidad de gobernar, sino conservar la capacidad de escuchar, de reconocer errores y no olvidar nunca a quienes más necesitan ser vistos y acompañados. Porque al final toda autoridad pasa y el poder pasa. Lo que permanece es el bien que hizo, la paz que sembró y el amor con que sirvió a los demás”.

“Ponemos en las manos de nuestra madre, la Virgen de los Ángeles, el presente y el futuro de nuestra patria. Que ella acompañe cada paso de este nuevo gobierno, proteja a nuestro pueblo y nos ayude a vivir como hermanos y que el Señor nos conceda caminar unidos con verdad, justicia y esperanza”, concluyó.

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