Antecedente
En el imaginario colectivo costarricense persiste, con notable tenacidad, la idea de una supuesta “blanquitud” nacional. Este constructo cultural, más que una realidad histórica o demográfica, constituye una narrativa identitaria profundamente arraigada, que ha operado como mecanismo simbólico de diferenciación social, legitimación política y proyección internacional.
No se trata, por tanto, de una simple percepción errónea, sino de un dispositivo cultural que ha contribuido a moldear la forma en que el país se piensa a sí mismo y se presenta ante el mundo.
Génesis del mito
Desde una perspectiva histórica, el mito de la blanquitud costarricense comienza a gestarse durante la época colonial.
A diferencia de otros territorios de la América hispánica con fuertes concentraciones de población indígena o afrodescendiente, el Valle Central desarrolló una estructura social caracterizada por la dispersión poblacional, la limitada implantación de economías esclavistas a gran escala y la formación de pequeños propietarios.
Esta singularidad fue posteriormente reinterpretad de manera interesada como evidencia de una supuesta homogeneidad étnica “blanca”.
Sin embargo, como ha señalado Iván Molina Jiménez, la idea de una Costa Rica blanca no responde a la realidad histórica, sino a una construcción ideológica que invisibiliza la diversidad étnica del país (Molina, 2005).
En efecto, tanto los registros coloniales como las investigaciones contemporáneas evidencian la presencia constante de poblaciones indígenas, afrodescendientes y mestizas, cuya contribución ha sido sistemáticamente marginada del relato nacional dominante.
El siglo XIX resultó decisivo en la consolidación de este mito
Durante el proceso de formación del Estado-nación, las élites políticas e intelectuales promovieron una imagen de Costa Rica como una “república de pequeños propietarios blancos”, en contraste con las sociedades centroamericanas consideradas más heterogéneas.
Este discurso operó como estrategia de legitimación interna y como recurso de diferenciación externa en el marco de la economía cafetalera.
En este proceso, la noción de ciudadanía se entrelazó con códigos culturales asociados a la blanquitud. Ser ciudadano implicaba no solo derechos jurídicos, sino la adhesión a un ideal de respetabilidad social vinculado a lo europeo. En este sentido, la blanquitud no debe entenderse como un dato biológico, sino como una categoría simbólica. Como sostiene Carlos Sandoval García, esta funciona como un ideal cultural asociado al progreso, la modernidad y la respetabilidad (Sandoval, 2004).
Este fenómeno puede comprenderse a la luz de la teoría de la colonialidad del poder desarrollada por Aníbal Quijano, quien plantea que las jerarquías raciales coloniales se reconfiguran en las sociedades republicanas latinoamericanas (Quijano, 2000). Desde esta perspectiva, el mito de la blanquitud costarricense constituye una manifestación específica de un patrón estructural de clasificación social basado en la racialización.
No obstante, una comprensión más profunda del fenómeno exige abordar su dimensión epistemológica.
Descolonizar el pensamiento histórico
En mi obra Descolonización del pensamiento histórico, he sostenido que las sociedades latinoamericanas no solo heredaron estructuras de dominación, sino también matrices interpretativas que condicionan la forma en que comprenden su pasado (Villalobos Chacón, 2020).
En este sentido, el mito de la blanquitud no es solo una narrativa histórica, sino el resultado de un modo específico de producción del conocimiento.
Como se argumenta en dicho texto, “la historia oficial opera como un dispositivo de poder que selecciona y jerarquiza los elementos del pasado en función de una racionalidad dominante” (Villalobos Chacón, 2020, p. XX).
Esta racionalidad, profundamente marcada por el eurocentrismo, ha favorecido la asociación entre blanquitud, civilización y legitimidad.
Este proceso ha derivado en una forma de auto-colonización simbólica, en la cual la sociedad se evalúa a sí misma a partir de parámetros externos. Como señala Pierre Bourdieu, este tipo de dominación se ejerce mediante la internalización de esquemas de percepción que naturalizan la desigualdad (Bourdieu, 1991). Así, la blanquitud se convierte en un ideal aspiracional que trasciende lo fenotípico para instalarse en el ámbito cultural.
A ello se suma el papel del sistema educativo, los medios de comunicación y la historiografía tradicional, que han contribuido a reproducir una imagen homogénea de la nación. Durante décadas, estos dispositivos han reforzado la idea de una Costa Rica blanca y excepcional, invisibilizando su diversidad estructural.
Las consecuencias de esta narrativa han sido múltiples. Ha contribuido a la invisibilización de comunidades afrodescendientes e indígenas, ha favorecido la negación del racismo como problema social y ha operado como criterio implícito de pertenencia nacional.
Sin embargo, en las últimas décadas se ha producido un proceso de revisión crítica. Este giro puede interpretarse a la luz del concepto de identidad narrativa de Paul Ricoeur, quien sostiene que las comunidades se constituyen a través de relatos que pueden ser reinterpretados (Ricoeur, 1996).
La identidad nacional, en consecuencia, no es fija, sino dinámica.
Desde esta perspectiva, descolonizar el pensamiento histórico implica no solo incorporar nuevas voces, sino transformar los marcos interpretativos. Como he planteado, “no basta con ampliar el relato; es necesario cuestionar las categorías que han definido su estructura” (Villalobos Chacón, 2020).
Conclusión
Costa Rica enfrenta hoy el desafío de revisar críticamente uno de sus mitos fundacionales más persistentes. Reconocer la diversidad no debilita la identidad nacional, sino que la fortalece al hacerla más compleja e inclusiva.
Desmontar la ficción de la blanquitud constituye, en última instancia, un acto de descolonización intelectual. Es la posibilidad de construir una narrativa nacional más honesta, más plural y acorde con la realidad histórica del país.
Referencias
* Bourdieu, P. (1991). Language and symbolic power. Harvard University Press.
* Molina Jiménez, I. (2005). Costarricense por dicha: identidad nacional y cambio cultural en Costa Rica durante los siglos XIX y XX. Editorial UCR.
* Quijano, A. (2000). Colonialidad del poder, eurocentrismo y América Latina. Revista Internacional de Ciencias Sociales, 153, 533–580.
* Ricoeur, P. (1996). Sí mismo como otro. Siglo XXI Editores.
* Sandoval García, C. (2004). Otros amenazantes: los nicaragüenses y la formación de identidades nacionales en Costa Rica. Editorial UCR.
* Villalobos Chacón, F. (2020). Descolonización del pensamiento histórico. Imprenta Nacional CR.