El poder de unirnos

» Por Manuel Zúñiga - Asesor Pedagógico MEP

“Cuando una avalancha avanza ladera abajo es común que encuentre en su camino barricadas que por momentos la detenga. Esa avalancha crece y crece hasta que llega el momento que ya no hay dique suficientemente fuerte para detenerle. Y a partir de ese momento empiezan los desastres porque todo a su paso será irremediablemente arrasado”.

Bueno eso está pasando en Costa Rica. Si algo le enseñó el Combo ICE a la clase política del país es que el empleado público en su representación obrera o sea el sindicato eran un muro que por muchos años ya lograba resistir la arremetida política contra la sociedad costarricense y entonces ahí inició una campaña sistemática de desprestigio no solo de los sindicatos, sino además del empleado público en general…

Es curioso como por años se fue construyendo ese imaginario de “vago” del docente, enfermero, médico, secretaria, empleado del AYA, ICE, MOPT o Recope… da igual el lugar de trabajo porque la generalización es la misma.

Es curioso como el ciudadano promedio se come esos discursos tan fácilmente porque los diga Ignacio Santos o Yerri Alfaro; curioso porque casi en cada familia costarricense hay un empleado público. Es decir, de una o de otra forma el Estado por años ha contribuido con el bienestar de miles de familias producto del salario que devenga una persona.

Por eso que acabo de decir es que curiosamente la prensa empezó a señalar “la injusticia que el empleado público gane más que el empleado de la empresa privada” y nos hace ver diametralmente opuestos y enemigos cuando en realidad ambos somos asalariados.

Y el tema no termina ahí; el tema es más complejo. Se empezó a culpabilizar de la injusticia al empleado público y no al empresario que es quien paga un salario desigual en su empresa por estar regido por una óptica empresarial de eficiencia. Cosa que en sencillas palabras significa lucrar; es decir que se debe reducir costos de operaciones para incrementar ganancias y una forma de hacerlo es pagar menos a sus trabajadores.

Luego vinieron los empresarios y nos construyeron un discurso que las instituciones del Estado deben generar ganancias cuando en realidad surgieron para brindar un servicio social al más bajo costo económico posible porque deben pensar en cubrir a las personas más necesitadas.

Pero no. El pueblo ahora cree que el ICE y la CCSS o el MEP debe producir dinero y no entiende que su función es brindar servicios sociales casi o gratuitos del todo. Porque esa es su naturaleza.

¿Pero bueno que ha pasado con la avalancha neoliberal? Viene camino abajo y el último dique de contención que son los sindicatos están a punto de ceder y cuando ello pase no va a quedar nada a su paso.

Ya la devastación es evidente en el país: aumento del desempleo, narcoavionetas a la libre, migración masiva, delincuencia y drogas, cierre de comercios, salarios congelados porque las empresas dicen seguir en crisis, reducción de la inversión social.

Y si usted analiza todo lo mencionado va al golpear con todo a los estratos más pobres de la sociedad. Esa avalancha no va a pasar por Rohrmoser o La Rivera o el Club Unión; esa avalancha va dejar en escombros a Guanacaste, Limón y Puntarenas; además de los barrios marginales del Valle Central.

Esa avalancha va a golpear las casas de precario, esa avalancha está golpeando al niño descalzo, la madre soltera, el adulto mayor, el indígena y al campesino. No al señor Egloff que arremete contra las huelgas y los empleados públicos que son la última esperanza del pueblo.

El Estado no produce nada, solo sirve para parasitar de lo que usted y yo producimos al cobrarnos impuestos y esos dineros son invertidos o así debería serlo en nosotros mismos y no para que un gobierno crea que es su dinero y lo destine a los más ricos y empresarios solo porque ellos manejan la banca, el sistema crediticio y hasta la justicia. ¡¡¡No es así y no se vale así!!!

Lo malo es que años de adoctrinamiento popular nos dan como resultado una sociedad sin solidaridad en términos de derechos fundamentales y luchas sociales. Nos volvimos una sociedad donde tu problema es solo tu problema y no el problema de todos.

Nos han separado, nos han dividido, nos metieron prejuicios de unos contra otros: nos separaron por religiones, color de piel, nacionalidad, profesión, sexo, edad y hasta por gustos. Así se aseguran que son más las cosas que nos separan que las que nos unen.

En realidad, nos debería unir la lucha contra la corrupción, la desigualdad, la injusticia y el flagelo de la pobreza. Pero seguimos siendo egoístas. Debemos sumar gente a una lucha nacional conscientes que las luchas se ganan luchando de forma seria, organizada y consciente.

El país se nos va de las manos y seguimos siendo revolucionarios de redes. Ojalá este llamado sirva de algo: una caminata, una velada a los corruptos, un grafiti de denuncia en una pared, un comentario al vecino, pero algo que la inacción e indiferencia nos está matando por separado en colectivo.

Manu Zúñiga le saluda.

Los artículos de opinión aquí publicados no reflejan necesariamente la posición editorial de EL MUNDO. Cualquier persona interesada en publicar un artículo de opinión en este medio puede hacerlo, enviando el texto con nombre completo, fotocopia de la cédula de identidad por ambos lados y número de teléfono al correo redaccion@elmundo.cr.

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