El peligro de ver la vejez como enfermedad y causa de muerte

» Por Jenny Mora Vargas – Psicogerontóloga Asociación Costarricense de Alzheimer

Recientemente se han publicado en Iberoamérica, una serie de artículos criticando la posibilidad de que la ONU incluya en el CIE-11 (Clasificación Estadística Internacional de Enfermedades y Problemas Relacionados con la Salud) a la vejez como enfermedad y causa de muerte.

Uno de los artículos clave al respecto fue el escrito por Edward Sorrentino, el 10 de junio en OLHAR DIGITAL, titulado “La OMS quiere clasificar la vejez como una enfermedad; los expertos critican”.

En este se afirma que “Robert Jakob, quien encabeza el equipo de clasificación de términos de la OMS, dice que el cambio no convierte a la vejez en una enfermedad sino en una condición y que en la práctica poco cambiará. La etiqueta “vejez” sustituirá a la “senilidad” utilizada hasta ahora”. Además, se cita que “Sin embargo, los expertos critican que la medida pueda llevar a un error en el diagnóstico de muertes por anciano. Si la mayoría de las muertes de personas mayores de 60 años se clasifican como vejez, esto puede provocar problemas de datos

En la propuesta para la CIE-11 disponible en la internet encontramos en el inciso 21 la categoría MG2A

  • 21 Síntomas, signos o hallazgos clínicos anormales no clasificados en otra parte
  • Síntomas, signos o resultados clínicos anormales en general
  • Síntomas generales
  • MG2A Vejez

Inclusiones

  • vejez sin mención de psicosis
  • senescencia sin mención de psicosis
  • falta de fuerza senil

Exclusiones

  • demencia senil (6D80-6D8Z)

Sin embargo, en la vigente CIE-10 encontramos en la Lista de Categorías de Tres Caracteres

  • Síntomas y signos generales (R50–R69)
R-54 Senilidad
  Astenia

Debilidad

} Senil
  Senectud

Vejez

} sin mención de psicosis
  Excluye: psicosis senil (F03)

 

Esto es, la inclusión de la vejez como enfermedad no es algo nuevo para el CIE-11, ya está en el CIE-10 y, al parecer, la idea es cambiar en título de esta categoría “Senilidad” por “Vejez.

En otras palabras, el error de diagnóstico resaltado por los expertos puede haberse dado ya con el criterio vigente; el problema ya está presente.

Aclarado lo anterior podemos ahora entrar a discutir el tema enunciado en el título de este artículo, si la vejez debe ser considerada una enfermedad y una causa de muerte.

¿Qué debemos entender por vejez?

En primer lugar, debemos precisar el término vejez y resulta difícil encontrar definiciones claras de los términos por la OMS. Así, en el Informe Mundial sobre El Envejecimiento y La Salud del 2015 de la OMS, utiliza el término de vejez sin definirlo formalmente. Lo más cercano a una definición de vejez está en el Glosario donde se encuentran los siguientes términos: “Viejo—“Constructo social que define las normas, las funciones y las responsabilidades que cabe esperar de una persona mayor. Se utiliza con frecuencia en un sentido peyorativo” y “Persona mayor—Persona cuya edad ha superado la esperanza de vida media al nacer.” Nótese que estos términos no establecen que la vejez es una enfermedad sino una etapa de la vida, la de persona mayor, cuyo inicio no está claramente asociada a una edad definida pues dependerá de la esperanza de vida media al nacer, que a su vez depende del entorno en que ha vivido la persona.

Por otro lado, el proceso de envejecimiento tampoco es considerado una enfermedad como puede desprenderse de las siguientes frases: “…el envejecimiento está asociado con la acumulación de una gran variedad de daños moleculares y celulares (2, 3). Con el tiempo, estos daños reducen gradualmente las reservas fisiológicas, aumentan el riesgo de muchas enfermedades y disminuyen en general la capacidad del individuo. A la larga, sobreviene la muerte. Pero estos cambios no son ni lineales ni uniformes, y solo se asocian vagamente con la edad de una persona en años (2).”

La senilidad ni siquiera es mencionada en dicho informe.

De lo anterior, resulta confuso el uso de términos sin definir como senilidad, senectud y vejez en la categoría R-54 de la CIE-10 y de los términos sin definir como vejez, senescencia y senil en la categoría MG2A de la CIE11 para describir una enfermedad y causa de muerte.  Aún más cuando estos términos se asocian a una etapa de la vida, la de persona mayor, independientemente de que se le llame vejez (más asociada a la condición etaria) o senilidad (más asociada a problemas de salud asociados a la vejez).

¿Está bien asociar una etapa de la vida a una enfermedad?

El CIE-10 tiene la categoría P95 Muerte fetal de causa no especificada y la categoría R95 Síndrome de muerte súbita infantil. Una es propia del período de gestación y otra de la etapa conocida como infancia.  Sin embargo no se les llama Gestación o Infancia o sea no se les asigna el nombre de la etapa de la vida.

El argumento que se ha esgrimido para justificar la categorización de vejez como enfermedad se basa en la visión de envejecimiento dada en el Informe de OMS arriba citado, que lo establece como una acumulación de cambios que pueden aumentar el riesgo de enfermedad, pueden provocar la disminución de capacidades y, finalmente, llevar a la muerte. El problema es que no es correcto asociar un proceso que se da durante toda la vida, el envejecimiento, con una de las etapas, la vejez, que se define por los años cumplidos.

Estas categorías asociadas a la vejez muestran la existencia de una percepción equívoca de la vejez en el área de salud pero reflejan una percepción errada más global que encontramos en muchas áreas de nuestro entorno social y que llega a afectar la autopercepción del adulto mayor.

Debido a políticas y estereotipos sociales discriminatorios como lo es el “viejismo”. Bajo esta concepción asumimos que ciertos cambios físicos y fisiológicos son propios de cierta edad cuando en realidad aparecen en momentos muy diferentes para las diferentes personas. Las categorías en discusión de “vejez” y “senilidad” favorecen esta visión discriminatoria hacia la persona mayor al establecer que entrar a una cierta edad se cambia la condición de una persona sana a una persona enferma.

Al final, de acuerdo con las categorías de Senilidad (R59 en CIE-10) y Vejez (MG2A en CIE-11) se podrían incluir en la misma categoría (de Senilidad o Vejez) a una persona de 66 años con problema cardiaco no identificado y una persona de 102 años con el mismos problema cardiaco no identificado; aun cuando la causa de dichas condiciones pueden ser totalmente diferentes y no estar relacionadas al envejecimiento. Esto afectaría seriamente los resultados estadísticos y por ende las políticas públicas que de ellos se deriven.

A su vez, esta conceptualización afecta de forma profunda nuestras diversidades o individualidades al borrar de algún modo nuestra trayectoria vital, nuestra personalidad y nuestros objetivos a futuro al incluir a todos los mayores de cierta edad (65 años en el caso de Costa Rica) en un grupo que en realidad es muy heterogéneo y disímil.

El peligro de estereotipar a un grupo social es que siempre lleva al prejuicio y del prejuicio a la discriminación y a la injusticia social.

Uno de los mayores estereotipos discriminatorios para con las personas mayores es la falsa concepción de ser más lentos, menos eficientes y poco o nada productivos. Este estereotipo limita seriamente las oportunidades de una persona mayor y le ha dado una invisibilidad social a la vejez.

Imaginemos lo que pasaría si además se llega a establecer que el cumplir 65 años sea una enfermedad y una posible causa de muerte. Entonces la injusticia no sólo estaría en el marcador de salud el efecto discriminatorio podría pasar de invisibilidad a la consideración de estorbo y carga social.

¿Y qué de las contribuciones de la persona mayor? No hace falta irnos muy lejos, con esta pandemia, muchísimas familias han podido sobrevivir gracias al apoyo de los mayores  Miles de adultos mayores han dividido en pequeñas porciones su pensión y prestado sus casas para dar alimento y alojamiento y a familiares y amigos que han perdido sus ingresos y sus domicilios o dar cuido a los menores que dejaron de ir a la escuela. Sin embargo, estos aportes no se valoran apropiadamente o se olvidan fácilmente.

Ya de por sí tenemos que competir con la gran diosa suprema, la juventud, divino tesoro, el miedo hacia la vejez nos impediría vernos como personas mayores con un futuro por delante sin contar con la falta de empatía propia hacia ese futuro.

Según datos del Banco Mundial, en 2019 las personas de 65 años o más representaban el 9,10% de la población mundial. En números absolutos, este grupo de edad ha pasado de 150 millones en 1960 a 697 millones en 2019.

Tenemos un reto social

En las redes sociales se encuentra uno con frases como “la longevidad es un riesgo financiero” o “el problema de las pensiones únicamente se va a solucionar cuando los ancianos se den prisa en morir”.

El reto social reside en cambiar la imagen social sobre la edad y promover el que cada individuo asuma la responsabilidad de cuidarse para dilatar la aparición de enfermedades neurodegenerativas como las demencias, o de enfermedades cardiacas. En otras palabras, debemos suscitar una actitud responsable hacia nuestra salud, pasar de medicina preventiva a promoción de la salud óptima.

Otro asunto por tomar en cuenta es lo que ocurre en nuestros cerebros con este enfoque negativo sobre el envejecimiento. ¿Qué sucede en nuestros cerebros cuando repetimos constantemente me estoy haciendo viejo o vieja?

Investigaciones en neurociencia han establecido que las palabras que usamos en nuestro día a día y sus connotaciones cambian de manera positiva o negativa nuestro cerebro de la misma forma debemos aprender a cambiar hacia un lenguaje más positivo hacia el envejecimiento,

Reflexionemos sobre el proceso de envejecimiento y cambiemos nuestro lenguaje interno, cambiemos el “me estoy haciendo viejo” que lleva a la depresión, la inactividad y el aburrimiento por el “sigo madurando, creciendo intelectual y emocionalmente y tengo un futuro por delante” que nos llevará a continuar disfrutando la vida en lugar de sentarnos a esperar que pasen los años frente a nosotros sin hacer nada.

No empezamos a envejecer a los 65 años o cuando recibimos la carta de jubilación, estamos envejeciendo a lo largo de toda nuestra vida. No permitamos que una cifra sea el marcador que cambie como nos ven y nos vemos y afecte negativamente nuestro futuro.

Luchemos por construir una sociedad con oportunidades y con esperanza.

Los artículos de opinión aquí publicados no reflejan necesariamente la posición editorial de EL MUNDO. Cualquier persona interesada en publicar un artículo de opinión en este medio puede hacerlo, enviando el texto con nombre completo, foto en PDF de la cédula de identidad por ambos lados y número de teléfono al correo redaccion@elmundo.cr, o elmundocr@gmail.com.

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