El histórico “vandalismo” universitario: ¡Qué feo eso!

» Por Christopher Matamoros Rojas - Filósofo y profesor de filosofía, graduado de la Universidad de Costa Rica.

¿Queremos una universidad fea? Esta pregunta, aunque pareciera poco importante o sin relevancia política alguna parece haberse convertido en el tema central de las protestas que han tomado lugar durante esta semana en la Universidad Nacional (UNA) y la Universidad de Costa Rica (UCR). A raíz de los millonarios recortes que el Gobierno del Partido Acción Ciudadana (PAC) encabezado por el Presidente Carlos Alvarado y la Ministra de Hacienda Rocío Aguilar han decidido hacer al Fondo Especial para la Educación Superior (FEES), las estudiantes y los estudiantes de las universidades públicas han decidido no solo salir a las calles como señal de protesta ante los vergonzosos atropellos que ha sufrido la educación pública debido a la política económica del actual Gobierno, sino que, se han atrincherado dentro de sus respectivos campus para exigir una reacción menos complaciente que la que han tenido los rectores Henning Jensen (UCR) y Alberto Salom (UNA), quien vale la pena recordar, es uno de los fundadores del partido de Gobierno.

En este atrincheramiento, las estudiantes y los estudiantes de la UCR han decidido apropiarse de la Facultad de Ciencias Sociales (inaugurada en 2014 y construida gracias a un préstamo que la universidad obtuvo del Banco Mundial) y representar sus molestias a través del grafiti y textos con connotación política en las paredes del flamante edificio. Estos actos, aparentemente vandálicos según varios medios de comunicación y opinólogos de las redes sociales han servido para que más de un analista miope empiece a señalar las “contradicciones” del movimiento estudiantil, tales como: “¿en qué forma se defiende la universidad destruyéndola?”, “¿a usted le gustaría que vayan a rayar su casa”? o “¿Por qué los chancletudos quieren ver siempre fea la universidad?” Ninguna de estas objeciones es relevante, pues, nada tienen que ver con el meollo del asunto, sin embargo, la que más me interesa es la última, a propósito de tener una universidad “bonita” y el crimen de la intervención artística.

Regresemos a la pregunta inicial: ¿queremos una universidad fea? En principio la respuesta sería negativa, pues, aquellos que nos dedicamos a la enseñanza sabemos de la importancia de tener un espacio que reúna ciertas condiciones para un mejor entorno educativo y, un espacio “feo” no pareciera ser óptimo, sin embargo, nótese que la discusión es de estética política, es decir, ¿cómo debe lucir la protesta social? Ya que, está claro que en nuestro país aquel que protesta de formas “feas” se convierte en enemigo de la nación (y de la Nación S.A), pero, ¿cómo se protesta de formas bonitas? Recientemente se ha aprobado en la Asamblea Legislativa un proyecto del liberacionista Carlos Ricardo Benavides que se ha denominado “rompe huelgas” y sin haber leído su contenido, la mayoría de costarricenses aplaudían a las diputadas y diputados, pues, “ya es tiempo de parar con las vagabunderías de los sindicatos”. Con un afán aparentemente democrático, se espera que antes de una huelga haya un diálogo que permita llegar a un acuerdo entre las partes (asumiendo que ambos bandos tienen un mismo peso en la balanza de poder).

Entonces, lo que la ciudadanía espera de las universitarias y los universitarios es un diálogo fraterno con Rocío Aguilar, Carlos Alvarado, Henning Jensen y Alberto Salom, esa es la forma “bonita”, la vía costarricense para solucionar el tema presupuestario. Sin embargo, es bien sabido que las disputas políticas (especialmente político-económicas) no se resuelven de esa manera, además, el historial de negociación del presidente Alvarado demuestra que es un fracasado, pues, no ha podido resolver ni un solo conflicto sin hacer alguna especie de berrinche o espectáculo bochornoso (como el del 25 de julio en Guanacaste) frente a sus detractores, entonces, ¿cuáles son las posibilidades políticas de las estudiantes y los estudiantes? ¡Golpear donde más les duele! Lógicamente no me refiero a la calidad de la educación, eso los tiene sin cuidado, y todos tienen claro que el edificio no está “siendo dañado”, sin embargo, Alvarado detesta que se rete su autoridad. El presidente se enoja fácil, es claro que el cargo le quedo grande.

Ahora bien, ¿por qué rayar el edificio? Uno de los recientes intereses de la neoliberalización de la educación sigue una cierta lógica arquitectónica: edificios grises, cuadrados, de pasillos fríos y desolados. En los últimos años, la universidad tiene más semejanza a un centro comercial o a una cárcel que a un recinto educativo, en esa medida, la idea de “maquillar” la universidad de acuerdo a una estética lejana a los valores que la universidad pretende proyectar es una victoria para el movimiento estudiantil, tal es así que la opinión pública se indigna más por este maquillaje que por el recorte del presupuesto. No importan las becas, no importan los cupos, no importan los recintos, importa la belleza.

Orlando Morales (colega filósofo) llama a esto una “rebelión visual”, pues, parece retomar las buenas épocas del movimiento estudiantil, donde no importaba agradar a las autoridades universitarias ni mucho menos importaba. Dice Morales que “lo drag y lo camp agarran un poco de todo y convierten la saturación en belleza, pero también en unidad y en identidad. En el caos y lo feo hay cohesión, movimiento y evolución con sentido…”. La analogía con lo drag me parece brillante, ya que, las artes queer siempre son contestatarias y se tratan de poner en disputa al género, dicho esto, el valor y la entrega de las estudiantes y los estudiantes por “afear” la universidad no tiene que ver únicamente con eso, sino con una reivindicación política por retomar los espacios que son suyos y que han sido arrebatados por ejecutivos de traje y corbata que poco les interesa la educación pública. La disputa estética es también una disputa política.

El “vandalismo” universitario es histórico, pues ha sido gracias a las incansables luchas del movimiento estudiantil (junto con otros grupos sociales) que se han conquistado muchísimos derechos a lo largo de la breve historia de nuestro país. ¡Tenemos mucho que aprender de nuestras estudiantes y nuestros estudiantes! La protesta social no es “bonita” y a mi juicio no debe serlo. La belleza no debería constituir una razón para apoyar o no un movimiento social, lo que las jóvenes y los jóvenes hacen es atrevido, pues pone a temblar a aquellas y aquellos que creyeron que el movimiento estudiantil estaba dormido.

¡Vandalismo no es rayar un edificio, vandalismo es pretender socavar la educación pública! Si alguien vandaliza la educación pública, definitivamente no son los estudiantes…

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