El eterno conflicto en Oriente Medio

» Por Dr. Fernando Villalobos Chacón - Escritor y Decano UTN

Dr. Fernando Villalobos Chacón

El llamado conflicto árabe-israelí se refiere a la tensión política y los conflictos armados entre el Estado de Israel y sus vecinos árabes, en particular los palestinos. Su definición, historia y posibles soluciones son materia de permanente debate y los problemas que incluye varían con el tiempo.

Es un conflicto que trasciende muchas generaciones y tiene una explicación bíblica inclusive. Para entenderlo hay que remontarse al libro del Génesis. Hijos del mismo Padre, pero de diferente vientre, son enemigos acérrimos en el hoy. Hermanos, con un origen común, se disputan el mismo territorio histórico, se acusan mutuamente y tienen en consecuencia un destino contrario.

Antecedentes recientes

Alentado por el antisemitismo que sufrían los judíos en Europa, a comienzos del siglo XX tomó fuerza el movimiento sionista, que buscaba establecer un Estado para los judíos.

La región de Palestina, entre el río Jordán y el mar Mediterráneo, considerada sagrada para musulmanes, judíos y católicos, pertenecía por aquellos años al Imperio Otomano y estaba ocupada mayormente por árabes y otras comunidades musulmanas. Pero una fuerte inmigración judía, fomentada por las aspiraciones sionistas, comenzaba a generar resistencia entre las comunidades.

Tras la desintegración del Imperio Otomano en la I Guerra Mundial, Reino Unido recibió un mandato de la Liga de Naciones para administrar el territorio de Palestina.

Pero antes y durante la guerra, los británicos habían hecho diversas promesas a los árabes y a los judíos que luego no cumplieron, entre otros motivos porque ya se habían dividido Medio Oriente con Francia. Esto provocó un clima de tensión entre nacionalistas árabes y sionistas que desencadenó en enfrentamientos entre grupos paramilitares judíos y bandas árabes. Esta pugna sigue vigente.

Tras la II Guerra Mundial y el Holocausto, aumentó la presión por establecer un Estado judío. El plan original contemplaba la partición del territorio controlado por la potencia europea entre judíos y palestinos.

Después de la fundación de Israel el 14 de mayo de 1948, la tensión pasó de ser tema local a asunto regional. Al día siguiente, Egipto, Jordania, Siria e Irak invadieron este territorio. Fue la primera guerra árabe-israelí, también conocida por los judíos como guerra de la independencia o de la liberación. Tras el conflicto, el territorio inicialmente previsto por las Naciones Unidas para un Estado árabe se redujo a la mitad.

Para los palestinos, comenzó la Nakba, la llamada “destrucción” o “catástrofe”: el inicio de la tragedia nacional. 750.000 palestinos huyeron a países vecinos o fueron expulsados por tropas judías.

En 1956, una crisis por el Canal de Suez enfrentaría al Estado de Israel con Egipto, que no sería definida en el terreno de combate sino por la presión internacional sobre Israel, Francia e Inglaterra.

Los combates sí tendrían la última palabra en 1967 en la Guerra de los Seis Días. Lo que ocurrió entre el 5 el 10 de junio tuvo consecuencias profundas y duraderas a distintos niveles. Fue una victoria aplastante de Israel frente a una coalición árabe. Israel capturó la Franja de Gaza y la península del Sinaí a Egipto, Cisjordania (incluida Jerusalén Oriental) a Jordania y los Altos del Golán a Siria. Medio millón de palestinos huyeron.

El último conflicto árabe-israelí sería la guerra de Yom Kipur en 1973, que enfrentó a Egipto y Siria contra Israel y le permitió a El Cairo recuperar el Sinaí (entregado completamente por Israel en 1982), pero no Gaza.

Seis años después, Egipto se convierte en el primer país árabe en firmar la paz con Israel, un ejemplo solo seguido por Jordania hasta ahora.

La demora para el establecimiento de un Estado palestino independiente, la construcción de asentamientos de colonos judíos en Cisjordania y la barrera de seguridad en torno a ese territorio —condenada por la Corte Internacional de Justicia de La Haya— han complicado el avance de un proceso de paz.

Pero estos no son los únicos obstáculos, tal como quedó claro en el fracaso de las últimas conversaciones de paz serias entre ambos grupos que tuvieron lugar en Camp David, Estados Unidos, en el año 2000, cuando Bill Clinton no logró un acuerdo entre Arafat y el entonces primer ministro israelí, Ehud Barak.

Las diferencias que parecen irreconciliables son las siguientes:

Jerusalén: Israel reclama soberanía sobre la ciudad (sagrada para judíos, musulmanes y cristianos) y asegura que es su capital tras tomar Jerusalén Oriental en 1967.

Por su parte, los palestinos quieren que Jerusalén Oriental sea su capital.

Fronteras y terreno: los palestinos demandan que su futuro Estado se conforme de acuerdo con los límites previos al 4 de junio de 1967, antes del comienzo de la Guerra de los Seis Días, algo que Israel rechaza.

Asentamientos: son viviendas construidas por el gobierno israelí en los territorios ocupados por Israel tras la guerra de 1967. En Cisjordania y Jerusalén Oriental hay más de medio millón de colonos judíos.

Refugiados palestinos: la cantidad real de refugiados depende de quién esté contando. La OLP dice que son 10,6 millones, de los cuales casi la mitad están registrados en la ONU. Los palestinos sostienen que los refugiados (tienen el derecho de regreso a lo que hoy es Israel, pero para Israel abrir la puerta destruiría su identidad como Estado judío.

Mientras no se resuelvan estos temas la paz se ve lejana en el horizonte.

Ambos grupos se atacan mutuamente causando cada vez más odio y rencor. La mayoría de la comunidad internacional no acepta la estrategia Palestina del grupo Hamas de atacar Israel, grupo que además es considerado como terrorista por Israel, USA y la UE.

Israel es un potencia económica y militar. Es cuna de científicos, Premios Nobel, negocios y fuertes capitales, han hecho florecer un territorio árido, siendo ejemplo a nivel mundial en uso del agua, agricultura controlada y alta tecnología.

Es el único país democrático y prooccidental del Medio Oriente.

Continuará…

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