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El efecto huevo de tortuga

» Por Eugenio G. Araya - Físico

Los fabricantes de carrocerías de autobuses hicieron notables mejoras en las últimas décadas, pero una que agradecemos es la de sacar el tubo de escape hacia arriba, de tal forma que ahora no nos fumigan con los gases de escape. Antes, era fácil ver la contaminación, percibida directamente en nuestras narices y en nuestros ojos.

Pero esta contaminación producida por los automotores, considerando toda la flota vehicular del país, no mueve la aguja de los medidores de contaminación. Lo que realmente es legible, y por bastantes cifras, es cuando el 𝐯𝐨𝐥𝐜𝐚́𝐧 𝐏𝐨𝐚́𝐬 hace erupción. Una sola erupción de este coloso emite miles de toneladas de CO2 en unos cuantos minutos, más que todo lo que produce la actividad humana del país en un año. Eso mismo sucede en el planeta; los niveles de CO2 en la atmósfera son la suma de lo que producimos los humanos -aporte antropogénico- más lo que produce la naturaleza. Anualmente los volcanes pueden emitir hasta 0.44 giga toneladas de CO2, además de lo producido por los incendios forestales, descomposición de materia orgánica y liberación espontánea del fondo marino, este último en un ciclo que no entendemos todavía. Una investigación conjunta de la Universidad Autónoma de Barcelona, la Universidad de Southhampton y la Autralian National University concluyó que una inmensa liberación de CO2 del fondo marino terminó con la última glaciación hace unos 15.000 años.

La corteza terrestre es una delgada capa de un espesor de 20 a 70 kilómetros bajo los continentes y más delgada debajo de los océanos, en algunos puntos de apenas 10 km. Contrario a lo que generalmente pensamos de que esta corteza es firme, es más bien frágil y flexible, y menos que compararla con un huevo de gallina con su cáscara dura, es más parecida a un huevo de tortuga, suave y deformable. Los pesos naturales y los producidos por el hombre causan flexiones en ella, de tal forma que el peso de los edificios, vehículos, mercadería y otras cargas en la ciudad de Nueva York, por ejemplo, hacen que la corteza ceda y la ciudad baje de nivel. Igual sucede con el peso que se acumula anualmente en millones de toneladas de agua en la cuenca del Amazonas, lo que causa flexiones cuando se llena y deflexiones en la época seca, lo a su vez que genera tensiones y compresiones en las placas tectónicas circunvecinas con consecuentes sismos.

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La Tierra es ahora un 𝐞𝐬𝐟𝐞𝐫𝐨𝐢𝐝𝐞 𝐨𝐛𝐥𝐚𝐭𝐨, es decir, no es perfectamente redonda pues es achatada en los polos y ligeramente “panzona” en el ecuador. Pero no siempre ha sido así, pues la dinámica de las fuerzas a las que está sometida la corteza terrestre ha cambiado en varias ocasiones la forma del planeta a un 𝐞𝐬𝐟𝐞𝐫𝐨𝐢𝐝𝐞 𝐨𝐛𝐥𝐨𝐧𝐠𝐨, es decir en forma de huevo alargado hacia los polos. Este cambio de forma del planeta produce movimientos de la corteza terrestre genera grandes cataclismos, provocando el desplazamiento de las placas tectónicas, con el consecuente cambio de lo que hoy conocemos como continentes. En la historia del planeta, algunos continentes que existieron se hundieron bajo el mar y surgieron otros nuevos, así como también se desplazaron los existentes, fraccionándose en pedazos y migrando a grandes distancias, como es el caso de América del Sur y África, otrora un solo continente, ahora separadas por el océano Atlántico.

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Esta dinámica a que se ve sometida la corteza terrestre, produce grandes fracturas y actividad volcánica inusual, lo que provoca emisiones de CO2 en cantidades gigantescas, y es lo que ha llevado los niveles de CO2 en la historia del planeta por encima de las 1.500 partes por millón en la atmósfera, cambiando el clima global del planeta de manera drástica.

Estos cambios en la composición de la atmósfera, la capacidad de reflexión de radiación del planeta, los cambios en las corrientes y la diferencia de conductividad térmica de los océanos y otros fenómenos asociados a las oscilaciones de la corteza son los causantes de las glaciaciones, que son las eras de intenso frío, y los periodos cortos interglaciares, que son los periodos cálidos en medio de ellas, como en el que estamos ahora.

Es así entonces, que los altos niveles de CO2 que los científicos han logrado medir recientemente, correspondientes a 𝐩𝐞𝐫𝐢𝐨𝐝𝐨𝐬 𝐚𝐧𝐭𝐞𝐫𝐢𝐨𝐫𝐞𝐬 𝐚 𝐥𝐚 𝐞𝐱𝐢𝐬𝐭𝐞𝐧𝐜𝐢𝐚 𝐝𝐞𝐥 𝐬𝐞𝐫 𝐡𝐮𝐦𝐚𝐧𝐨 sobre la faz de la Tierra, y que tienen un patrón que no es cíclico perfecto, sino más bien errático, son una consecuencia de los cambios en la forma de la corteza terrestre y la liberación de emanaciones de lava, gases y calor de las capas interiores del planeta.

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La fuerza más importante que provoca la dinámica de la corteza terrestre es la migración del 𝐝𝐢𝐩𝐨𝐥𝐨 𝐦𝐚𝐠𝐧𝐞́𝐭𝐢𝐜𝐨, que los científicos han logrado establecer con buen grado de precisión cuando ha cambiado la polaridad, pero los grandes cambios en la corteza y sus consecuentes grandes impactos en el clima de la Tierra suceden 𝐜𝐮𝐚𝐧𝐝𝐨 𝐞𝐥 𝐝𝐢𝐩𝐨𝐥𝐨 𝐞𝐬𝐭𝐚́ 𝐦𝐢𝐠𝐫𝐚𝐧𝐝𝐨, es decir durante su travesía, cuando sus puntas se localizan a grandes distancias de los polos geográficos.

Entonces la 𝐕𝐚𝐫𝐢𝐚𝐛𝐢𝐥𝐢𝐝𝐚𝐝 𝐂𝐥𝐢𝐦𝐚́𝐭𝐢𝐜𝐚 es una consecuencia de la dinámica de la corteza terrestre, que a su vez es causada por la migración del 𝐝𝐢𝐩𝐨𝐥𝐨 𝐦𝐚𝐠𝐧𝐞́𝐭𝐢𝐜𝐨, y estos ciclos y eventos están fuera del control humano.

Es importante cambiar nuestra percepción de que todo es estático; muy por el contrario, el universo completo está en permanente cambio y dinamismo. Sé que es difícil imaginarse la corteza terrestre haciendo oscilaciones como una pompa de jabón; también entiendo que es no es fácil pensar en fenómenos que ocurren en periodos de tiempo contados en miles de millones de años, pero es así como funciona nuestra naturaleza.

Los artículos de opinión aquí publicados no reflejan necesariamente la posición editorial de EL MUNDO. Cualquier persona interesada en publicar un artículo de opinión en este medio puede hacerlo, enviando el texto con nombre completo, foto en PDF de la cédula de identidad por ambos lados y número de teléfono al correo redaccion@elmundo.cr, o elmundocr@gmail.com.

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