El día en que Costa Rica (casi) se quedó en casa

Vivo frente a una calle principal, por la que pasan unas 7 líneas de autobuses, hay 2 lavaderos de carros, y a dos locales de mi casa ingresan trailers con mercadería.

Para ponerle un poquito más de picante al asunto, vivo en los “barrios del Sur” y de vez en cuando escucho un par de detonaciones, o en las afueras del bar que está a 75 metros, un pleito en borrachos. Como imaginarán el silencio no es mi más fiel compañero cuando estoy en la casa.

Los días más tranquilos siempre han sido los Viernes Santos. Como dicen popularmente, ese día, “ni las gallinas ponen”. Pero este sábado la cosa fue diferente, no hubo furgones, pocos buses, sin pleitos de bar… sin gente en la calle. Solo el silencio interrumpido por algún carro o moto que surcó el pavimento sin obstáculos.

Este fue el día que en que Costa Rica, casi, se quedó en casa. Taxistas, algunos Ubers y Didis y montones de motorizados llevando comida, fueron los que se “sacrificaron” este día tan extraño para la mayoría de los costarricenses que no estamos acostumbrados a ver limitadas nuestras libertades, no por una ley, porque toque de queda no hay, pero sí por responsabilidad y por presión social.

Yo almorcé pizza, vi una película y le enseñé a mi hija a jugar “tonto “con las cartas… no gané ni una vez. Al medio día nos enteramos de los dos nuevos casos de COVID-19, y mi mente de periodista empezó a volar. Pero hoy había que ponerles un freno a esas alas y comer, llorar viendo cuando Beth March se muere en Mujercitas (spolier) y darme cuenta que sigo siendo igual de malo que antes jugando cartas.

Hoy Costa Rica casi se detuvo, en este momento casi no se escucha nada en la calle, pero en cada uno de nosotros escuchamos algo, es el sonido de nuestro corazón que no para y ese sonido es que nos dice con fuerza que, a pesar de todo, hoy fue un día maravilloso, un día en que muchos vieron a la Negrita sobrevolar Costa Rica, almorzaron juntos y hasta jugaron juntos.

Nos quedamos en casa por nosotros, pero también por los demás. En mi caso tengo una razón más que ustedes, tengo una revancha pendiente de “tonto” con una niña de 8 años, en un parque, una vez que todo esto haya pasado.

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