Ecos de una sentencia ejemplar

Por Luigi Rebecchi Pannelli

Mi abuelita Adela; tenía el pelo recogido en una trenza teñida color champaña, una blusita blanca y los Blue Jeans; que le quedaban muy cómodos para ir con mi abuelito Juan a un concierto de Rock en la Sabana. La pareja disfrutó mucho de los tatuados quienes tocaron los instrumentos de última generación y; solamente necesitaron oprimir los botones unas repetidas veces para emitir los sonidos que a muchos les encantan. Entre la muchedumbre de los espectadores, la mayoría jóvenes y una nube densa y “perfumada de Cannabis”; un muchacho “Punk” se burló de mi abuelito y mi abuelita sin titubear le mandó un “cañazo”, en español un puñetazo que lo dejó K.O., con tamaña mala suerte que el mozalbete malcriado, resultó ser el hijo de un diputado que lo acompañaba quien sin chistar, se identificó y llamó a la policía quien se llevó a mi abuelita esposada con los brazos detrás de la espalda a una comisaría. Un periodista “estrella” que pasaba por ahí, comentó: “¡qué relajo esposar por detrás a una vieja inocente!”

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