“Desde la mente (cerebro)…”

Estimados Francisco y Miguel

Hace días quería decirles algo, sin embargo no sabía qué. Es difícil escribirle a alguien que sufre, siendo quizás por ello más adecuado y legítimo el silencio. Lo es aún más cuando de sufrimientos de la mente, y el cerebro realmente, se trata. Me he tomado pues la libertad de hacerlo, dado que de alguna manera vivo y siento como ustedes, en muchas ocasiones, un infierno en la tierra.

Los que sufrimos “desde la mente”, tenemos la particularidad, creo yo, de que ésta pronto nos rebaza y alcanza nuestro espíritu. El hecho de que ésta conspire contra nosotros mismos, mintiéndonos continuamente con emociones, sensaciones, imágenes mentales y pensamientos extremos que surgen a veces sin aviso alguno, casi con voluntad propia, nos sumerge en una situación de ambigüedad constante, donde no sabemos con certeza qué es qué.

La propia identidad, la experiencia de ser y sentirnos nosotros mismos, se diluye como arena en las manos, sentimos como que todo se distorsiona dentro, ya no sabiendo, en muchas ocasiones, qué es real y qué no. Nosotros, lo que nos gusta, la vida, Dios, todo está en duda, la experiencia de que todo es absurdo captura el alma. Una sensación de locura inminente nos posé, a veces vestida de una gris tristeza profunda, otra de un mar de colores intensos que nos desbordan, otras, que es mi caso, de una ansiedad alucínate que crece hasta convertirse en un pánico que asfixia. Otras, que espero sean las menos, la locura se magnifica y toma prestados colores chillones, grises metálicos y una agonía de angustia que hace desear morir. Esto puede durar días, semanas o meses, ¿quién lo sabe?

Disculpen que escriba con lenguaje de un seudo-poeta, pero desde que descubrí que me gustaba escribir, me di cuenta que a veces las palabras y frases “no técnicas”, diferentes a las de un manual psiquiátrico, por ejemplo, son más adecuadas para describir los estados internos de las personas.

Por ahí un psicólogo dice que hay que ver la bipolaridad como un don, algo tiene de cierto, sin embargo, y hay que decirlo, muchísimas veces es una maldición, una “mierda” que destroza la vida, una horrible experiencia, un martirio que incluso en ocasiones nos hace odiar hasta lo más sagrado. Sobra decirles que me he peleado y re-peleado con Dios y sus ejércitos, con el universo y sus fuerzas cósmicas, con mis vidas pasadas y con cuanto gurú existe prometiendo encontrar curas o respuestas al porque sufro lo que sufro. A veces solo se desea morir sin más o no despertar para siempre. Tras más de 33 años de sufrir esta lamentable catástrofe, ya no me importa entender de dónde viene y por qué a mí.

No sé porque a nosotros nos ha tocado esto, como tampoco sé porque a otros les ha tocado la esclerosis múltiple, la belleza física, la pobreza extrema, la genialidad, la vida llena de violencia, la serena existencia, la injusticia constante o la “salud crónica”. Realmente no lo sé. Lo que si se es que esto que nos ha tocado, a no ser por algo extraordinario, no se ira y nos acompañará hasta el final de nuestros días. No lo digo con un tono pesimista y menos para asustarles, todo lo contrario. Lo digo sobre todo para ser sincero conmigo mismo y para tener claro qué, en muchas ocasiones, lo mejor que podemos hacer es, en medio de esta tormenta, agarrarnos del tronco que podamos a la espera de que la tormenta se calme y podamos divisar tierra firme. A este punto, déjenme forzar una risa hasta que mi cerebro se la crea, pues, como dice un amigo, es de las cosas que más sanan, y también por el hecho de reconocer que irónicamente la vida es verdaderamente una divina comedia.

A mí me gustan mucho los cactus. Son plantas estupendas. A muchos no les agradan por sus espinas. En mi caso las admiro porque son aparentemente simples, y sorprendentemente vitales. Qué más vital que una planta que vive con poco agua y grandes cantidades de calor y luz. Como nosotros. Qué más vital que una planta que nace y crece en lugares extremos, incluso insoportables para otras. Como nosotros. Pese a sus espinas, muchas tienen hermosas flores insospechadas. Como nosotros. Las que nacen en los desiertos, las tunas, se convierten en verdaderos oasis para los que transitan por esos desolados lugares, dado que por su interior carnoso y jugoso, son los mejores reservorios de agua que en esas zonas existen. Como nosotros.

Francisco y Miguel que puedo decirles, como ven nada. Lo único que tengo, ya no son palabras sino buenos deseos. Les ofrezco un oído atento y un silencio que les acoja cuando lo necesiten. Déjenme decirles que no podemos hacer nada para que esta agonía cambie, ella es a pesar nuestro. Esperemos que la ciencia avance y nos haga mejor el camino. Siendo esta la situación, hagamos como dice una canción de los Beatles, “let it be”, déjalo ser. Dejen ser a la depresión, la manía, las obsesiones, la ansiedad, la culpa, las voces, déjenlas ser pues ellas son por sí mismas, más no son nosotros. Si déjenlas ser. Déjenlas ser y dense cuenta que ustedes no son “ellas”. Nosotros no somos la enfermedad, el trastorno. Si tenemos depresión, tenemos depresión y ya, no luchen con ello. Si tenemos manía, tenemos manía, no luchen con ello. Debemos convencernos que somos plantas especiales, simplemente diferentes a otras, pero somos estupendos en sí mismos. Somos plantas que requerimos vivir nuestro propio estilo de vida para ser plenas. Si dejémoslas ser, pero a la vez, no les dejemos que nos gobiernen nunca. A la vez que las dejamos ser, dejen ser también la belleza que cada uno de nosotros, tristemente llamados enfermos mentales, somos, dejemos ser nuestros sueños, las luchas constantes, las sonrisas, las aparentes tontas aficiones, los proyectos, los caminos sin terminar, las limitaciones que contribuyen a que seamos hermosos seres humanos, nuestros defectos que nos hacen perfectos…

No quería decirles, hablarles y sin embargo lo he hecho. Me disculparan por ello. Yo solo quería, “sin palabras”, compartirles un sentimiento de esperanza, un anhelo poético de sanidad y de “alas para el vuelo” nacidas en medio de la depresión, la angustia y la sensación de la sinrazón de la vida en las que nos sume en ocasiones situaciones únicas y personales. “Sin palabras” quería hablarles, más me conformo con haberlo intentado.

Un gran abrazo queridos amigos.

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