Del movimiento huelguístico y de la protesta nacional

Manifestantes en la huelga del 25 de junio. Foto: Karla Pérez
Manifestantes en la huelga del 25 de junio. Foto: Karla Pérez

El movimiento obrero y sindical del país existe desde el siglo XIX. En aquellos años, en la segunda mitad del siglo XIX, se desarrolló bajo la forma de Sociedades Mutualistas, de Mutuo Auxilio y de Socorros Mutuos, formas de organización policlasistas. En ellas se podían afiliar trabajadores, artesanos y obreros, y en algunas aceptaron estudiantes. Constituían cajas de ahorro voluntario de donde sacaban las ayudas económicas para los trabajadores que las necesitaban.

A partir de 1874 empezaron surgir sociedades de trabajadores, de artesanos y obreros exclusivas de ellos, por ese motivo, eran organizaciones clasistas, lo cual fue un reconocimiento también de que la sociedad costarricense estaba diferenciándose en clases sociales, y los sectores laborales adquiriendo conciencia de ello.

Con los cambios industriales y de de la economía nacionales a finales del siglo XIX y principios del siglo XX desaparecieron esas formas de organización, y empezaron a surgir las Ligas de Obreros y los Sindicatos, tal y como ahora existen.

También, en la segunda mitad del siglo XIX, empezaron a darse huelgas. Quizá la primera, en 1874, de los trabajadores de telégrafos, que por ser públicos, pudiera considerarse también la primera huelga en el sector público nacional.

Con la construcción del ferrocarril, desde 1870 hasta 1888, los trabajadores negros, chinos e italianos que trajeron para esa faena desarrollaron luchas y huelgas en defensa de sus contratos de trabajo, sus días feriados y contra las condiciones en que eran empleados.

A finales del siglo XIX hubo huelgas en distintas partes del país, incluida una protesta de maestros que defendían su régimen de pensión, amenazado con pasárselo a los militares.

En 1905 se organizó la primera Federación de Trabajadores de San José. Siguieron las de provincias, y en 1913, al impulso del Centro de Estudios Sociales Germinal, se desarrolló la primera Confederación General de Trabajadores, que también convocó a la primera celebración del Primero de Mayo, en 1913, como día Internacional de los Trabajadores.

Hasta 1943 la evolución del movimiento sindical fue de una sola organización sindical, por ello única y unitaria, para todos los trabajadores del país, sin importar si la dirigían, en las distintas épocas, anarquistas, reformistas o comunistas.

Este año, 1943, el movimiento sindical se dividió en dos centrales nacionales, una dirigida por los comunistas, y otra fundada por la Iglesia Católica, como parte de la alianza política que se dio, entre comunistas, católicos y gobiernistas, con el fondo de la lucha antinazi de la Segunda Guerra Mundial, y  con motivo de las Garantías Sociales y el Código de Trabajo, así como  de la lucha antifascista.

A partir de ese momento, 1943, el movimiento sindical se mantuvo dividido en dos centrales sindicales. Luego, en más centrales sindicales, apareciendo otros actores políticos dirigiendo las organizaciones sindicales locales y nacionales.

Así entre 1943 y 1990 hubo organizaciones sindicales organizadas y dirigidas, o influidas, por comunistas, socialistas, trostkistas y otras fuerzas revolucionarias de izquierda, junto con socialcristianos, socialdemócratas. Los socialistas especialmente en la década de 1970-1980 con especial influencia en algunos sectores de la administración pública. Los partidos políticos principales llegaron a tener sus propias organizaciones sindicales.

Muchos de los privilegios que hoy gozan algunos sectores sindicales, especialmente del sector publico, obedecen al interés de los partidos Liberación Nacional, principalmente, y la Unidad Social Cristiana, que desde sus gobiernos fomentaron las Convenciones Colectivas, en este sector de trabajadores, para neutralizar y evitar, hasta donde fuera posible, la presencia de sindicatos o de organizaciones laborales dirigidas por la izquierda  política nacional. Esta fue la razón de muchos de esos privilegios aprobados por esas Convenciones Colectivas de Trabajo, que crecieron como bolas de nieve.

Después de 1990, con las crisis interna de los partidos de izquierda, dos de ellos desaparecieron y el otro sufrió una división y un desmembramiento tan grande que afectó su presencia en todas estas organizaciones sociales. Con sus crisis se debilitó su marcada influencia en los sindicatos que dirigían.

Desde entonces, se puede decir, que el movimiento sindical no responde a políticas de los partidos de izquierda, como tampoco social demócratas o social cristianos. La nueva dirigencia sindical a partir de ese momento surgió y se desarrolló al margen de esos partidos políticos, aunque algunos de sus principales dirigentes y líderes hubieran surgido en su seno al final de esa década, y actúan muy al margen de lo que queda de esos partidos. Son otras expresiones políticas las que tratan de de desarrollarse entre los sindicatos. De las fuerzas de izquierda quizá sean los trostskistas los que más tratan de influir y, de ser posible, dirigir los movimientos sindicales y sociales, como en el pasado los dirigían los comunistas o socialistas. Esto no quiere decir que en los sindicatos, y en el movimiento sindical, y social,  no haya dirigentes que se identifican con posiciones políticas de izquierda, de allí también la articulación que se ha querido hacer, y fácticamentee se ha hecho, con las fuerzas políticas que de izquierda han electo diputados en los últimos 20 años.

La caída del socialismo mundial contribuyó a esa situación.

La dirigencia sindical surgida en medio de esa tormenta de división de la izquierda, durante la década del 80, y la desaparición del Sistema Mundial Socialista, y a finales de esa década, y principios de la década del 90 es, en mucho, la que hoy dirige las principales fuerzas sindicales del país.

Las huelgas, conocidas en el país desde 1874, hoy son lo una expresión de la situación por la cual se siguen movilizando los trabajadores. En la historia nacional ha habido ciclos de intensa lucha huelguística.

Hasta hoy también las luchas y huelgas, haciendo excepción de algunas, en la década de 1940, no han tenido objetivos políticos de derrocar gobiernos, o hacerlos caer por la intensidad de las huelgas. Lo más próximo, a esta situación, desde el punto de vista fáctico, quizá fueron los días posteriores al 20 de marzo del 2000 hasta que se pactó, a mediados de abril, con el movimiento popular, político y sindical, la desarticulación de las llamadas leyes del Combo del ICE, y el cauce de la lucha popular volvió a su normalidad.

Los movimientos actuales de lucha sindical, y laboral, se inscriben en esta tradición histórica de lucha por la defensa de los intereses económico sociales de los trabajadores, que son parte de la historia nacional, y que todos los gobiernos, de una u otra manera tienen que enfrentar, y lidiar con ellos.

A estos se suman hoy distintos sectores populares, más allá de los mismos sindicatos, que establecen sus propias demandas y agendas de discusión con los gobiernos, que en situaciones de movilización sindical también se suman y presionan por sus particulares intereses.

La lucha social en Costa Rica, en este sentido, no alcanza los niveles de Venezuela o de Nicaragua, en estos momentos, tal vez, en esos países, por motivos más políticos, pero también mezclados, como en el caso de Nicaragua, con aspectos sociales que el Gobierno nicaragüense quiso alterar, y disminuir respecto a algunos derechos sociales como fueron las pensiones.

En Costa Rica el Gobierno de la República y los líderes sindicales tienen distintos niveles de reunión, y de encuentros, de discusión de los problemas sindicales particulares y nacionales en general.

Hemos oído en estos días, en boca del Ministro de la Presidencia y de los propios líderes sindicales, de la existencia de esas reuniones, encuentros y reuniones  que inevitablemente seguirán habiendo, más allá de los que se desdigan de lo que tratan en ellos, y de lo que logren en ellos.  Ni unos ni otros pueden renunciar a ellos. Solo en esas reuniones y encuentros se pueden alcanzar acuerdos que puedan resolver los distintos problemas que se tienen planteados en el Gobierno como en los movimientos sociales y sindicales.

Los partidos políticos parlamentarios hasta ahora están al margen de este proceso y de estas conversaciones, más allá de la arenga pública de algunos diputados, sobre todo cuando casi todos los partidos parlamentarios, o al menos los más importantes, por su reconocimiento e identificación con los movimientos sociales, tienen eco directo en el propio Consejo de Gobierno

Todavía le quedan al Gobierno más de tres años y medio en el Poder. Queda mucho tiempo real para que estos movimientos se puedan reproducir. Las huelgas pueden darse más durante los próximos meses de este Gobierno.

A esto se suman los movimientos, movilizaciones y protestas sociales, que desde las comunidades en todo el territorio nacional, se dan por distintos motivos. Debemos acostumbrarnos a vivir en este estado de lucha social.

Lo más difícil hasta ahora ha sido, para todos los sectores involucrados, llegar a un acuerdo satisfactorio que permita concentrar todo el interés político, social y humano en la solución de los grandes problemas estructurales del país, de su gobernabilidad y administración, de la calidad de vida y laboral, de los trabajadores en particular y de los costarricenses en general, que conduzca a resolver los problemas de las políticas de salarios y de pensiones, de los alcances de las convenciones colectivas de trabajo, de las condiciones de trabajo y de la seguridad e higiene ocupaciones para evitar los miles de accidentes de trabajo que se producen, para disminuir, y ojalá erradicar, la miseria extrema y la pobreza así como la inequidad social y la inequidad regional, así como a los aspectos relacionados con las políticas que tienen que ver con el llamado gasto social, que se quiere disminuir, y con la recaudación de ingresos nacionales, que se desea aumentar.

Los esfuerzos que en esta dirección se impulsen y realicen deben apoyarse.

(Artículo publicado en la columna Pizarrón del periódico La República, edición digital, larepublica.net, el miércoles 27 de junio del 2018)

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