Del Género y la Meritocracia de las Mujeres en la Política Nacional

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Por Óscar Eduardo Apuy Villalobos

Recientemente leí en la red social de uno de los medios de comunicación escrita de nuestro país cómo “el machismo bloquea las aspiraciones presidenciales de las mujeres” en Costa Rica. En los comentarios desplegados por aquel encabezado algo tendencioso, se leía como varios seguidores de aquel medio intentaban invisibilizar la palabra “machismo” del titular, otros achacaban la culpa del “bloqueo” a la gestión de la expresidenta Laura Chinchilla y al desempeño de la actual Ministra de Justicia de la administración Solís Rivera, todo en un intento de reforzar la idea de que las mujeres no son aptas para puestos de poder en el aparato público.

Personalmente no soy muy fan de la “paridad de género” instaurada por nuestro Tribunal Supremo de Elecciones, ya que le apuesto más a la meritocracia donde nuestros gobernantes y congresistas deben ser personas calificadas y con las habilidades para ejecutar y legislar Costa Rica, sin importar que el 100% de ellas sean hombres, o el 100% mujeres; lo que importa es que sean personas aptas para dirigir al país por un rumbo donde todos nos veamos beneficiados por igual.

Ahora bien, el ser un país gobernado bajo los principios de meritocracia donde llegan al poder los hombres y mujeres que realmente lo merecen, es solo otro sueño utópico. Así que en tanto nuestras legislaciones y regulaciones no garanticen estadistas y padres de la patria dirigiendo Costa Rica, debemos aplaudir la paridad de género vertical y horizontal de nuestra democracia.

La nueva metodología de paridad de género impulsará que hayan más mujeres en nuestra próxima Asamblea Legislativa en el 2018, esto gracias a que los partidos políticos deberán alternar los géneros de los candidatos a diputados en las 7 provincias, dejando así en el pasado realidades donde en “x” partido político todos los candidatos que encabezaban las 7 provincias eran hombres.

Según la noticia de “el machismo y la carencia de candidatas presidenciales”, no hay muchas mujeres que aspiren a presidir el país, ya que un factor común de los expresidentes se encuentra en que la mayoría fueron diputados previamente; y al no contar con muchas mujeres diputadas sus posibilidades de presidir el país son menores. Según el periodista, la paridad de género aumentará el número de candidatas a la presidencia al contar con un mayor número de diputadas a partir de 2018. Sin embargo, esto es una verdad a medias ya que no estamos seguros de que el haber sido diputado sea un factor determinante, y de serlo, los efectos se verán muy hasta en el largo plazo.

Independientemente de si Laura Chinchilla hizo un buen gobierno o no, fue capaz de darle identidad a su gestión, dejar una huella y un legado de beneficios sociales a sectores desprotegidos del país. Aún hoy, Laura sigue dando la cara por las mujeres, recordándoles a hombres como Óscar Arias que bien o mal, ella y las mujeres tienen la libertad y el poder para hacer algo por su país, y que eso no se los podrá arrebatar ni el hombre que se crea más poderoso en la nación.

Sumado al machismo individual de personas contra mujeres, existe también el machismo contra instituciones y símbolos de la mujer en nuestra sociedad. Para ilustrar; varios diputados con su fanatismo machista-religioso en contra del INAMU: la existencia de esta y cualquier institución que velen por los derechos y el bienestar de las mujeres, sin importar que sean pocas o muchas o el equilibrio en sus políticas, tendrá validez de existir como institución. El cerrar el INAMU sería un retroceso en los derechos humanos por los que ha luchado el país, y en tanto haya machismo en Costa Rica, es necesaria la existencia de una entidad que luche por mejores condiciones de vida para las mujeres.

Las mujeres son imprescindibles en la política y el desarrollo del país, y definitivamente deberían tener una mayor participación en la dirección del estado, por las fortalezas que le ha dado la historia a su género y la perspectiva diferenciada que puede tener respecto a la visión de los hombres. Por su rol en la sociedad, con un mayor sentido de justicia arraigado al luchar contra el machismo día a día, las mujeres deben tener más oportunidades y condiciones para luchar por la Presidencia de la República.

Para ello, no basta con la paridad de género, que sin lugar a dudas crea las condiciones para que contemos con más diputadas en 2018, pero no nos garantiza que contemos con más mujeres candidatas a la presidencia en 2018 ni en el corto plazo.

Para que exista una mayor cantidad de mujeres candidatas a la presidencia, el Tribunal Supremo de Elecciones debe de establecer a los Partidos Políticos, que alternen el género del candidato a la presidencia cada cuatro años, de manera que si en 2014 el candidato de un Partido es masculino, en 2018 el candidato debe ser femenino. Además como una segunda posibilidad el Tribunal Supremo de Elecciones podría rifar los géneros de los candidatos a la presidencia entre los partidos participantes en una elección de manera que la mitad de los candidatos sean hombres y la otra mitad mujeres.

Cual sea la elección del Tribunal Supremo de Elecciones para fomentar la participación de las mujeres en la política nacional, o que no haga nada, como otra posibilidad, Costa Rica necesita una reforma inmediata para que más allá de la paridad de género nuestros aspirantes y electos en puestos de elección popular sean hombres y mujeres aptos para ocupar sus cargos.

Es una necesidad que el TSE impulse políticas que acaben el machismo dentro y fuera de los partidos políticos por convicción y no por imposición, para que las mujeres no dependan de la paridad de género para asegurarse un puesto en la Asamblea Legislativa o en el Gobierno Central.

Y más del lado de nosotros los ciudadanos de a pie, debemos dejar de estigmatizar a la mujer. Sus capacidades no son ni más ni menos que las de un hombre, más ellas deben lidiar con más problemas cotidianos en nuestra sociedad y esto les permite ser mejores seres humanos. Mejores seres humanos que aquellos machistas que creen que el gobierno de Laura Chinchilla fue malo por el solo hecho de ser mujer, o de como su gestión prohíbe la participación de las mujeres en la política, por ejemplo.

Para cerrar, con más de mis idealismos, Costa Rica no depende de repartir puestos equitativamente entre hombres y mujeres, depende de nuestra capacidad para aceptar que debemos ser gobernados por gente con capacidad sin importar su género, Costa Rica depende de que superemos el machismo como sociedad, porque su vigencia solo castiga a personas que podrían estar resolviendo nuestras necesidades en este instante, desde un liderazgo comunal hasta una excelente Presidenta de la República.

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