Siempre he escuchado hablar de países del primer mundo y los del tercer mundo, estos últimos que en ocasiones su calificación suele cambiar de nombre: países subdesarrollados o países en desarrollo, que, siendo propositivo, el propósito es mejorar, crecer, despegar económicamente, mejores condiciones de vida, mayor empleo, mayor educación, etc.
Las circunstancias de la vida me dieron la posibilidad de brincar “el charco”, entiéndase 8520.81 kilómetros de distancia cruzando el Océano Atlántico hasta llegar a la madre patria (España), tierra de aquellos que nos enseñaron (imposición o no, les toca a otros cuestionarlo) una cultura, que trajo consigo, el idioma, los alimentos, bailes, que de una forma u otra algunas quedaron, contrarrestadas por el dominio de la cultura maya.
¿Qué sucedió al “desembarcar”? De principio, ver derroches de infraestructura un aeropuerto con 4 pisos de altos; escaleras eléctricas que suben y bajan. ¿Y las maletas? Buscaba la banda o canal por la cual salen las mismas, pero no, requería de trasladarse en un tren subterráneo o metro hasta otra terminal en la cual allí, estaba el equipaje.
Después de cerrar la mandíbula, producto de lo novedoso, nos trasladamos a casa de los amigos que nos esperaban; en el transcurso observábamos túneles, puentes calles de 4 carriles en una dirección. A lo anterior sumábamos en las calles, la presencia de contenedores donde se indicaba según el tipo de basura (residuo sólido urbano), desecharla.
¿Qué más? Buses a cualquier hora del día, vacíos, con aire acondicionado. Créalo, ¡con aire acondicionado! Adiciono a ello el conductor o busero que él y solo él, hacía de todo, cobraba, daba el ticket o comprobante, en el caso de pagar el costo del pasaje en monedas, otra opción el uso de tarjetas magnéticas.
Nadie empujaba, ni gritaba ni colgaba. La respuesta de vacío, en cuanto al bus o buses, podía apoyarme como hipótesis en la existencia de un metro, varios metros bajo tierra, unos dos o tres pisos según la estación o parada y que digería cientos de personas, sin embargo, generalmente también circulaban vacíos, excepto en los horarios pico, pero no prensados”, por tanto, la hipótesis no pasó a teoría.
¿Ventajas de trasladarse en el metro? rapidez en cruzar la ciudad, hasta cualquier punto de esta, pagando en una sola ocasión, siempre que no salieras a la “luz”, es decir a la superficie, pero un elemento que me quedo grabado, al igual que el cuido del medio ambiente, eran las personas sin distinción de edad, leyendo; una cultura de lectura extraordinaria.
¿Cómo promover la puntualidad? ¡Todo estaba fríamente calculado! Buses o el metro que en cada parada o estación respectivamente, mediante avisos en pantallas digitales indicaban el tiempo que restaba para el siguiente medio de transporte. Personas que apresuraban su paso, porque ya teniendo cronometrado el tiempo hogar – centro de trabajo no desperdiciaban ni un minuto, para marcar con el uso de lector de huellas, cumpliendo con su horario.
Siempre en contacto con mis compañeros y compañeras de trabajo, una persona, una amiga me preguntó: ¿No será duro el regreso o retorno a nuestro país, ante semejantes diferencias? No, le contesté, me hace falta mis símbolos patrios, mi música, mi cultura, mi gente. Eso sí, insistiré con mis estudiantes la necesidad de fortalecer nuestros valores.