Costa Rica lleva décadas discutiendo la necesidad de modernizar el Estado, pero pocas veces se aborda una pregunta esencial: ¿qué tan cerca está realmente el Estado de la gente?
La respuesta, especialmente fuera de la Gran Área Metropolitana, sigue siendo preocupante. Para miles de costarricenses, el Estado es una estructura lejana, lenta y profundamente centralizada. Mientras las grandes decisiones se toman en San José, muchas comunidades siguen esperando respuestas concretas en seguridad, infraestructura, empleo, espacios públicos y oportunidades para los jóvenes.
Por eso, el fortalecimiento de los gobiernos locales y la descentralización deben convertirse en una prioridad nacional.
Las democracias más sólidas del mundo entendieron hace mucho tiempo que no es posible gobernar únicamente desde el centro político del país. En distintos modelos europeos y latinoamericanos, la descentralización permitió que las ciudades y territorios tuvieran más capacidad de decisión, mejoraran la prestación de servicios y desarrollaran políticas públicas más cercanas a las necesidades reales de las comunidades.
Casos como los de ciudades en Colombia y España demuestran que el fortalecimiento municipal puede transformar territorios completos mediante inversión local, recuperación urbana, prevención de violencia, innovación y participación ciudadana.
Costa Rica todavía tiene un enorme camino por recorrer.
Actualmente, las municipalidades administran apenas una pequeña proporción de los recursos públicos nacionales, muy lejos de los niveles de descentralización observados en democracias desarrolladas. Eso limita la capacidad de los gobiernos locales para ejecutar proyectos estratégicos y responder con rapidez a los desafíos cotidianos de sus comunidades.
Y las diferencias territoriales siguen siendo evidentes.
El más reciente Índice de Competitividad Cantonal de la Universidad de Costa Rica volvió a reflejar una realidad conocida: los cantones mejor posicionados continúan concentrándose principalmente en la Gran Área Metropolitana, encabezados por Belén, Escazú, San José, Santo Domingo y Heredia.
Mientras tanto, cantones periféricos como Talamanca, Los Chiles, Buenos Aires, Turrubares y Matina permanecen rezagados en competitividad y desarrollo.
Estas brechas no son casualidad. Reflejan años de concentración institucional, desigualdad en infraestructura, limitaciones de inversión y ausencia de capacidades locales suficientes para impulsar desarrollo sostenido.
Precisamente ahí es donde el municipalismo adquiere relevancia estratégica.
Hablar de fortalecimiento municipal no significa debilitar al Gobierno Central. Significa construir un Estado más eficiente, más cercano y más articulado. Significa entender que las municipalidades pueden convertirse en aliados fundamentales para enfrentar problemas nacionales como la inseguridad, el desempleo, el abandono de espacios públicos y la exclusión social.
Los gobiernos locales tienen la posibilidad de impulsar transformación concreta: recuperación de parques, iluminación, becas, deporte, cultura, centros de monitoreo, policía municipal, articulación comunitaria y programas preventivos dirigidos a jóvenes.
Pero para eso necesitan más herramientas, más competencias y una verdadera visión nacional de descentralización.
La coyuntura actual representa una gran oportunidad. La nueva conformación de la Asamblea Legislativa, la Comisión de Asuntos Municipales y el liderazgo del IFAM abren una ventana importante para impulsar acuerdos en esta dirección.
Y también representa una oportunidad política.
Los partidos políticos deben comprender que el régimen municipal ya no puede verse como un espacio secundario. Las elecciones locales son cada vez más determinantes para el desarrollo territorial y para la construcción de gobernabilidad democrática.
Costa Rica necesita entender que fortalecer las municipalidades no es solamente un tema administrativo. Es una apuesta por reducir desigualdades, acercar el Estado a las comunidades y construir una democracia más equilibrada y más conectada con la realidad de sus territorios.