Costa Rica y el desafío del (creciente) laberinto chino

» Por Pedro Isern - Director ejecutivo, CESCOS

Costa Rica rompió relaciones diplomáticas con Taiwán el 1 de junio de 2007 para inmediatamente establecerlas con China continental.  Muchos países en la región han hecho lo mismo en los últimos 15 años con un objetivo bastante evidente: aprovechar las extraordinarias oportunidades de comercio que supuestamente brindaba Beijing sin reparar en los reales costos morales e institucionales. Sin embargo, hoy (abril de 2022) sabemos que los beneficios económicos han estado sistemáticamente sobreestimados y los costos morales-institucionales han estado sistemáticamente subestimados.

Costa Rica esperaba recibir inversiones para su reconocida política de desarrollo sustentable pero las inversiones chinas no fueron las esperadas. El 1 de agosto de 2011 Costa Rica firma con China continental un tratado de Libre Comercio y recibe como regalo la construcción del ya famoso y polémico Estadio Nacional, donde trabajaron 800 obreros, todos de nacionalidad china. Casi 11 años después de la firma del tratado, el balance ha sido comercial y moralmente pobre. Según La Voz de América, “la lista de inversiones chinas incumplidas, incompletas o con retrasos es larga, siendo uno de los temas más controvertidos la ampliación de la carretera que une a la capital del país, San José, con la localidad costera de Limón, a manos de la Constructora China Harbour Engineering Company (CHEC), que inició en 2017 y se encuentra apenas en un 37% de avance…Como sostuvo Víctor Umaña, economista y profesor e investigador en políticas comerciales y agrícolas, ‘suponíamos que [la carretera] iba a salir más barata construida con los chinos. Pero al final de cuentas, las empresas chinas son estatales, obtienen injerencia estatal. Los tiempos no son los mismos, las prácticas no son las mismas. […] Una cosa es tener negocios con empresas chinas, comerciales, de exportación e importación, y otra cosa es recibir inversión de China en sectores importantes. Las experiencias que yo conozco de inversión en China en América Latina y, en particular, en Costa Rica, han sido un desastre”. En la región solo Chile, Perú y Costa Rica tienen vigentes tratados de libre comercio con China.

Así, los beneficios materiales del comercio con China han sido para Costa Rica marginales en un contexto donde los perjuicios morales e institucionales han sido difusos pero crecientes ¿Qué significa esto último? Que la contracara de los (pocos) beneficios materiales para Costa Rica ha sido el fortalecimiento de un régimen represivo como socio clave en toda la región que, una vez empoderado, ha comenzado a actuar como lo hacen los regímenes autoritarios con capacidad de daño. La solidez histórica solidez institucional de Costa Rica ha actuado como “cabecera de playa” para el opaco régimen chino. Un objetivo estratégico similar en el sur podría ser para el régimen chino el pequeño y transparente Uruguay.

Es importante cuantificar el empoderamiento que ha significado para China el comercio con occidente. Por ejemplo, China era en 2007 el 6,51% del PIB global y en 2020 alcanzó el 18,9% (medido en paridad de poder de compra), mientras que en el 2007 Costa Rica era el 0,06 del PIB global y en el 2020 era el 0,07%. Así, la asimetría no solo era notable en 2007 sino que se ha ido profundizando. Esto es un problema serio que, en tanto subestimado, ha devenido una amenaza para toda pequeña democracia con buenas instituciones que, sistemáticamente, no sopesa el costo de integrarse comercialmente con economías muy grandes con malas instituciones, forjando en el corto plazo una dependencia que en el mediano y largo plazo generará más costos que beneficios tanto materiales como morales. Este último punto hoy ya lo saben los actores medianamente informados. Solo no lo saben los necios o los cínicos que, por cierto, muchas veces se presentan como ingenuos.

La asimetría con China es notable y, como mencionamos, la creciente relación comercial genera una dependencia que, al final del día, tendrá más costos que beneficios. Estos crecientes costos no serán solo morales sino también materiales, como Europa occidental está comprobando en carne propia después de haber generado el mezquino enriquecimiento de la Rusia de Putin.

Por su parte, es pertinente la comparación de la economía china con la de Hong Kong en tanto la sistemática agresión de Beijing descansa en la creciente asimetría entre ambas. Hong Kong era en 1997 el 0,36 del PIB global mientras que en 2020 alcanzó el 0,39%. Así, en 1997 el tamaño de la economía de Hong Kong era el 6% de la de China mientras que en 2020 Hong Kong era apenas el 2%. La diferencia entre el 6% y el 2% se explica por la ingenua decisión de las elites políticas y económicas de las democracias liberales de enriquecer a China y enriquecerse ellas a través de una relación comercial irresponsable. ¿Por qué es necesario mencionar la traumática experiencia de Hong Kong con China en clave latinoamericana? Porque es un evidente antecedente que deben tomar en cuenta las naciones medianas y pequeñas que profundizaron su relación comercial y geopolítica con Beijing anteponiendo ingresos materiales a costa de una creciente dependencia que, llegado el momento, redundará en una pérdida de libertades. Así, en Costa Rica y en América Latina en general hemos desarrollado (al menos hasta el shock que supuso la brutal invasión rusa a Ucrania) la errónea creencia de que el daño que le ha hecho y hace China a Hong Kong es producto de la cercanía  geográfica y no de la mencionada asimetría que se ha consolidado entre un régimen despótico, que es el 18% del PIB global (medido en paridad de poder de compra), y una ex colonia británica productiva y transparente que, en tanto es apenas el 0,39% de la economía global, no tiene las herramientas para defenderse si no recibe el apoyo y la ayuda explícita del mundo libre.

Así, sería fatal suponer que Costa Rica y las restantes naciones medianas y pequeñas de la región se encuentran a salvo de la agresión china por el mero hecho de “estar lejos”. En el 2022, nadie está lejos de sufrir represalias explícitas o tácitas como consecuencia de haber devenido comercialmente dependiente de un régimen represivo, con un capitalismo hiper-productivo y empoderado como ninguna otra dictadura en la historia de la humanidad.

Por último, recordamos un tristemente célebre comentario de Óscar Arias (1986-90 y 2006-10), quien presidía Costa Rica en 2007 y sostuvo: “Esta decisión no obedece a ningún viraje ideológico ni a razones de geopolítica o intereses coyunturales; es un acto de realismo elemental, es un despertar al contexto global en que nos toca desempeñarnos”. La reflexión de Arias ha envejecido muy mal. Es sorprendente que las sociedades abiertas hayamos aceptado este tipo de comentarios con normalidad pero también es necesario remarcar que hoy ya no sería tan sencillo para un personaje como Arias sostener que es un defensor de los DD.HH. y, simultáneamente, que es de un realismo elemental romper relaciones con Taiwán para aprovechar las oportunidades comerciales que ofrece China continental.

Los artículos de opinión aquí publicados no reflejan necesariamente la posición editorial de EL MUNDO. Cualquier persona interesada en publicar un artículo de opinión en este medio puede hacerlo, enviando el texto con nombre completo, foto en PDF de la cédula de identidad por ambos lados y número de teléfono al correo redaccion@elmundo.cr, o elmundocr@gmail.com.

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