Los resultados de PISA 2025 deben ser mucho más que una estadística para Costa Rica. Deben convertirse en una llamada de atención sobre el rumbo de nuestro sistema educativo.
La realidad es contundente: nuestros estudiantes obtuvieron 387 puntos en Matemáticas, 416 en Lectura y 419 en Ciencias, frente a los promedios de la OCDE de 463, 461 y 482, respectivamente. En resolución computacional de problemas, Costa Rica alcanzó 452 puntos frente a 500 de la OCDE.
Más preocupante aún es la proporción de estudiantes que alcanza el nivel básico de competencia. Solo el 30 % llega al Nivel 2 o superior en Matemáticas, frente al 65 % de la OCDE. En Ciencias alcanza el 56 % y en Lectura el 53 %, mientras que los promedios de la OCDE son 74 % y 69 %, respectivamente. La OCDE establece el Nivel 2 como el umbral básico que permite utilizar los conocimientos para interpretar, razonar y resolver situaciones de la vida real.
Ante esta realidad, la pregunta no debería ser únicamente cuánto contenido estamos enseñando, sino qué son capaces de hacer nuestros estudiantes con aquello que aprenden.
Aquí surge la necesidad de transformar la experiencia educativa mediante la integración de STEAM y el Aprendizaje Basado en Proyectos (ABP).
STEAM integra Ciencia, Tecnología, Ingeniería, Artes y Matemáticas; el ABP coloca al estudiante frente a problemas auténticos que debe investigar, analizar y resolver. No se trata de abandonar las asignaturas ni los conocimientos fundamentales. Se trata de lograr que esos conocimientos sean utilizados para comprender y transformar situaciones reales.
Un proyecto sobre el consumo de agua de una escuela, por ejemplo, puede integrar Matemáticas para analizar datos, Ciencias para comprender el recurso hídrico, Tecnología para monitorear el consumo, Ingeniería para diseñar soluciones y Comunicación y Artes para presentar los resultados.
El conocimiento deja de ser un contenido aislado y se convierte en una herramienta para resolver problemas.
Esto es precisamente lo que Costa Rica necesita fortalecer.
PISA 2025 también revela una oportunidad: nuestros estudiantes muestran una elevada perseverancia. Según la OCDE, el índice de perseverancia de Costa Rica se encuentra entre los más altos de los países participantes.
Por tanto, no debemos asumir que el problema está simplemente en que nuestros jóvenes no quieren aprender. Debemos preguntarnos si estamos ofreciendo experiencias educativas capaces de convertir su curiosidad, esfuerzo y perseverancia en pensamiento crítico, creatividad, resolución de problemas y aprendizaje profundo.
El Ministerio de Educación Pública debería considerar una estrategia nacional de STEAM + ABP, comenzando con programas piloto en primaria y secundaria, acompañados de formación docente, proyectos interdisciplinarios, evaluación por competencias y medición rigurosa de resultados.
Costa Rica no debería implementar esta propuesta como una moda educativa. Debe probarla, medirla y mejorarla.
El objetivo tampoco debe ser simplemente “subir en PISA”. El verdadero objetivo es formar estudiantes capaces de leer críticamente, interpretar información, utilizar las matemáticas, comprender la ciencia, trabajar con tecnología, resolver problemas y crear soluciones para su comunidad.
Si queremos acercarnos al estándar de desempeño de la OCDE, no podemos limitar nuestra respuesta a enseñar más contenidos. Debemos lograr que nuestros estudiantes aprendan a utilizar lo que saben.
STEAM + ABP no es una solución mágica. Pero puede ser una estrategia seria para comenzar a transformar la educación costarricense: pasar de una enseñanza centrada principalmente en transmitir conocimientos a una educación orientada a comprender, aplicar, crear y resolver.
El desafío ya está medido.
Ahora corresponde tomar decisiones.
¿Cuál será acciones que tomará el Ministerio de Educación Publica (MEP)?