¿Choque de culturas, difícil de asimilar?

Tengo varias amistades, compañeros de trabajo, otros que son conocidos que no son nicaragüenses, y que al reunirnos bien formal o informalmente resulta interesante, no solo en cuanto al criterio “internacional”, en función del tema que se trate en ese momento o salga a colación, por ejemplo: las comidas, cuyos platos, pueden ser iguales, pero con diferente nombre o casi iguales, donde la diferencia la establece el condimento, una vianda.

Nunca puede faltar la política, donde difícilmente se llega a un consenso, no solo en los temas nacionales, sino en la propia comparación de los gobiernos o sistemas que resultan nada sencillo de igualar o comparar, partiendo de un entorno socio – económico – geográfico diferente, inclusive, aunque existan dos países colindantes.

Modismos diferentes para un mismo significado, en fin, una amplia gama de temas, costumbres que al final resultan más allá de una contradicción, un rato agradable de compartir, aprender y conocer un poco o pedacito de cada cultura. La problemática surge cuando se plantea un choque de cultura.

Indagando, investigando – el choque cultural – término que para algunos pudiera resultar tal vez fuerte, cuando hablamos de choque (encuentro violento de una cosa con otra) fue introducido por primera vez en 1958, el cual tiende a describir la ansiedad producida por la pérdida del sentido de que hacer, cuando hacer, o como hacer las cosas en un nuevo ambiente.

Este término, expresa un sentimiento de falta de dirección porque uno no conoce que es apropiado o inapropiado en el nuevo lugar. De recurrir a la definición de choque cultural, encontraríamos lo siguiente: “Incomodidad física y emocional que uno sufre cuando llega a vivir en otro lugar diferente a nuestro lugar de origen”, donde las conductas que se usan del país de origen, podrían ser no aceptadas o consideradas normales en el nuevo ambiente.

Hay quien me ha planteado que le cuesta trabajo adaptarse, que hay cosas que chocan y esto me parece normal, cuando el motivo que le llevó a la persona emigrar posiblemente haya sido de mayor envergadura a la hora de tomar la decisión del “cambio” ¿económico, político, por amor?

Si bien puede ser una experiencia dolorosa (tristeza, soledad, melancolía, cambios de temperamento, depresión, vulnerabilidad, sentimientos de impotencia, rabia, irritabilidad, rechazo, resentimiento, poco desea de relacionarse con otros, sentimientos de estar inadecuado, inseguridad, nostalgia de la familia, sentimientos de marginalización, entre otros), lo cual debe ir disminuyendo con el paso de los años y la simple adaptación a las costumbres.

Las cuales unas podrán ser asumidas más que otras, mediante un proceso de transición  entre los valores propios y los valores del nuevo país, resultando una gran oportunidad para aprender a integrar diferentes perspectivas, respetando el criterio, los valores de su cultura y los valores de la nueva cultura, las costumbres de cada cual y que cuando vertimos una opinión, producto de una comparación, la misma no debe tener un sentido grotesco y menos burlesco y por el contrario, ganar de nuevo el sentimiento de placer y el sentido de humor. Lo anterior no quita, ni resta en ningún momento, perder el sentido de pertenencia. Olvidar el terruño, que nos vio nacer, seria imperdonable.

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