Arvo Pärt, Premio Ratzinger 2017

» Por Esteban J. Beltrán Ulate - Profesor universitario, estudiante de filosofía y educador musical

El compositor estonio Arvo Pärt ha recibido el premio Ratzinger 2017, el galardón es otorgado por la Fundación Vaticano Joseph Ratzinger-Benedicto XVI; además del compositor recibieron el premio Karl-Heinz Menke y Theodor Dieter. Los tres premiados han sido propuestos por el papa Francisco y avalados por el comité científico de la precitada Fundacion vaticana. Uno de los aspectos llamativos del galardón otorgado a Pärt radica en que es la primera ocasión que se elige a una persona fuera del ámbito teológico, sin embargo, su obra musical revela una fuerte conexión con lo sagrado. En el 2011, el compositor había recibido el doctorado Honoris Causa en música sacra del Pontificio Instituto de Música Sacra y también fue nombrado miembro del Pontificio Consejo de Cultura.

Arvo Pärt, nace en Paide (Estonia), el 11 de Setiembre de 1935. En 1952 ingresa en Tallinn Music Middle School, luego de un corto servicio militar, ingresó en el Conservatorio Tallinn, donde estudia formalmente composición, se gradúa en 1963. Recibió la crítica de Khrennikov por el uso del serialismo en la composición de Nekrolog. Durante el decenio de los 70’s se aleja de la composición para estudiar música medieval y renacentista, de esta época data su conversión del luteranismo a la Iglesia Ortodoxa Rusa, esta época marca un giro en su itinerario. Ha sido catalogado como parte del movimiento musical minimalista sacro, en el 2014 recibió el Praemium Imperiale en Música, su obra revela una alta vinculación con la herencia musical del pasado, donde la música Gregoriana se evidencia como influencia.

La música de Pärt es descrita por el compositor mismo como un “Tintinnabuli” (como el sonido de las campañas), su música es simple pero eleva el espíritu encarnado a niveles de meditación que deforman el tiempo sincrónico. Una muestra de lo simple y esencial se descubre en “Für Alina”, donde la simetría armónica, las ocasionales disonancias y la ausencia de una señal de tiempo son parte de la arquitectónica musical de Pärt. Por otro lado, en la composición coral “El Lamento de Adam”, basada en un texto de Silouan de Athos, se expone como el testamento del dolor de un hombre, símbolo de humanidad, la profundidad, la resonancia, el “sforzando” envuelve al auditorio en una textura ascética que causa íntima conmoción. Para finalizar, “Passio” con una estructura rítmica al servicio del texto -jerarquía de la palabra sobre la melodía- y la esencia del “Tintinnabuli”, devela a un Cristo (Barítono) en diálogo con su vocación.

La vida de Arvo Pärt ha sido como composición misma, su itinerario ha evidenciado un constante salir de las estructuras, una elevación hacia lo esencial, invisible para los ojos e inaudible para los oídos. La obra del compositor excede territorios y religiones, su discurso musical atraviesa los muros que se ha construido la modernidad y es capaz de detener el tiempo del reloj para situar al auditorio ante lo Eterno.

Arvo Pärt, el compositor místico que irrumpe en la escena musical occidental e invita a “silenciarnos”.

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