Ahorita no, José María

Vídeos con abrazos intensos, apretones de mano trituradores y un sinnúmero de selfies han invadido las redes sociales de José María Figueres. Una campaña tan buena que casi nos hace dejar de lado los múltiples cuestionamientos y la sobra de corrupción que lo perseguirá de por vida.

José María es un artista en el uso de la imagen, lo dicen sus camisas blancas que lo acompañan en todas sus giras y propaganda, lo dicen sus zapatos de debate con una suela del doble del tamaño usual que lo hacen ver del tamaño de los otros precandidatos, lo dice también su sonrisa ilusionada con el hecho de volver a la presidencia.

Lo cierto de todo es que el precandidato liberacionista no es otra cosa que una buena imagen de político. Político que puede hablar con sus amigos, pero no puede sentarse a la mesa con oposición o sindicatos sin ser ofendido antes, que tampoco puede ir a un congreso de educadores sin salir silbado y abucheado. Político que tampoco tiene la habilidad de hablar con opositores ni ajenos a su propuesta política.

¿Qué pasará por la mente de José María cada vez que piensa en las posibilidades de llegar de nuevo a la presidencia?, ¿pasará al menos una parte de lo que sería el descontento social bajo un presidente eternamente cuestionado?, ¿pasará la memoria de don Pepe con una propuesta lejana a lo que hoy hace?, ¿pasarán las ansias de verse derrotado en una convención que lo impulsarían a dejar el país de nuevo?, ¿pasarán los pensamientos de Juan Diego Castro con todo lo que ellos implican?

Bien se dice popularmente que los ticos tenemos mala memoria, al punto de no recordar que cuando José María terminó su presidencia todo estaba tan mal que su gobierno dio paso a dos gobiernos seguidos del PUSC. El mismo don Pepe se sentiría ofendido de ver cómo la propuesta que en su momento quería el bienestar para el mayor número de costarricenses no es otra cosa más que maquillaje.

Lo mejor que le puede pasar a Liberación es que José María pierda la convención, que se lleve en su maleta un no rotundo como respuesta a la capacidad que vemos en él para volver a gobernar el país y que siga con su trabajo haciendo bien lo que realmente sabe.

Como joven, convencido en que debemos involucrarnos en las soluciones para nuestra s comunidades, no necesitamos que nos digan qué tenemos qué hacer. ¡Queremos ser arquitectos de nuestro destino, trabajar y aportarle a nuestro país energía y nuevas ideas! Esas nuevas ideas no son las del pasado, no creemos en patriarcados ni caudillos, queremos un país más limpio, más verde, con oportunidades y más transparente.

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