Agricultura y la política económica

La agricultura es parte central de la economía. No es casualidad que los monarcas en las civilizaciones egipcia, sumeria, china, griega y romana, entre otras, otorgasen privilegios comerciales a los agricultores para incentivar la producción de alimentos a un nivel que asegurará la estabilidad social. Los periodos de incremento acelerado en los precios de los alimentos, o peor aún hambrunas, eran caldo de cultivo para rebeliones contra el poder central.

Las Reformas de Diocleciano, primera fijación de precios máximos de productos agrícolas

En la historia de la humanidad, el primer producto que tuvo fijación de precios máximos fue el grano. Sucedió en el marco de una serie de reformas implementadas por el emperador romano Diocleciano durante su reinado (284-305 d. C.). El objetivo de esta política era contener la inflación y garantizar el suministro de alimentos a los centros urbanos.

En realidad, los agricultores empezaron a evitar vender el grano a vista de las autoridades, siendo que los consumidores debían conseguirlo del mercado negro. La inflación continuó en crecimiento al tiempo que las autoridades judiciales romanas empezaron a perseguir y condenar cada vez menos a los infractores de estas leyes.

Ejemplos más recientes fueron la política agrícola (1920-1991) de la Unión Soviética, que permanentemente fijaba precios agrícolas; la fijación de precios agrícolas en los Estados Unidos durante la Gran Depresión (1930s) y la Política Agraria Común de la Unión Europea (1962-presente). En general, estas medidas han resultado en escasez o bien excedentes de alimentos, considerándose sus resultados económicamente ineficientes.

Acción colectiva

El mundialmente conocido economista Paul Krugman (2012) ejemplifica el concepto de acción colectiva, término acuñado por el también economista Mancur Olson, con las cuotas de importación del azúcar en Estados Unidos.

Los productores de azúcar en ese país son un grupo relativamente pequeño, pero bien organizado. Se asocian colectivamente y financian a partidos políticos de forma generosa, buscando lograr aumentos en los subsidios agrícolas o en los aranceles al azúcar extranjero. Y precisamente por su forma de operar logran su cometido, al articular una acción colectiva en la política.

Por otro lado, los consumidores de azúcar son un grupo heterogéneo y extremadamente numeroso. Al no operar como grupo organizado, no está plenamente consciente de que significa para sus bolsillos el subsidio al azúcar ni actúa de forma colectiva en la política.

Argumentos a favor de la intervención estatal en agricultura

Charles Hill (2015) enumera los argumentos que esbozan los defensores de la intervención estatal en agricultura:

  1. Se protegen los empleos vinculados a la agricultura, así como proteger a industrias agrícolas nacientes frente a competidores ya establecidos.
  2. La agricultura es parte de la seguridad nacional, y depender de la producción extranjera sería muy arriesgado en tiempos de guerra. Son una herramienta para forzar a países que comercian con aranceles anticompetitivos a reducirlos, en tanto se puede llegar a un escenario donde ambos actores teman escalar los aranceles y acuerden reducirlos mutuamente.
  3. Los productores nacionales subsidiados pueden estar obligados a cumplir con estándares de calidad altos, en el marco de políticas de protección de los consumidores e incluso de derechos humanos, al evitar el ingreso de alimentos procedentes de países con historiales cuestionables en estas facetas.

Argumentos en contra de la intervención estatal en agricultura

Por otra parte, Hill (2015) lista los argumentos que perfilan los críticos de la intervención estatal en agricultura:

  1. Evitan que los agricultores ineficientes salgan del sector, puesto que los subsidios aseguran su rentabilidad.
  2. Dan lugar a excesos productivos agrícolas: Estimulan a los países a cultivar productos que de hecho podrían ser importados a menor costo desde otros países.
  3. Por todas las razones anteriores, reducen el comercio internacional de productos agrícolas neutralizando las ventajas comparativas y absolutas que países posean en este rubro.

El trigo japonés

Hill expone el caso de la producción de trigo en Japón. Por sus condiciones geográficas, el país es poco propicio para el cultivo de trigo, pero fuertes subsidios estatales mantienen a miles de agricultores japoneses cultivando el mismo. Asimismo, se imponen aranceles al trigo proveniente de países como Estados Unidos o Argentina, que es mucho más barato y de superior calidad.

El resultado es que en Japón se cultiva trigo por intervención estatal. Si no hubiere subsidios o aranceles el país no se dedicaría al cultivo de trigo, y se especializaría en un cultivo que tenga mejores rendimientos según la geografía de Japón.

Como resultado de estas políticas el precio del trigo en Japón es entre un 80 a 120% más alto que el precio mundial, lo cual impacta el bolsillo del japonés promedio al momento de ir al supermercado y al momento de pagar con sus impuestos el subsidio que el Estado le aporta a los agricultores.

En términos monetarios, a mediados de la década de 2000, los agricultores japoneses vendían el trigo a 9 dólares por bushel (35.24 litros), pero percibían realmente 35 dólares de ganancia por bushel, gracias al aporte de subsidios de 26 dólares por bushel. El costo aproximado de estos subsidios era de más de 700 millones de dólares al año, que el japonés promedio pagaba con sus impuestos.

Balance

El objetivo de eficiencia económica no siempre prevalece en el diseño de las políticas comerciales de los Estados. En el caso de la agricultura, se observa como un pequeño grupo de poderosos agricultores logra mantener privilegios al actuar como colectivo político. Los costos de los subsidios y aranceles los paga el grueso de la población.

Dependiendo de la perspectiva en que se mire, la política comercial en agricultura beneficia a unos actores en perjuicio de otros. Es el beneficiado o el afectado el que debe estar consciente los impactos de la política económica y comercial vigente en agricultura, para velar por sus propios intereses en su actuar como actor político.

 

Bibliografía

Krugman, Paul. Economía Internacional. 9° edición. Pearson. España, 2012.

Hill, Charles. Negocios Internacionales. 8° y 10 edición. Mc Graw Hill. México, 2011, 2015.

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