
El artículo 27 de la Declaración de los Derechos Humanos (1948) establece que: “Toda persona tiene derecho a la protección de los intereses morales y materiales que le corresponden por razón de las producciones científicas, literarias o artísticas de que sea autor”. Es decir, dicha Declaración reconoce la propiedad intelectual como un derecho primordial y como un instrumento que protege los derechos humanos de los creadores, plasmado en la Ley de Derechos de Autor y Derechos conexos.
En Costa Rica, según la Ley 6683 sobre Derechos de Autor y Derechos Conexos, artículo 16, queda prohibida la reproducción parcial o total de una obra, sin la autorización escrita de los autores. En otras palabras, los derechos de autor, signan un Derecho Humano.
El Día Mundial del Libro y los Derechos de Autor, se celebra desde 1995, cuando en la 28ª. Reunión de la Conferencia General de la Unesco, en su resolución 3.18 se promulgó la celebración de esta actividad, que hoy se realiza en más de 100 de los 195 países.
El origen de esta celebración data desde 1926. El escritor Vicente Clavel Andrés la propuso a la Cámara Oficial del Libro de Barcelona en 1923, y fue aprobada por el rey Alfonso XIII. El 7 de octubre de 1926, se celebró el Día del Libro, con el propósito de alentar a todos, sobre todo, a los más jóvenes, para descubrir el “placer de la lectura y respetar la irreemplazable contribución de los creadores al progreso social y cultural”.
En 1930 se instituyó la fecha del 23 de abril, pues ese día coincide con el de San Jorge, patrón de Alemania, Aragón, Bulgaria, Cataluña, Etiopía, Grecia, Georgia, Inglaterra, Líbano, Lituania, Países Bajos, Portugal, Eslovenia y México, entre otros.
El emblemático 23 de abril se escogió, además, ya que figuras relevantes de la literatura mundial, nacieron, murieron o fueron enterrados ese día. El 23 de abril alcanza connotaciones integrales, ya que se rememora la muerte de Miguel de Cervantes, William Shakespeare, el Inca Garcilaso de la Vega, Vladimir Nabokov, Josep Pla o Manuel Mejía.
En ese sentido, deben establecerse políticas de Estado que incrementen la producción intelectual, y se materialicen en la edición de muchas obras, que estimulen el pensamiento y la criticidad, para bien de la superación intelectual de los seres humanos. Hay que propiciar estrategias que estimulen una intensa campaña nacional de lectura. Asimismo, los libros no deben gravarse, por el contrario, se impone una apertura para incrementar su producción como un bien cultural necesarísimo.
La Unesco destaca los objetivos de su declaratoria, a saber: descubrir el placer por la lectura; respetar la invaluable contribución de los creadores al progreso social y cultural del factor humanidad. Es decir, se fomenta la lectura como un sano hábito de vida; se fortalece la industria editorial y, paralelamente, se protege los derechos intelectuales de la producción cultural, literaria y artística.
En la actualidad, producto de los ajetreados y veloces ritmos de la sociedad, la lectura se torna imprescindible, para forjar el desarrollo de las destrezas de comprensión y autonomía. La lectura potencia habilidades lógicas del discurso y puede llevarnos al proceso de la escritura. Leer es una actividad intelectual que aporta, transforma, completa, recrea o construye el conocimiento. El horizonte de expectativas que deviene del proceso de lectura significa una experiencia necesaria, de acuerdo con el contexto socio-histórico y cultural.
Cada libro enciende una llama de sabiduría. Sus procedimientos discursivos deben ser decodificados para que desatemos la magia de su imaginación. Leer es participar; llenar los vacíos del texto, cobijarnos de su siembra para transformar nuestra cosmovisión cotidiana. En mi criterio, “El libro es el cuerpo infinito del espíritu”.
La lectura se convierte en un acto de producción de sentido dentro del proceso cognoscitivo, el cual requiere un componente motivacional, a bien de favorecer relaciones discursivas, así como la integración de componentes, tales como: pragmático, discursivo, semántico, léxico, morfológico, sintáctico. Como puede desprenderse, el proceso de lectura debe ser dinámico. Se requiere la presencia del lector como el sujeto que llena los vacíos del texto y le aporta su cuota de creatividad, que favorece un aprendizaje altamente significativo.
Entre las estrategias para fomentar la lectura pueden citarse: lecturas públicas, visitas de autores, de cuentacuentos, trueque de libros, el libro perdido, ferias institucionales o comunales, confeccionar separadores literarios con frases paradigmáticas de los autores preferidos, exhibición de libros adquiridos en las instituciones educativas, descarga de libros electrónicos, rifa de libros, conversatorios culturales, películas que hayan adaptado libros relevantes, así como la donación de libros para compartir los conocimientos.
En ese último sentido, durante el 2017, realicé tres donaciones que alcanzaron 2000 ejemplares: Liceo Laboratorio de Liberia (250 textos); Centro de Atención Integral Calle Real (550 volúmenes para 972 privados de libertad); Instituto de Guanacaste (1200 libros). Igualmente, una colección, a las dos bibliotecas de la Sede Regional Chorotega de la Universidad Nacional. Los libros deben servir a otros. Haga lo mismo en su comunidad.
¿Cuántos libros lee usted cada año? El estudiante costarricense maneja un promedio de 2200 palabras, cuando lo ideal serían 5000. El promedio de lectura nacional es de 2,3 libros por año. Hay 500 bibliotecas escolares y 57 bibliotecas públicas. Pregúntese, además, cuál de los once tipos de lector es usted. Recomiendo la lectura del libro “Los Desafíos del lector” (2018: 300 pp.), de los académicos Jorge Ramírez Caro y Silvia Solano Rivera.
Es hora de darle vida a los libros. Lea y comparta su lectura. El libro es un legado de superación humana. Un instrumento para promocionar, difundir y defender alguno de los 30 Derechos Humanos, con los que contamos los seres del planeta.
—
Los artículos de opinión aquí publicados no reflejan necesariamente la posición editorial de EL MUNDO. Cualquier persona interesada en publicar un artículo de opinión en este medio puede hacerlo, enviando el texto con nombre completo, fotocopia de la cédula de identidad por ambos lados y número de teléfono al correo redaccion@elmundo.cr.