EDITORIAL

Bochornosa presentación de diputados

El pueblo costarricense fue testigo anoche de un bochornoso interrogatorio efectuado por los diputados que integran la Comisión Especial del Congreso, que estudia los créditos otorgados por el Banco de Costa Rica a la empresa Sinocem y a Coopelesca.

Los legisladores no solo quedaron debiendo en la calidad de sus preguntas, sino que perdieron una oportunidad de oro para hacer cuestionamientos puntuales al presidente de la República sobre los casos en estudio.

La audiencia fue todo menos un interrogatorio. Con preguntas que parecían más insinuaciones malintencionadas los diputados intentaban confirmar lo que ya todo el país conoce desde la campaña anterior: Luis Guillermo Solís tiene en su círculo cercano a Mariano Figueres, Víctor Morales Zapata y Mélvin Jiménez.

También, aunque el presidente confirmó bajo juramento que el empresario Juan Carlos Bolaños acudió siete veces a Casa Presidencial, los diputados insistieron en preguntar la cifra. Preguntaron por el nombramiento de Mariano Figueres en la Dirección de Inteligencia y Seguridad, pese a que no era el tema en investigación. Preguntaron si había tenido negocios con su círculo cercano e inclusive, si conocía a los directivos del Banco de Costa Rica antes de nombrarlos, como si no supieran que se trata de nombramientos meramente políticos. Preguntar lo obvio es desperdiciar la oportunidad de preguntar lo puntual.

Cuestionaron “el cambio” prometido en campaña por Solís y en resumen: las intervenciones parecían dirigidas más a aprovechar la luz de las cámaras para regañar en vivo y por streaming al mandatario, que un verdadero interés por encontrar las verdades que dicen buscar.

Los diputados perdieron su oportunidad, durante poco más de tres horas se enfrascaron en machacar la apertura que ha tenido Casa Presidencial de recibir siete veces a un empresario o 70 veces a un diputado del partido de Gobierno, en lugar de sentar responsabilidades. Simplemente no pudieron. Les quedó grande el papel de interrogadores.

La Comisión, salvo algunas participaciones excepcionales, no hizo la tarea. No tomó en serio el hecho de que un presidente en funciones iba a ser interrogado bajo juramento y en una audiencia pública, a diferencia de sus antecesores.

No iban preparados, y los que sí estudiaron, parecieron estar más ocupados en la forma que en el fondo. Así, la diputada Patricia Mora utilizó su tiempo para dejar en claro a la audiencia nacional su posición, su preocupación, su molestia y desilusión, pero no sacó nada en blanco y negro que pudiese ayudar a disipar sus molestias.

Ottón Solís, por su parte, hizo lo propio, siendo el de mayor experiencia y el más acostumbrado a cuestionar al presidente, dejó clara su coherencia y su distancia con Solís. Sin embargo, una exposición no valía el tiempo que se desperdició. Escuchar a José Alberto Alfaro fue penoso, la intervención de Abelino Esquivel debería condenarse como pecado, y la diputada Maureen Clarke dio trazas de fastidio incluso en su exposición.

En tanto, William Alvarado y Julio Rojas fueron cautos, ni se comprometieron más allá de lo formal, ni llevaban un estilete preparado para destapar las verdades ocultas que durante los últimos meses han insinuado, de forma algunas veces más que irresponsable, algunos protagonistas de la vida política de este país.

¿Para qué preguntarle al presidente si sancionará a quienes se les compruebe tráfico de influencias? ¿Acaso esperaban que la máxima autoridad de Costa Rica dijera que habría impunidad? ¿Era realmente la intención de la Comisión interrogar al presidente para aclarar dudas?

Lo anterior evidencia no solo que la comparecencia de Solís era innecesaria, sino además que la convocatoria lejos de buscar elementos esclarecedores para la investigación, tenía como fin efectuar un show en televisión nacional que al mandatario no hizo siquiera cosquillas. Al concluir la vergonzosa audiencia abandonó el recinto con una sonrisa en su rostro.

¿Cuánto costó el despliegue de técnicos de sonido, asistentes, asesores y funcionarios a los que se les tuvo que pagar horas extra solo para que un puñado de diputados se lucieran en cámaras sin rédito alguno para el país? La Ley Contra la Corrupción y el Enriquecimiento Ilícito en la Función Pública también castiga el desperdicio de los recursos públicos.

Luis Guillermo Solís salió victorioso del “interrogatorio”. Accedió a que se le prestara juramento previo a que se indicara si se podía o no hacerlo, le otorgaron más tiempo del que inicialmente iban a concederle para dar su explicación inicial, solicitó la renuncia del diputado Víctor Morales Zapata -quien horas después anunció su declaratoria de independencia del PAC- y aprovechó para lanzar una burla camuflada para quienes con pizza y refrescos tenían previsto convertir la comparecencia, en un peor espectáculo del que resultó ser.

El presidente pudo haber salido fortalecido de la audiencia, sin embargo, la actitud y poca seriedad de los diputados dañó seriamente la confianza del pueblo con el sistema democrático costarricense.

Al final, los diputados salieron con las manos vacías. Una vez más, los congresistas dejan en evidencia que las comisiones investigadoras de la Asamblea Legislativa no son más que órganos de juicio político, cuyos informes no se llegan a conocer nunca en el Plenario y que sus intenciones en el caso del cemento chino y Coopelesca, lejos de buscar la verdad de los hechos, tienden a crear un espectáculo con fines electorales.

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