París, 23 may (dpa) – Cuando Rafael Nadal ganó en junio de 2014 su noveno Roland Garros, pocos podían imaginar que aquel tenista de mente inquebrantable iba a regresar a París caminando sobre el alambre.
Pero entre el Nadal que abrazó su noveno Abierto de Francia y el Nadal que tiene que defender el título a partir de mañana hay un abismo. Aquel tenista era el número uno del mundo y estaba dando una nueva lección de superación, mientras que el jugador de hoy tiene dudas en su cabeza, lo que se traduce en un juego más vulnerable.
“Llevo muchos años superando obstáculos y ahora trataré de superar uno más”, dijo Nadal en París. Y el reto de 2015 es mayúsculo: tiene la presión de volver a ser el que fue, está obligado a llegar a las instancias finales para no seguir cayendo en el ranking y tendrá como máximo rival al serbio Novak Djokovic, indiscutible número uno y el tenista ante el que más sufrió en su carrera.
La tarea de Nadal en París parece más propia de un equilibrista. La cuerda por la que deberá caminar en Roland Garros es tensa, fina y larga: al fondo hay un décimo título, pero el trayecto está lleno de espinas y un resbalón le haría caer al abismo.
El ranking no miente y habla claro: Nadal es séptimo, a un mundo de Djokovic, y París, donde tantas veces triunfó, podría verlo caer fuera del “top ten”.
“Es evidente que voy a salir del ‘top 5′”, aseguró Nadal antes del torneo de Madrid. “Después vamos a ver hasta dónde es la caída cuando termine Roland Garros”, agregó el español, que apenas sumó puntos en la segunda mitad de 2014 por una lesión de muñeca, una operación en el apéndice y un tratamiento con células madre en la espalda.
En los últimos años, la candidatura de Nadal al título siempre estaba avalada por algún trofeo previo. Esta vez sólo se sostiene por el pasado y por su récord a cinco sets sobre arcilla: el español suma 89 victorias y una sola derrota con esas características.
Nadal, no obstante, sólo ganó un título desde su último Roland Garros. Fue en Buenos Aires, donde no superó a ningún tenista del “top 50”. Después, en la gira de polvo europea, en la que fue el rey en la última década, perdió en semifinales de Montecarlo, cayó en la segunda ronda de Barcelona, fue derrotado en la final de Madrid y se despidió de Roma en cuartos.
“Nos es terrible, pero si lo comparamos con otros años, obviamente luce mal. Eso siempre va a ocurrir cuando uno gana mucho en el pasado”, analizó el zurdo. “Siempre va a haber comparaciones”.
“Creo que puedo hacer aquí un gran torneo”, añadió en la sala de prensa de Roland Garros. “Después, hacerlo, es otra cosa”.
Si lo hace y gana una décima corona, el español agigantará su leyenda y demostrará que no hay obstáculo que se interponga en su lucha con Roger Federer por ser el jugador con más Grand Slams de la historia.
Nadal siempre se levantó cuando tropezó. A veces tardó poco tiempo, otras, mucho, pero siempre terminó resurgiendo. Y París fue el escenario de varios “renaceres” del español.
“Cuando hemos llegado con alguna duda, al final ha conseguido jugar muy bien la segunda semana y eso ha disipado las dudas”, dijo hoy su tío y entrenador, Toni Nadal.
“Normalmente nosotros hemos jugado aquí muchos años mal la primera semana. Y después Rafael ha acabado jugando muy bien. A ver si este año podemos hacer lo mismo”, confió después de un entrenamiento de dos horas en la cancha 4 del complejo tenístico.
A la salida, al ex número uno lo esperaban varios centenares de aficionados. Nadal no es el mismo, pero el entusiasmo que despierta sigue intacto.
