Violencia social permea las aulas costarricenses: especialistas urgen acciones preventivas

San José, 29 abr (elmundo.cr) – El sistema educativo costarricense enfrenta una presión creciente ante el traslado de la violencia social hacia los centros de enseñanza, advirtió el Observatorio de la Educación de la Universidad Americana (UAM).

De acuerdo con los datos analizados por la entidad, el entorno de inseguridad que vive el país, marcado por el incremento sostenido de homicidios —que pasaron de 405 en 2020 a 684 en 2024 según el Ministerio de Justicia—, tiene un impacto directo en la convivencia estudiantil.

Al ser el sistema educativo el principal espacio de encuentro nacional, albergando al 95% de la población entre los 5 y 18 años, las escuelas y colegios se han convertido en el escenario donde se manifiestan conflictos que trascienden las aulas.

Cifras alarmantes

Las estadísticas del Ministerio de Educación Pública (MEP) confirman la gravedad de la situación: entre 2022 y 2025 se registraron cerca de 2.938 reportes relacionados con bullying y otras formas de violencia. Actualmente, el sistema recibe un promedio de siete denuncias diarias por acoso y agresiones entre estudiantes.

La tendencia muestra un crecimiento sostenido. Los casos de bullying reportados pasaron de 197 en 2019 a 388 en 2023. Además, un estudio de alcance estructural revela que cerca del 44% de los estudiantes del país afirma haber sido víctima de acoso escolar en algún momento de su vida.

Fernanda Segura, coordinadora del Observatorio de la Educación de la UAM, subrayó que “las instituciones educativas son el principal espacio de encuentro nacional, por lo que cualquier manifestación de violencia en este entorno tiene un impacto directo en el tejido social del país”.

Llamado a la prevención

Ante este escenario, la especialista enfatiza que el abordaje debe centrarse en la detección temprana de conductas de riesgo y en un acompañamiento oportuno. “Cuando amplios sectores de la población joven enfrentan desigualdad, falta de oportunidades y debilitamiento institucional, aumenta el riesgo de que queden atrapados en entornos donde la violencia se normaliza como forma de pertenencia o supervivencia”, explicó Segura.

El MEP cuenta con protocolos específicos para abordar riesgos que van desde el bullying y el uso de armas, hasta la violencia sexual, el consumo de drogas y la discriminación. Sin embargo, los expertos insisten en que la respuesta institucional es insuficiente si no se articula con un esfuerzo conjunto.

“El fenómeno de la violencia nace en el entorno social y familiar y hoy se manifiesta con fuerza en las aulas. Frente a este escenario, la respuesta no puede esperar: prevenir la violencia implica actuar desde el hogar, la comunidad y las instituciones, antes de que sus consecuencias continúen escalando”, concluyó Segura.

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